Un Estado entrometido

Foto Rebeca

El Estado, en la mayoría de los países, desarrollados o no, tiende a ocuparse de las cuestiones fundamentales de los mismos, propiciando el desarrollo y la felicidad de sus ciudadanos. Para ello regula, mediante leyes, y controla, mediante organismos e instituciones creados al efecto, las relaciones armónicas de los diversos intereses que lo forman: económicos, políticos, sociales, etcétera.

El Estado cubano es sui generis y, por lo tanto, diferente de todos los restantes. En primer lugar, además de centralizar enfermizamente todas las cuestiones que considera fundamentales, se ocupa también enfermizamente de un sinnúmero de asuntos baladíes que, si no fuera por lo trágico de sus consecuencias, provocaría risas. Entre algunos de estos se encuentran: el establecimiento de los oficios que pueden ejercer los ciudadanos por cuenta propia (los no establecidos están prohibidos); los tipos de alimentos y la cantidad de gramos por persona, que pueden obtenerse (mediante pago) mensualmente en la denominada canasta básica subvencionada; los módulos de ropa y calzado a vender a los trabajadores en las empresas estatales y los plazos de entrega; los gramos de pan, queso y jamón que debe llevar un bocadito, una medianoche o un emparedado en las cafeterías estatales y sus respectivos precios; el tipo de bombillos con que iluminarse; el mercado y panadería donde debe comprar; el círculo infantil y escuela donde deben asistir los niños y jóvenes, etcétera. El listado podría ser infinito, pero como muestra es suficiente.

Esta manía de meterse en todo, y de pretender decir la primera y la última palabra, han traído como resultado el caos político, económico y social que vive el país, del cual la mayoría disfrutamos. La ingerencia absurda en todos los aspectos de la sociedad y del individuo es tal, que el ciudadano común se ha visto obligado a ingeniarse las vías, formas y métodos para obviar tantas regulaciones, normas, controles, disposiciones, indicaciones y tonterías por el estilo, estableciéndose en la práctica, para la subsistencia: el mercado negro, la doble moral y el robo generalizado, este último bajo la eufemística denominación de resolver.

De un país mayoritariamente honesto, donde sólo robaban algunos políticos, nos hemos convertido en un país de delincuentes donde, desde el amanecer hasta el anochecer estamos resolviendo. Sería conveniente que en la tan llevada y traída actualización del modelo, se le preste atención preferencial a este problema y se le de una solución real, para que el Estado deje de ser tan entrometido.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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