Extraños arrendamientos

Fotos Peter Deel

Comercio Interior, como organismo (ministerio) de la Administración Central del Estado, es un aporte netamente socialista. Durante la República no existió como tal ni con sus misiones. Creado para controlar y distribuir la miseria, su inventario material se conformó con los negocios, comercios, almacenes y otras instalaciones que fueron intervenidos o nacionalizados, antes y durante la tristemente célebre ofensiva revolucionaria de la década de los años sesenta, que liquidó la propiedad privada que aún existía, estatizando desde una tienda por departamentos hasta un puesto de frita o un sillón de limpiabotas, para hacerlos desaparecer, en una muestra relevante de incapacidad para administrar y de ineficiencia para prestar servicios. Ejemplos vivientes son las oscuras, antihigiénicas y destartaladas bodegas que aún sobreviven, bien lejanas de los establecimientos que un día fueron.

Con un historial de fracasos, independientemente de quien lo presidiera, este organismo ha experimentado los más absurdos métodos y formas de venta y de prestación de servicios, cada cual más descabellado que el anterior, desde turnos por teléfono para efectuar compras o recibir servicios, hasta cupones, casillas en libretas de productos alimenticios e industriales, productos convoyados, extensas e insufribles colas, etcétera, hasta llegar al momento actual en que, presionado por la crisis económica, se ha visto obligado a ceder a particulares algunas pocas de sus funciones las mínimas-, principalmente en el área de los servicios, comenzando con el arrendamiento de locales para peluquerías y barberías.

Estos locales, la mayoría en pésimas condiciones y con equipamiento obsoleto, dejados destruir durante décadas, se arriendan mediante contratos hasta por 10 años, con un límite no superior de hasta tres sillones por establecimiento. ¡Algo es algo para empezar! Lo absurdo radica en que la Empresa de Servicios Técnicos, Personales y del Hogar (¡vaya nombrecito!) del susodicho organismo, quien siempre ha demostrado su incompetencia, continúa administrando los inmuebles patrimonio estatal y los medios que se incluyen en el contrato de arrendamiento.

Me pregunto: ¿Cómo puede el arrendatario invertir para mejorar el inmueble y su equipamiento? ¿Se ocupa la Empresa de esto? ¿Necesita de la aprobación de ella? Realmente, no entiendo como pueden convivir dos administraciones en un mismo inmueble: una real y otra virtual. A la burocracia gubernamental le cuesta mucho trabajo desprenderse de sus posesiones, y siempre tratará de mantener un cordón umbilical de control. Lleva demasiados años de dueña absoluta, aunque incompetente, y no se resigna a perder sus privilegios. Si no se acaba de cortar de una vez este cordón, el fracaso seguirá tocando a nuestras puertas, en cualquiera de estos enrevesados nuevos sistemas de gestión.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Extraños arrendamientos

  1. Periquito Perez dijo:

    Sr. Damaso, Ud. le a dicho al pan pan y al vino vino, es evidente que le gesta revolucionaria que fueron capaces de derrocar a una tirania, son completamente incapaces de gobernar a un pais.

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