Palabras más, palabras menos

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En el arsenal de los partidos y gobiernos de izquierda, existen determinadas palabras que constituyen motivos de culto. Una de ellas, por acá, es la palabra cuadro. Desconozco dónde se utilizó por primera vez en la acepción que éstos le dan, aunque supongo que haya sido en el partido bolchevique ruso, aún mucho antes de la toma del poder en el año 1917 del siglo pasado. En muchos de sus documentos se habla de los cuadros del partido, refiriéndose a los militantes que ocupaban cargos en sus diferentes instancias. De allá debe habernos llegado, traída por los camaradas de esa época, algunos de los cuales se prepararon por esas tierras.

Desde hace muchos años la palabrita de marras se repite constantemente, tanto en las organizaciones políticas y de masas, como en los organismos e instituciones estatales. Para muchos ciudadanos, comprometidos con el modelo, su máxima aspiración es llegar a ser un cuadro de cualquier cosa. El cuadro, según la acepción oficial, es un militante o funcionario altamente confiable, capaz de desempeñar cualquier tarea que se le asigne, independientemente de su preparación profesional específica. Así, por ejemplo, un médico puede dirigir una organización de masas, un central azucarero o una panadería en diferentes etapas de su vida, y todo se supone que lo haga con eficiencia, o un trabajador ferroviario puede dirigir una central sindical nacional, una cadena de tiendas o una fábrica de croquetas.

Como es fácil de suponer, aunque puedan existir raras excepciones, por lo regular los resultados obtenidos con estos cuadros son demasiado pobres, si es que se obtienen algunos. Cincuenta y tres años de fracasos demuestran que el mecanismo no funciona muy bien. Este ser único, especial, multipropósito, que sirve para todo y todo lo hace bien, es bastante escaso en la realidad, y no se puede fabricar ni preparar en ningún centro. Insistir tozudamente en él, obliga a constantes equivocaciones y demociones, sin acabar de comprender que una palabrita, por agradable que suene a algunos oídos, no es capaz de convertir una utopía en realidad. Hablar de cuadros y de política de cuadros no conduce a nada, cuando lo correcto sería facilitar que estuvieran al frente de las organizaciones, organismos e instituciones, así como en sus diferentes instancias, los más capaces, sin cuestionamientos de tipo ideológico y político, y sin las ataduras que conlleva ser un cuadro: incondicionalidad ante todo, lealtad probada, obediencia absoluta y sometimiento total a sus dirigentes. Además, la palabrita, en el argot popular tiene tantas diferentes acepciones, que se ha desvalorizado: ser cuadrado es ser dogmático, cuadrar el asunto es ponerse de acuerdo, el cuadro está cerrado significa que no hay salida y el hombre está cuadrado quiere decir que no transige. Existen muchas más, pero como muestra es suficiente.

En estos días, donde se habla constantemente de la pérdida de valores, lo cual es una realidad, para complicar más la situación, se plantea que los cuadros, entre otras cosas, deben tener ética, así como un comportamiento ágil, creativo y sensible. Muchos suponíamos que esas eran condiciones obligatorias. Parece que estábamos equivocados. En definitiva, palabras más, palabras menos, no crean riqueza, no mejoran los servicios, no elevan los salarios ni las jubilaciones, no eliminan la corrupción, no bajan los precios de los productos, no aumentan la producción ni, mucho menos, resuelven los múltiples problemas sociales que padecemos. Sólo forman parte de la retórica que, cada cierto tiempo, ocupa la atención oficial, más para entretener que para resolver.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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3 respuestas a Palabras más, palabras menos

  1. Muy buen comentario acerca de los “cuadro” verdadera acepción bajo el régimen castro-comunista, muy cuadrado en su “supuesta” disciplina pero no para resolver el problema de los cubanos de a pie.

  2. Roberto Vina dijo:

    Mis elogios para esa inteligentisima mujer llamada Yoani Sanchez que escribe y analiza cada question de nuestra Cuba con la verdadera inteligencia que le falta a los cuadros que ella se refiere y que solo son unos cuadrados que solo obedecen a los cuadrados de la familia castro.

  3. LUIS A dijo:

    Más bien, a ese ente cuadrado, lo posicionan por razones de ingenuidad, de parapeto, a fin de mantener y continuar con el control; no tanto para que arroje resultados, creo que habrá cuadros que arrojen resultados acordes, como profesionistas especialistas que no tengan razón de ser para la actividad la cual se prepararon. Creo, hay de todo. Viva México señores.

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