Algo que aún falta

Foto Rebeca

He seguido con interés lo publicado sobre la preparación previa al Octavo Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional, así como las Sesiones mismas, no porque esperara algún tipo de novedad, sino para constatar si el discurso virtual (aceptar las opiniones diferentes, no pretender la falsa unanimidad, etcétera) se correspondía con el discurso real. Desgraciadamente no ha sido así: parecen continuar imperando los métodos burocráticos y, aunque la crítica parece ser un poco más generalizada, sigue siendo epidérmica. Hasta el mismo Presidente de la Asamblea, al presentar un proyecto de acuerdo a votación, ha exigido a los diputados que se apruebe por unanimidad, ¡Con tales truenos no hay quien duerma! Así ha sucedido, aunque todo el mundo sabe que la unanimidad no existe ni en la familia., mucho menos en un órgano legislativo nacional. La complacencia sobre lo logrado, a pesar de las dificultades y del injusto bloqueo, ha estado presente, acompañada de lo que se hará en el próximo año.

En el discurso de clausura, además de las felicitaciones de rigor, se incluyeron algunas amenazas algo habitual cada año-, esta vez contra los corruptos de cuello blanco. Es verdad que la corrupción ha sentado plaza y es una lacra que debe ser extirpada, pero no se logrará atacando solo al fenómeno y no sus causas: mientras los salarios y las jubilaciones no permitan a los ciudadanos y a sus familias una vida decorosa, no disminuirá la corrupción ni se convertirá en un fenómeno aislado. La represión no resolverá el problema, como no sea llenar las prisiones de nuevos inquilinos. Además, esta denominación de cuellos blancos, me recuerda la de las batas blancas, desatada por Stalin en la extinta URSS, cuando acabó con profesionales de la medicina y científicos. ¿Será un renacer de las desprestigiadas purgas del socialismo? Honestamente, espero que no, y que constituya solo una simple coincidencia de denominaciones. Existían expectativas sobre la necesaria y esperada reforma migratoria, pero parece que, si se realiza, será con cuenta gotas y sin plazos determinados. Como dice un viejo refrán las cosas de Palacio andan despacio.

Volviendo al discurso de clausura, lo más interesante ha sido el anuncio del indulto de cerca de dos mil novecientos sancionados, independientemente de cuales hayan sido sus razones reales -¡ojalá sea el preludio de un clima de tolerancia y de tranquilidad ciudadana!-, y el anuncio de la visita del Papa antes de la Semana Santa. Sin embargo, algo aún falta. Al comenzar el nuevo año, está latente una realidad que no debe ser ignorada: los dirigentes históricos ya han consumido su tiempo político y se les está acabando su tiempo físico (la mayoría tiene ochenta y más años) y, hasta ahora, al menos públicamente, no se vislumbra ningún relevo responsable real. Conjuntamente con la actualización económica del modelo, urge la necesidad de su actualización política, algo insoslayable para el bien de la nación. Cuba no es Corea del Norte, donde el poder ha pasado de padre a hijo y a nieto, como si fuera una dinastía divina. Nunca hemos tenido esta nefasta tradición.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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