Habemus Plazas

Observando la capilla instalada en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, acompañada de los agresivos machetes levantados hacia el cielo, que forman parte del monumento con la estatua ecuestre del insigne general mambí, pienso que, tal vez, no fue el mejor lugar para oficiar una misa: proyecta demasiada violencia y espíritu bélico, válidos en la época del general, pero anacrónicos en un momento en que se impone la tranquilidad de ánimos, el amor y la mesura. Los machetes en alto representan más bien una amenaza, como la célebre espada de Damocles, máxime cuando últimamente algunos jóvenes enardecidos han sido convocados al grito de ¡Machete con ellas, que son pocas!, al reprimir a pacíficas opositoras.

Estas plazas, construidas en el último medio siglo en la mayoría de las provincias y en muchos municipios, guerreras todas, responden a la vieja megalomanía totalitaria de concentrar y hacer desfilar a las masas ante sus líderes, situados en elevadas tribunas (¿tendrán algo que ver con el Olimpo?), convirtiéndolas en falsas sustitutas de los parlamentos, asambleas y otras instituciones democráticamente elegidos, donde se debieran discutir y aprobar o rechazar todas las leyes que afectan a los ciudadanos. Creo que la excepción guerrera la constituye la de La Habana, construida pero no terminada antes de 1959, donde un Martí meditabundo observa la inmensa y aburrida superficie árida frente a él, que debió estar sembrada de árboles y adornada con fuentes y paseos para el esparcimiento de los habaneros, como se establecía en el proyecto original. Convertida también en una plaza para concentraciones y desfiles (en un tiempo sirvió también para recibir y homenajear a dirigentes hermanos, hoy ya no tan hermanos), ha sido enmarcada, desde hace tiempo, con las efigies del Ché y de Camilo en las fachadas de dos edificios gubernamentales, quienes observarán desde la eternidad al Papa, cuando oficie la misa y se dirija a los asistentes. El Ché, eterno ateo, tal vez mire hacia otro lado, desencantado de que los cubanos se hayan vuelto tan religiosos. Camilo, sin tiempo físico para definir oficialmente su fe, puede que mantenga su eterna sonrisa, como cubano campechano que siempre fue, y hasta le haga un guiño cómplice a la imagen de la Virgen de la Caridad, temporalmente expuesta en la fachada de la Biblioteca Nacional: en definitiva, su sombrero alón se parece bastante a la aureola de un santo, principalmente de noche cuando está iluminado.

Por suerte ya no se construyen plazas, al estar impedido físicamente su principal usuario. Tantos materiales y esfuerzos dilapidados durante años, pudieron haberse utilizado mejor en reparar edificaciones y construir viviendas y otros inmuebles, lo cual hubiera evitado, o al menos aminorado, la situación desastrosa existente hoy. Algún día no muy lejano, más temprano que tarde, algunas serán olvidadas y sus espacios transformados en hermosos parques y paseos. En definitiva, nuestros héroes verdaderos, comenzando por Martí, nunca las necesitaron: para ellos eran suficientes los acogedores parques de nuestras ciudades y pueblos, donde siempre se les recordaba. Tal vez tengan bustos o hasta estatuas de eminentes e importantes pedagogos, médicos, arquitectos, científicos, abogados, artistas o atletas, tanto hombres como mujeres. ¡En definitiva, no sólo de guerreros viven los pueblos!

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a Habemus Plazas

  1. “Mermelada” excelente su artículo, lleno de la realidad que muchos no han querido ver. Es usted conocedor de lo que pasó y de lo presente y le imprime a su escrito la verdad de la palabra que lacera más que una espadad.

  2. LOURDES dijo:

    MUY BUENO SU ESCRITO,AMIGO QUIÉN ERA EL CHE.?UN LOCO QUE SE PASÓ LA VIDA DEJANDO HIJOS REGADOS,INVADIENDO PAÍSES CON EL CUENTO DEL SOCIALISMO,EL INVENTOR DEL PAREDON,.SI MARTÍ RESUCITA Y VE CON QUIÉNES LO COMPARAN LE DA UN INFARTO PORQUE CÓMO ES POSIBLE LO IGUALEN CON LENIN, STALIN,FIDEL Y HASTA CON CHAVEZ.ES VERDAD CON TODOS LOS GASTOS EN LA PLAZA LA HABANA SERÍA UNA MARAVILLA Y SOBRABA DINERO PARA REPARAR TODAS LAS CASAS DE CUBA.

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