El que se fue y el que llega

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En Cuba, la Navidad, el fin del año 2011 y el advenimiento del 2012, tuvo características especiales. En primer lugar, la alegría y las celebraciones, oficialmente, respondieron al triunfo de la revolución y al recibimiento del nuevo aniversario de la misma. Se obvió la realidad y no se recibió el 2012, sino el año 54 de la revolución, que es como decir un año más del paleolítico. Esto, repito, oficialmente, tanto en la prensa plana como en la radio y la televisión. Por un lado transitó esta celebración oficial y por otro la ciudadana, donde una gran mayoría felicitó, deseando Felices Pascuas y un Próspero Año Nuevo, a la manera tradicional. En la calle, por suerte, no escuché a nadie felicitar por el triunfo ni por nada parecido. Parece que los tiempos han cambiado algo, desde aquel deslumbramiento inicial.

Los éxitos y los logros, repito, oficialmente, han estado, como todos los años, a la orden del día, en una competencia de rebuscados adjetivos, cada cual más exagerado que el anterior, así como con algunos programas especiales confeccionados para la fecha, verdaderos bodrios faltos de imaginación y de mesura. En una caldosa incomible, se han mezclado canciones, personajes históricos y menos históricos, bailes, humor, héroes prefabricados, escritores, magos, gacetilleros, espías, artistas plásticos, agentes, amas de casa, obreros, campesinos, etcétera, todos como en un gran coro, repitiendo las mismas consignas de cada nuevo aniversario, sin siquiera actualizarlas, como está de moda.

En los ambientes familiares, la realidad ha sido otra: comentarios sobre lo mala que está la situación, los cada vez más altos precios de los artículos, la agobiante ineficiencia estatal generalizada, la necesidad de urgentes cambios y el brindis, rayando las doce de la noche, porque se acaben de realizar. Faltaron las doce uvas, pero se descorchó una que otra botella de sidra ya que, a pesar de su tragedia, al cubano le gusta celebrar la Nochebuena y la Navidad y esperar el Año Nuevo, lanzando su balde de agua a la calle. Es una enraizada tradición y, como está más que demostrado, las tradiciones no se pueden suprimir por decreto. Aquí, como en muchas otras cuestiones, el voluntarismo también fracasó estrepitosamente.

Con los primeros días de enero, las aguas comienzan a tomar su nivel, y la lucha diaria por la sobre vivencia se impone, con sus pequeños y grandes problemas. Terminó un año más para todos, y comienza uno nuevo cargado de incertidumbre. El deseo generalizado es que se materialicen las esperanzas de la mayoría por una vida mejor.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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