¿Recuperar lo obsoleto?

Foto Peter Deel

En la prensa oficial abundan los reportes periodísticos sobre la recuperación de piezas y equipos, fuera de servicio por diez, veinte, treinta y más años, así como sobre la utilización de métodos y aperos primitivos para la producción agrícola. Se presentan, como grandes logros, mantener funcionando en un central azucarero un equipo instalado en el año 1898 (hace 104 años), volver a utilizar una pieza, mediante adaptaciones, que llevaba treinta años abandonada, reconstruir un vagón de ferrocarril sobre un vagón viejo inutilizado, inventar un ómnibus sobre el chasis y con el motor de un camión dado de baja, adaptar mezcladoras para construir casas de bajo costo con techos volátiles, asegurando que resistirán los huracanes, y otras cosas por el estilo. Igual sucede con la producción agrícola, utilizando viejos machetes, azadones y guatacas o arados tirados por yuntas de bueyes, todo bajo el supuesto de que son producciones ecológicas.

El trabajo laborioso de las personas que han dedicado tiempo y esfuerzos a lograr la incorporación a la producción de los primeros, y el de los segundos, haciendo producir la tierra de esta forma rudimentaria, merece respeto, pero es una lástima que su vigencia, en el primer caso, por lógica, sea efímera, ya que más temprano que tarde, debido a su sobre explotación y deterioro físico, volverán a romperse y salir de servicio y, en el segundo, la producción será mínima, habiendo requerido jornadas de trabajo excesivas y gran desgaste físico. Sucede que, en uno y otro caso, se ha producido el envejecimiento de piezas, equipos, métodos y aperos, o sea, se han vuelto obsoletos.

Apostar por un desarrollo productivo y económico, utilizando medios y métodos ya superados en el tiempo, es asegurar perder de antemano. Constituye una realidad que el envejecimiento abarca a todo el país desde el punto de vista tecnológico (sin obviar el demográfico). Se olvidó, durante demasiados años, el necesario recambio del parque industrial, dejando pasar el tiempo sin hacer inversiones para mantener actualizadas tecnológicamente las fábricas. El resultado es un inventario improductivo de hierros viejos, que solo tiene algún valor como chatarra.

También es verdad que, actualmente, se carece de recursos financieros para renovar las industrias y construir otras nuevas, así como para tecnificar la producción agrícola, pero ello no autoriza a tratar de vender gato por liebre, ponderando las supuestas ventajas económicas de recuperar un viejo equipo, en lugar de comprar uno nuevo tecnológicamente más desarrollado, o de roturar la tierra con yuntas de bueyes, en lugar de con maquinaria agrícola. Sobre estos erróneos presupuestos no se desarrolla un país y, menos aún, con tal índice de atraso como el nuestro.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a ¿Recuperar lo obsoleto?

  1. Esa “recuperación” no es más que una demagogia triunfalista que no conduce a camino alguno.

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