Un comodín más

Foto Rebeca

En el mundo, el tema de la seguridad nacional está de moda: en México la violencia es un asunto de seguridad nacional; en Colombia lo son las narcoguerrillas; en Estados Unidos la inmigración ilegal. Por acá, para no quedarnos atrás, también hablamos de ella. Los asuntos de seguridad nacional tienen importancia relevante para los países, y es justo que sus gobiernos les dediquen una atención preferencial y seria.

Sin embargo, cuando la seguridad nacional se utiliza como un comodín, para incluirle cualquier problema, fundamentar el dilatar su enfrentamiento y solución, reprimir opiniones divergentes y apoyar la intolerancia política, se vulgariza y deja de ser tomada en serio. En los últimos tiempos, a menudo, escuchamos que la producción de alimentos, la actualización de las regulaciones migratorias, el acceso a Internet, la generación de energía eléctrica, la tenencia de antenas satelitales, el problema del transporte y hasta erradicar el marabú, son asuntos de seguridad nacional. En este saco parece caber mucho de lo que nos afecta y nos hace la vida un verdadero yogurt. Somos propensos a casarnos con palabras, frases, proyectos y programas, pensando que pueden servir de remolques de diferentes tareas que, de otra forma, serían difíciles de cumplir. Así, por ejemplo, no hace mucho tiempo, dentro del programa denominado Batalla de Ideas, se incluían actividades propiamente políticas e ideológicas, y otras como la reparación de un hospital o de una escuela, el bacheo de una calle, la remodelación de una panadería, el colocar cuatro bancos en un parque, etcétera, lo que trajo como resultados que el ciudadano común hiciera burlas del mismo (le decían Basta ya de Ideas), restándole seriedad y trascendencia. Algo similar sucedió con la denominada Revolución Energética, que inundó el país de grupos electrógenos y bombillos ahorradores, sustitución (mediante entrega del equipo viejo y pago del nuevo) de efectos electrodomésticos (refrigeradores y aires acondicionados) y entrega (también mediante venta) de ollas arroceras, calentadores de agua portátiles, cocinas eléctricas de una sola hornilla, ollas multipropósito (las denominadas Reina), para después, con el paso de los meses, diluirse y trasladar la responsabilidad de su mantenimiento a los hombros y bolsillos de la población.

Tal vez fuera conveniente, para tomarnos nosotros mismos un poquito más en serio, otorgarle a cada asunto su real importancia, sin minimizarlo pero tampoco sin aumentarlo ni manipularlo, para obtener supuestas ventajas, más coyunturales que reales. Ya que se habla tanto de pensar bien las cosas antes de hacerlas, así como de actuar sosegadamente, con profundidad y sin apresuramientos innecesarios, enfocar responsablemente la seguridad nacional, despojándola de toda la hojarasca que se le ha agregado, sería una buena decisión.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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