Ciento diez años

Foto Rebeca

Mañana, día veinte, se cumplirán ciento diez años de la instauración de la República. Por acá no habrá celebraciones oficiales y, si se habla de la fecha, seguro será para desacreditarla, como ha venido sucediendo a lo largo del último medio siglo. Sin embargo, la República, con sus carencias, excesos, problemas y complejidades, pero también con sus logros, representa cincuenta y seis años de trabajo y dedicación de generaciones de cubanos, en la tarea de construir una Nación todavía, desgraciadamente, inconclusa.

Cincuenta y seis años de República fueron desmontados y echados por la borda, a partir de enero del año 1959 con improvisaciones y absurdos y, también desgraciadamente, no fueron reemplazados por algo valioso e imperecedero, en estos últimos cincuenta y cuatro años.

Hoy, en la esfera gubernamental, la palabra de orden es recuperar. En la práctica, todo hay que recuperarlo, pero lo significativo es que esta recuperación no se refiere a cosas existentes en los últimos años, sino en los de la República. El ferrocarril que se pretende recuperar es el de la República y no el del socialismo, siempre ineficiente y desastroso; la productividad que se quiere recuperar es la de la República y no la del socialismo, que nunca existió; la disciplina y la moral que se aspiran a recuperar son las de la República y no las del socialismo, que han brillado por su ausencia. La lista pudiera hacerse interminable, pero como botón de muestra es suficiente.

Si esto es así y constituye una realidad inobjetable, aunque no se quiera reconocer oficialmente, significa que en los años de la República se logró mucho más que en los del socialismo, y se trabajó más seriamente por la edificación de una Nación próspera y moderna. En definitiva, lo valioso que existe proviene de ella, y es lo que se ha mantenido y no ha podido ser destruido durante estos años, a pesar de múltiples intentos. Si hacemos un recorrido por la ciudad de La Habana, comprobamos que la mayoría de las avenidas, calles, parques, edificaciones, hospitales, escuelas, museos, cines, teatros, comercios, etcétera, se deben a la República. Además, fueron tan bien construidos que, a pesar del abandono y la falta de mantenimientos, sobreviven. Igual sucede en otros pueblos y ciudades. La Carretera Central y el Capitolio, con más de ochenta años de construidos, son dos magníficos ejemplos, en comparación con la desastrosa Autopista Nacional y el eternamente en reparación Palacio de Convenciones. ¡Y eso que, según la propaganda oficial, antes se robaba a las dos manos! Parece que ahora, además de que se desvían recursos, se construye mal. Ejemplos sobran, pero no pretendo ser reiterativo. La República constituye un hito imborrable en la historia de la Nación. ¡Bienvenido el ciento diez aniversario de su instauración!

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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