Inspectores: la nueva plaga

Peter Deel

Los ciudadanos que han optado por el trabajo por cuenta propia, tanto en las áreas rurales como urbanas, además de las dificultades propias de algo que recién comienza, de las incomprensiones y, careciendo de los aseguramientos materiales mínimos necesarios, han tenido que enfrentar la plaga de inspectores estatales (Supervisión Integral, se le denomina) que, como una espada de Damocles, pende constantemente sobre sus cuellos, amenazándolos con quitarles la tierra entregada en usufructo o las licencias otorgadas para ejercer, además de imponerles exageradas multas, por cualquier hecho que ellos consideren una contravención de lo legislado. Estos personajes, con sus chaquetillas azules, que nunca hicieron acto de presencia en las empresas y comercios estatales durante más de cincuenta años, donde se desviaban recursos, se robaba, se incumplían las regulaciones higiénico-sanitarias, se fabrican y ofertaban artículos de mala calidad y se trataba mal e irrespetuosamente a los usuarios (la palabrita que sustituye al cliente en el socialismo), debido posiblemente a ¿cómo el Estado iba a controlarse a si mismo?, han hecho su aparición en demasía, con las pequeñas aperturas aprobadas. Desconozco qué parámetros se tienen en cuenta al escogerlos y cómo se preparan, pero el producto que sale a la calle es bastante defectuoso, dejando mucho que desear: además de mal educados y prepotentes, en lugar de controlar, orientar y velar por el cumplimiento de las leyes y regulaciones, así como facilitar la realización de las actividades de forma legal, tienen por norma agredir verbalmente a quien realiza el trabajo por cuenta propia, desde su posición de fuerza, amenazándolo. Así es muy difícil trabajar y lograr resultados. Si se decidió, más por necesidad económica y social que por convicción, autorizar el ejercicio del trabajo por cuenta propia, no debe serle impuesto este inquisidor que, en definitiva, ni produce ni aporta nada a la economía del país, como no sea crear malestar. Estos hijos legítimos del burocratismo totalitario, si es que deben existir, deben ser regulados y utilizados en aras de lograr actividades organizadas y responsables en nuestros campos, pueblos y ciudades.

Rebeca

La otra plaga, la vieja, formada por los administradores y dirigentes ineficientes en las distintas instancias, incapaces de hacer producir la tierra, trata de mantenerse activa a toda costa, ahora dedicados al control del quehacer de los usufructuarios, entorpeciendo más que facilitando sus actividades pues, si éstos triunfan, quedará demostrada una vez más, su responsabilidad en el caos existente en el sector. No se conforman con perder sus privilegios y luchan por ellos como gato boca arriba. Cada una de estas plagas, unidas a otras que también han hecho y hacen de las suyas, atentan contra la Nación. En la época republicana, el Ministerio de Agricultura velaba por el desarrollo de la misma y establecía las regulaciones necesarias para su buen funcionamiento y desarrollo, pero no suplantaba productores ni administraba empresas lo cual, establecido en los últimos cincuenta años, ha demostrado ser un rotundo fracaso y un tremendo error: sus consecuencias las seguimos pagando hoy día. Cambiar esta concepción absurda y la mentalidad creada por ella, y establecer un funcionamiento ordenado e inteligente, no es tarea fácil: se ha sedimentado demasiado ser juez y parte y actuar por ordeno y mando, sin tener en cuenta la experiencia y la opinión de los productores campesinos, los únicos pegados a la tierra. Esto es válido también para otros ministerios, en la esfera de sus actividades. Una vía para combatir exitosamente a estos representantes del burocratismo totalitario, es continuar liberando las fuerzas productivas, sin las consabidas camisas de fuerza posteriores. En definitiva, gústele a quien le guste y a quien no le guste también, liberar totalmente las fuerzas productivas es la única solución para nuestros problemas económicos y, cuanto antes se haga mucho mejor.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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