Entre el ridículo y el absurdo

En la literatura universal, y en la latinoamericana en particular, los temas del ridículo y del absurdo, tanto el individual como el colectivo, son tratados por muchos autores. Igual sucede en el teatro y en el cine. Parece que en nuestro caso constituye un problema de idiosincrasia.

Preocuparse por el estado de salud de cualquier persona es humano y demuestra sensibilidad, sea esta un familiar, un amigo, un vecino o una personalidad. Sin embargo, existe una fina línea que no debe ser cruzada, so pena de transformar un sentimiento justo y noble en algo ridículo y absurdo.

Apabullados durante semanas por acuerdos, conciertos, poemas, declaraciones, misas, plegarias y oraciones, donde se pide a alguien todopoderoso, situado en el más acá o en el más allá, por la salud del presidente extranjero en tratamiento médico en Cuba, supera lo conocido. Parecía que ya todo lo por ver estaba visto y, sin embargo, hay que reconocer que en esto de los excesos no existen límites.

El acto de masas organizado en Caracas, en burdo remedo de la toma de posesión virtual de un presidente ausente, con delegaciones oficiales de algunos países amigos, constituye, además de la sublimación del ridículo, algo netamente kafkiano: esto solo es posible en este gran Macondo que es Latinoamérica.

Parece que en el año 2013 nos esperan muchas representaciones similares, tanto del teatro bufo como del teatro del absurdo. Veamos cuanto tiempo se pueden mantener en cartelera.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Entre el ridículo y el absurdo

  1. Pobre Venezuela. Los venezolanos se subieron al patibulo y se colocaron la soga.

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