Una actualización demasiado lenta

Cuando en el año 1959 se decidió cambiar todo lo legislado durante cincuenta y seis años de República, los cambios se realizaron a paso de entierro de pobre, de forma acelerada, de la noche a la mañana, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo. Ahora, demostrada durante años la colosal metedura de pata, responsable máxima de la miseria y del atraso de la Nación, la denominada actualización del modelo o, lo que es lo mismo, tratar de enmendar las múltiples equivocaciones cometidas, marcha a paso de entierro de rico, lentamente, arrastrándose, dando un paso hacia delante y tres hacia atrás, queriendo encomendarse a Dios, al Diablo, a Shangó, a Alá, a Mahoma y hasta al babalawo de Guanabacoa, antes de decidirse a aprobar algo. Además, lo que se aprueba hoy se vuelve a cambiar mañana, quitándole o agregándole aspectos, lo que demuestra poca seriedad. Un caso reciente es el de los llamados carreterilleros (vendedores ambulantes de productos agrícolas), quienes hace unos meses llenaron con sus productos y pregones nuestras calles, y hoy prácticamente han desaparecido, abrumados de prohibiciones y persecuciones, para desgracia de los ciudadanos que, aunque a un mayor precio que el de los deprimidos mercados estatales, adquirían productos de mejor calidad en la puertas de sus viviendas. Parece que a pesar de tantos lineamientos discutidos, rediscutidos, aprobados y reaprobados, quienes tienen la responsabilidad de aplicarlos no acaban de dar pie con bola.

El ejemplo más llamativo es la anunciada, y después postergada, reforma migratoria. Se plantea que es un asunto muy complejo y que necesita de muchos estudios y coordinaciones, para poder llevarla a vías de hecho. Han sido tantas las regulaciones y prohibiciones establecidas a lo largo de 56 años, que ahora quienes las establecieron y sus seguidores, no saben como desenredar el embrollo creado, sin perder el férreo control existente sobre los ciudadanos. La solución sería sumamente fácil, si simplemente se restituyera el Artículo 30 de la Constitución de la República de Cuba de 1940, que dice: Toda persona podrá entrar y permanecer en el territorio nacional, salir de él, trasladarse de un lugar a otro y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte u otro requisito semejante, salvo lo que se disponga en las leyes sobre inmigración y las atribuciones de la autoridad en caso de responsabilidad criminal. A nadie se le obligará a mudar de domicilio o residencia sino por mandato de autoridad judicial y en los casos y con los requisitos que la Ley señale. Ningún cubano podrá ser expatriado ni se le prohibirá la entrada en el territorio de la República.

Estas realidades parecen corroborar, que la actualización del modelo es pura política gatopardiana, donde se plantea hacer cambios para que todo siga igual. En definitiva, los hechos demuestran que es mucho más fácil prohibir que autorizar, y también es más fácil destruir que construir.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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3 respuestas a Una actualización demasiado lenta

  1. Como siempre señor Dámaso Fernández con esa sabiduría de análisis de decir las cosas, es la experiencia. Cuba, bajo el régimen castro-comunista ha creado una sociedad de enajenados que ni ellos mismos saben lo que quieren. Hace poco una forista escribió algo muy cierto y expongo: ” el comunismo es tan dañino que las personas no saben distinguir entre el bien y el mal.” Mi saludo y respeto para usted.

  2. Maria Gonzalez dijo:

    Totalmente de acuerdo con el blogger y con el comentario de ‘Autenticos Siervos’

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