Lo bueno y lo malo

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La recuperación del sistema eléctrico en las provincias orientales, destruido por el huracán Sandy, ha sido motivo de titulares, artículos y comentarios en los diferentes medios de comunicación gubernamentales, ponderando el arduo y magnífico trabajo del personal de la Unión Eléctrica, participante en la misma. Es algo justo y que debe hacerse, ya que merecen el agradecimiento de todos, independientemente de la fanfarria acompañante y de los abanderamientos oficiales de los contingentes, como si partieran a la guerra, pero todo ello hay que entenderlo como excesos de nuestro socialismo tropical.

Si la Unión Eléctrica es capaz de trabajar así en situaciones extremas, ¿por qué no lo hace de forma similar durante los trescientos sesenta y cinco días del año? Nadie escapa, en ellos, de los continuos apagones de diez y más horas, de las interrupciones sorpresivas del servicio por poda (en realidad destrucción) de árboles, mantenimientos, reparaciones, cambios de postes y de líneas, etcétera, realizados con baja productividad y a ritmo lento, en cualquier lugar de la geografía nacional. Tampoco de la rotura de los equipos electrodomésticos por las subidas del voltaje, que destruyen hasta los reguladores de protección. A esto se agrega la pobre información que se brinda a los clientes, limitándose a los consabidos: mantenimiento prolongado, poda, vía ancha y reparación sin plazo establecido. Estas afectaciones, que nadie indemniza, además de afectar a los ciudadanos en sus viviendas, afectan a los negocios privados establecidos, causándole sensibles pérdidas. Excluyo a los estatales porque, cuando hay apagón, sus empleados están de fiesta, por no tener que trabajar.

A veces resulta tedioso tener que comparar con el pasado pero, cuando existía la Compañía Cubana de Electricidad, filial de la Electric Bonds & Share con accionistas cubanos, los apagones eran desconocidos y rara vez (excepto en situaciones de catástrofes naturales) nos enterábamos de reparaciones, mantenimientos y podas de árboles, porque el servicio eléctrico no se suspendía: parece que estos trabajos se ejecutaban con las líneas calientes.

Es verdad que el servicio entonces no cubría todo el territorio nacional, pero estaba en constante desarrollo y, sin lugar a dudas, se hubiera logrado con el paso de los años. Podrá echarse la culpa de los problemas existentes, como siempre, al bloqueo (embargo), pero en realidad es un problema de organización y de estimulación del trabajo. La diferencia entre una situación extrema y la normal lo demuestra: no es lo mismo trabajar diez o quince días a toda máquina con todos los recursos y motivados, que hacerlo los trescientos sesenta y cinco días del año, sin motivaciones, con salarios de miseria y careciendo de los medios necesarios.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Lo bueno y lo malo

  1. 123guillermo dijo:

    Al Duro …..!!! y sin Guantes !!!!! ………………….

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