Cantos de sirena

Foto Peter Deel

En época electoral, el tema de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos, forma parte habitual de los discursos de los diferentes candidatos, sean demócratas o republicanos. Piedra angular del mismo es el denominado bloqueo (en realidad embargo), que durante más de cincuenta años, ha servido a los dirigentes cubanos como cómoda alfombra, donde esconder la basura nacional, producto de sus incapacidades (desastres económicos, servicios públicos ineficientes, carencias generales, dificultades, doble moneda, impuestos abusivos, prohibición de viajes, limitaciones de derechos ciudadanos, etcétera).

Hubo momentos, cuando se disfrutaba de las millonarias subvenciones soviéticas y se vivía del cuento, donde apenas se mencionaba y, si se hablaba de él, era para burlarse: el bloqueo es una coladera dijo una vez el presidente de entonces. Cesadas las subvenciones y, ante la necesidad de apretarse el cinturón, pasó a primer plano. Al aparecer el amigo bolivariano y, en mucha menor escala, asumir las subvenciones a costa de la riqueza del pueblo venezolano, cambió de forma y se convirtió en componente obligatorio del discurso oficial, tratando de suplir, con su eliminación, los vacíos imposibles de llenar por el nuevo fiador. Junto a la batalla por la liberación de los cinco espías (en realidad quedan presos cuatro), lograr que se elimine el bloqueo (embargo) incondicionalmente, como se recalca, es prioridad de las autoridades, tratando de atraer el más amplio apoyo internacional. Se ha convertido en algo tan repetido, que todo visitante debe referirse a ambos en sus declaraciones públicas: parece ser una exigencia consular para el otorgamiento de la visa. Muchos plantean que el bloqueo (embargo) es injusto, pero olvidan que su razón de ser fueron las expropiaciones sin indemnización, también injustas, aplicadas por el gobierno cubano a nacionales y extranjeros, en los primeros años de la instauración del modelo, no para poner lo expropiado a producir para la Nación, sino para administrarlo pésimamente y dejarlo destruir, convirtiéndolo en las ruinas actuales.

Hoy, ante el caos económico y la incertidumbre sobre el futuro de las subvenciones venezolanas, debido a la enfermedad de su presidente, el gobierno cubano, con poco crédito internacional (por su fama de no pagar sus compromisos financieros), ha centrado su atención en las inversiones norteamericanas, como única posible tabla de salvación. Sin embargo, colocado ante la disyuntiva de la democratización del país o el mantenimiento del poder absoluto a toda costa, parece optar por lo segundo. Tal vez la sombra tutelar del anterior presidente, pesa demasiado sobre los hombros del actual, independientemente de que ambos, cada uno a su manera, han sido y son defensores acérrimos del modelo fracasado. Parece que la actualización que se ejecuta no acaba de ofrecer los frutos esperados, además de que carece de futuro cierto para la solución de los problemas económicos nacionales. Lo lógico sería cambiar el modelo pero, en nuestro caso, es como pedirle peras al olmo. Igual sucede en el caso del bloqueo (embargo), donde lo lógico también sería sentarse a dialogar responsablemente, dispuestos a recibir pero también a dar.

Es comprensible que los productores norteamericanos (y cubano-norteamericanos), vean en Cuba un importante mercado para sus productos y deseen participar en él: son empresarios y no políticos. Tal vez olvidan sus propias experiencias negativas (o las de sus padres, abuelos u otros familiares), cuando fueron despojados de todos sus bienes y expulsados del país, en los frenéticos años de la década del sesenta, así como las experiencias posteriores, también negativas, de españoles, italianos, mexicanos, canadienses, hebreos y otros, que acudieron presurosos a invertir, y han tenido que retirarse ante millonarios adeudos y restricciones absurdas para el ejercicio de sus actividades.

Considero que el embargo debe ser eliminado, pero para ello son necesarias medidas serias y visibles de democratización (libertad de opinión, derecho a tener agrupaciones, asociaciones y partidos políticos, libertad de entrada y salida del país, separación de los poderes legislativo y judicial del ejecutivo, elecciones con participación plena de todos los componentes de la sociedad cubana, etcétera). Sin ellas, todo lo demás son cantos de sirena para atrapar nuevos incautos, con el único objetivo de prolongar un tiempo más, la permanencia en el poder absoluto de las actuales autoridades.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Cantos de sirena

  1. Gracias Dámaso por su gran visión, precisamente de ver la realidad. Esas dos “escorias” de los Castros no van a ceder ante tal peticiones muy bien expresadas en su último párrafo, querrán continuar con su poder absoluto y de concretarse cualquier inversión extranjera tenga usted por seguro que no va a solucionar en nada al sufrido pueblo cubano. Si seguirán llenándose sus arcas personales.

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