Racismo cotidiano

Foto Peter Deel

Hace algún tiempo, en la euforia del triunfalismo, se declaraba constantemente que en Cuba se había resuelto la lacra del racismo, y que éste había sido eliminado. Es verdad que, institucionalmente, en las leyes y decretos vigentes era así, aunque en la realidad sucedía lo contrario. El fenómeno era tal, que se llegó hasta establecer un por ciento de ciudadanos negros (30%), que debían integrar el partido, otras organizaciones políticas y de masas y hasta los órganos de gobierno. La medida, burocrática, absurda y antinatural, en lugar de resolver el problema lo complicó aún más: muchas personas responsables se preguntaron: ¿por qué el 30 y no el 50 o el 70 por ciento? En su propio origen la medida era también discriminatoria. Pretender solucionar un problema tan complejo de esta forma, además de iluso era infantil.

La nación cubana, fraguada en un crisol de razas, parte de la originaria presencia aborigen antes del descubrimiento, bastante poco desarrollada y primitiva, que sólo aportó el casabe como alimento, rudimentarias pictografías en algunas cuevas y algunos objetos de barro como arte, el bajareque como vivienda y unas cuantas palabras. Los españoles trajeron la cultura europea, el desarrollo de entonces, la religión católica y algo muy importante: el idioma. Otras nacionalidades, en primer lugar la africana, con los esclavos capturados por los propios africanos y vendidos a los traficantes, aportaron sus ritmos, algunas comidas y palabras y sus creencias, nunca desarrollo pues no lo poseían. Los chinos, libaneses, hebreos, franceses, caribeños y hasta norteamericanos del sur de los Estados Unidos, ampliaron los componentes de lo que serían, primero los criollos y después los cubanos. Esta es la realidad histórica.

Actualmente, en un nuevo intento de combatir la discriminación racial existente, aceptada hasta oficialmente, se vuelve a errar el rumbo, tratando de sobrevalorar el papel del componente africano, en detrimento del español y de los otros restantes, cuando lo correcto sería potenciarlos integrados, sin nuevas discriminaciones. Plantear que todos los cubanos tenemos raíces africanas, es tan absurdo como plantear que todos tenemos raíces españolas. Existen unos y otros, y también los que son el resultado de múltiples mezclas.

Tengo amigos blancos y negros y hasta de origen chino, que son médicos, ingenieros, abogados, arquitectos, científicos, etcétera, como también tengo conocidos blancos y negros que son delincuentes y marginales. Todos tuvieron las mismas oportunidades, que es lo importante, pero unos las aprovecharon y otros no. Aunque los datos no se publican, es de conocimiento general que la población penal en las cárceles cubanas es mayoritariamente negra. Igual sucede en otros países. No voy a analizar las causas, pues no es el tema de mi escrito, pero sí nos obliga a pensar y profundizar en el porqué de tal situación. La lacra del racismo hay que continuar combatiéndola, pero sin dar bandazos (a lo cual estamos demasiado acostumbrados), convencidos de que no se eliminará de un día para otro: requiere de tiempo y de educación de ambas partes. Algunas veces hay negros más racistas que muchos blancos: es el racismo al revés. Pienso que una condición indispensable, es lograr que todos los ciudadanos tengan un nivel de vida decoroso, lo cual no tiene nada que ver con el falso igualitarismo. Hoy, desgraciadamente, tanto muchos blancos como negros no lo poseen. Esto dificulta la tarea.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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