Donde sobra con dos.

Archivo

Los conflictos entre países, más bien entre gobiernos, han sido una constante en la historia de la humanidad, desde que éstos aparecieron como tales. Los motivos han sido también muy variados: geográficos, económicos, políticos, étnicos, religiosos, etcétera. Hoy, a comienzos del Siglo XXI, muchos aún se mantienen y, en algunos momentos, hasta se exacerban. Por lo general las soluciones, violentas o pacíficas, corresponden, en última instancia, únicamente a los implicados o sea, a los dos países enfrentados y a sus respectivos gobiernos. Aunque los contendientes atraen, hacia el uno o el otro, de acuerdo con los diferentes matices políticos e ideológicos, el apoyo de los restantes países y gobiernos, éste no constituye nada más que el telón de fondo donde se produce el enfrentamiento, aportando muy poco a su solución, como no sean declaraciones formales, más diplomáticas que reales, que suelen prolongarse durante años en los organismos y foros mundiales. Los ejemplos sobran: Cuba-Estados Unidos, Argentina-Gran Bretaña, Israel-Palestina y otros. Cada uno de estos diferendos sólo se resolverá mediante acuerdos entre las partes enfrentadas cuando, cansadas de ofenderse y de odiarse, o por conveniencias económicas o políticas, decidan sentarse a dialogar respetuosamente y a buscar soluciones ventajosas para ambas.

Los coros que apoyan a un país y gobierno o a otro, no son más que esto: simples coros. Es una forma cómoda y nada peligrosa de lograr protagonismo mundial a costa de otros, máxime cuando muchos de los gobernantes, aunque apoyan a uno, tratan de vender sus productos al más poderoso, atienden sus enfermedades en sus centros médicos, envían a sus hijos a estudiar a sus universidades y hasta disfrutan, también allí, de sus vacaciones. Debido a estas realidades, considero una pérdida de tiempo y de recursos tantos acuerdos de apoyo que, como un estribillo obligatorio, se toman constantemente, más por inercia política que por la convicción de que vayan a resolver algo. Sería más saludable, desde una posición realmente neutral, tratar de lograr el entendimiento entre los países y gobiernos en pugna, y dejar que estos, cuando lo decidan y consideren viable, resuelvan sus divergencias, sin tanta injerencia ajena interesada en lo que sólo a ellos concierne. Al menos, así, nos libraríamos de mucha palabrería hueca y de discursos insípidos, repetitivos y poco originales.

Anuncios

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s