Entre indisciplinas, groserías y vulgaridades

Foto Rebeca

Salir a la calle es tropezar constantemente con la indisciplina social, la vulgaridad y la grosería. No es un problema de barrios ni de edades, ni siquiera de sexos: sucede igual en la Habana Vieja, en Centro Habana, en El Cerro, en El Vedado o en el Nuevo Vedado, tanto entre niños como entre jóvenes, adultos y hasta ancianos, sean estos de uno u otro sexo. Las denominadas malas palabras (algunos plantean que no existen, sino que dependen de cómo se emplean), y cuando digo malas palabras me refiero a las más groseras y soeces imaginables, se escuchan formando parte de cualquier conversación en voz alta, lo mismo en un ómnibus, que en un comercio, un policlínico, una escuela o simplemente en la calle, sin importar quienes estén presentes, sean mujeres o niños, como si en el idioma español fueran las únicas existentes. A veces, pobremente enmascaradas, hasta forman parte de las letras de algunas canciones de gran difusión.

¿Qué sucede? ¿Es qué el deterioro social también está tocando fondo? Una persona que me es muy cercana, me dice a menudo: La miseria material genera miseria moral. Creo que tiene mucha razón. ¿Para qué sirven tantas universidades, institutos, escuelas, etcétera, si sus egresados y educandos demuestran día a día, falta de civilidad (una palabrita de moda) y grosería y vulgaridad extremas? La instrucción puede que sea buena, pero la educación es pésima. Aclaro que no es sólo un problema de los jóvenes, sino también de los adultos, que se han dejado arrastrar por la mala moda. Entre muchas cosas perdidas ¿se habrá perdido también la vergüenza?

Para vivir civilizadamente en sociedad, hay que respetar las normas sociales. Nadie tiene derecho a violarlas y, peor aún, a imponer sus violaciones a las demás personas. La gritería, la marginalidad, la vulgaridad, la falta de respeto, la indisciplina social y otros muchos males, parecen haber sentado plaza en la ciudad y, por lo que se ve (nadie hace nada contra ellos), pretenden lograr derecho de residencia permanente. A las autoridades correspondientes parece no interesarles el asunto: mientras no contenga implicaciones políticas, se hacen de la vista gorda. Por este camino erróneo, la convivencia ciudadana se vuelve cada día más difícil, sin hablar ya de robos, atracos en la vía pública y hasta agresiones físicas, que no faltan en esta viña del Señor.

Parece ser que, por ahora, la única solución del ciudadano es quedarse en casa, convertirse en ermitaño y salir a la calle lo menos posible. Sin embargo, todos sabemos que esa no puede ni debe ser la solución. Algunas personas responsables, desde hace tiempo, vienen alertando sobre estos fenómenos negativos, pero no se les ha hecho caso. Hasta ahora ha sido como arar en el mar, con algún que otro mensaje aburrido en la televisión, o un articulito en algún diario de vez en cuando. ¿En algún momento se prevé comenzar la actualización social del modelo, para enfrentar responsablemente estos males de nuestro socialismo?

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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