No juega la lista con el billete

Foto Rebeca

Las autoridades de mi país son adictas a utilizar cifras estadísticas generales, para demostrar los éxitos de su modelo económico, político y social. Me refiero a las cifras que puedan parecer positivas, ya que las negativas se obvian y es como si no existieran. Las primeras aparecen en grandes titulares en la prensa y, alrededor de ellas, se monta todo un espectáculo mediático, que algunas veces se prolonga días y hasta semanas. Así el ciudadano común se entera que se multiplicó por diez la generación de energía eléctrica que se producía en el año 1959 o que la mortalidad infantil es del 4,9, igual a la de Canadá. Lo que no se dice, en el primer caso, es que han transcurrido 53 años, que entonces la población era de seis millones y medio de habitantes y ahora es de casi el doble, que no estaban prohibidos los efectos eléctricos alto consumidores (cocinas, tostadoras, hornos y otros), que las calles, avenidas, parques y comercios de los pueblos y ciudades estaban iluminados todas las noches, que existían anuncios lumínicos y aires acondicionados por doquier, que no se producían los molestos apagones, que las instalaciones industriales fabricaban lo que el país necesitaba y que el kilowat costaba centavos. Ahora, con tanta energía generada no deberían existir problemas, pero sucede todo lo contrario. ¿Será que se evapora? ¿Es qué se pierde en el mar?

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En el segundo caso, la comparación se hace obviando que Canadá tiene casi cien veces la extensión territorial de Cuba, con lugares de difícil acceso y más del doble de su población y, por lo tanto, alcanzar este indicador supuso muchos más recursos y esfuerzos. Es como si se comparara con Brasil (85 veces más de extensión territorial y 10 veces más de habitantes) o la India (32 veces más de extensión territorial y 60 veces más de habitantes), por señalar sólo dos ejemplos. Como dice un vecino mío: No juega la lista con el billete. Al comparar datos estadísticos debe hacerse entre fenómenos similares ya que, de lo contrario, se tergiversa la realidad. Pretender equipararse a los grandes países (por extensión, población y riquezas naturales), siendo un país pequeño (por extensión, población y riquezas naturales), no es lógico y sólo se realiza con el objetivo político de confundir. Es como, en el boxeo, poner a competir un peso mosca contra un peso completo o en el béisbol, a un equipo universitario contra uno de las Grandes Ligas. A nadie, con dos dedos de frente, se le ocurriría: los resultados no admitirían comparaciones.

Sin lugar a dudas, es importante lo que se ha hecho en educación, salud y deportes durante los últimos cincuenta años, aunque no es tanto ni todo funciona tan bien como se dice oficialmente, pero poco se hubiera logrado si durante los cincuenta y seis años republicanos, no se hubieran echado las bases y desarrollado todos estos sistemas. Es más, es difícil predecir lo que se hubiera alcanzado, tal vez sin tantos traumas sociales y pérdidas, de haber continuado la República. Además, otras bases existentes y desarrollo adquirido (en agricultura, industria, transporte, etcétera) han sido revertidos y conducidos al fracaso. ¡Al César lo que es del César!

Esta mentalidad de creernos gran potencia y ombligo del mundo, cuando la realidad demuestra todo lo contrario, es la que nos ha llevado de fracaso en fracaso. Sucedió en la ganadería, en el azúcar, en el café, en los cítricos, en la pesca, en la industria textil, en la marina mercante, en el transporte y en casi todo. Debido a que se ha querido sobresalir a toda costa sin las bases necesarias para ello, cada plan faraónico ha resultado un fiasco mayor que el anterior, y ha hecho retroceder al país, generando miseria, desempleo y el éxodo constante de los jóvenes profesionales. Las cifras estadísticas constituyen indicadores positivos o negativos, pero sólo cuando se valoran honestamente y con responsabilidad. Utilizarlas con fines de propaganda para manipular la opinión pública, y querer hacer parecer lo que no es, además de infantil es poco inteligente.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a No juega la lista con el billete

  1. jose Angel dijo:

    No existe mas verdad ni estadística exacta que la que se expresa en este contenido

  2. Sr. Fernando Dámaso, la visión de los años le hace ver la realidad clara y meridianamente, me ha gustado leer sus columnas, reflejando esa realidad en la que muchos han despertado y otros no han querido ver. En verdad se han logrado éxito en el deporte, pero todo obedece a un precio lo cual muchos no quieren pagar y luego desertan, en la educación se ha pagado, desde una “escuela al campo” hasta los universitarios que después de graduados pagan sus carreras con su salario en el servicio social, en la Cuba capitalista había estudios que eran completamente gratuitos, sin chantajes ni presiones de la agricultura ni la “supuesta” preparación militar.
    La educación, elemental. secundaria y universitaria sólo tiene un objetivo, es la penetración ideológica de una doctrina marxista-leninista al estilo Stalinista. Ese régimen no dá nada a cambio de nada, todo cumple el objetivo de ellos.

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