Cartas.son cartas

Hace años, cuando el periódico Granma inauguró su Sección Cartas a la Redacción, dedicándole dos páginas una vez por semana (los viernes), algunos ciudadanos pensamos que se abría, aunque bastante tardíamente, una pequeña posibilidad de exponer públicamente nuestras opiniones, sobre los diversos problemas que afectaban a la Nación. El paso del tiempo nos demostró que estábamos equivocados. Escribí dos cartas sobre aspectos económicos, que nunca fueron publicadas, recibiendo sólo el acuse recibo de la primera, donde se me comunicaba que sería estudiada y, si se aprobaba, publicada. Todo indica que no lo fue. La tónica de la Sección parece ser, la de constituir una caja de resonancia más de las políticas gubernamentales, ahora desde las opiniones reales o ficticias de los ciudadanos, salpicada de algunos asuntos intrascendentes, como una música más o menos estridente, basura sin recoger, una calle o una acera rota, un parque abandonado, etcétera, para desviar la atención hacia los problemas epidérmicos (más efecto que causa), sin tocar los verdaderamente importantes.

Un ciudadano responsable, después de alabar al partido, al gobierno y a sus principales dirigentes, dando por sentado que nada hay que temer, debido a sus comprobadas buenas intenciones, plantea que bien vale la pena pagar impuestos sobre las viviendas, ya que los terrenos donde están edificadas no pertenecen a nadie, sino que constituyen patrimonio de la Nación. Los impuestos existen en la mayoría de los países, pero este ciudadano olvida, al proponer un modo más de esquilmar a la población, la situación de miseria en que viven la mayoría de los cubanos, con salarios y jubilaciones paupérrimos. Otro se preocupa porque no bajan los precios de los productos alimenticios, que producen los usufructuarios, proponiendo regular que la ganancia de este sector laboral no sea excesiva, ya que su trabajo no puede ser para enriquecerse, sino para ayudar a la revolución, obviando los impuestos y altos precios, que éstos deben pagar al Estado por los aperos de labranza e insumos necesarios para producir, y las dificultades que deben superar para lograrlo. Uno más, la emprende contra los transportistas particulares, exigiendo tasas impositivas resbalantes, en correspondencia con los precios que cobran por sus servicios, y sanciones draconianas para los incumplidores, mediante un complicado sistema de control. Olvida el alto precio de los combustibles, así como el de las piezas de repuesto, los mantenimientos, reparaciones, etcétera.

Jamás se ha publicado un señalamiento al Estado como tal, a lo sumo a los malos funcionarios que no interpretan correctamente las ideas de los dirigentes o incumplen sus indicaciones, ni tampoco se trata el tema de los elevados precios de los productos que éste vende en sus redes comerciales, ni el de los servicios que presta. Las loas al modelo no faltan en ninguna de las cartas: parece ser una premisa para su publicación. Estas opiniones publicadas y, por lo tanto, previamente aprobadas (me imagino que haya muchas no aprobadas que nunca se publicarán), constituyen una muestra del gran analfabetismo ciudadano, en las cuestiones relacionadas con el ejercicio del comercio y la prestación de servicios de forma particular, con control, pero sin la fracasada tutela paternalista del Estado, responsable importante de nuestra caótica situación económica. Resulta preocupante que, mientras en las tribunas públicas oficiales se aboga por cambiar la mentalidad y dejar atrás el dogmatismo, el órgano del partido, en su Sección Cartas a la Redacción, priorice estas opiniones absurdas y desfasadas, profundamente dogmáticas, que responden a criterios obsoletos, que han demostrado su fracaso durante años de reiterada aplicación.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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