¿Otra Comunidad más?

Culminaron las labores de la Cumbre fundacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en la cual la mayoría de los presidentes, primeros ministros y jefes de delegaciones de los países participantes, se pronunciaron por la libertad necesaria, el respeto a la diversidad, la integración por encima de las diferencias, la solución pacífica de los problemas, la cooperación y la solidaridad, como garantes del presente y futuro de dicha asociación. Hicieron hincapié en el momento actual y en el venidero, no malgastando ni palabras ni tiempo en recorridos históricos. Sin embargo algunos, como era de esperar, atados aún por absurdos amarres ideológicos, se regodearon en el pasado, señalando culpables externos e internos de nuestras dificultades, repitiendo manoseadas estadísticas que nada dicen al ciudadano común, y centrando todas las tragedias de la región en las metrópolis coloniales de antaño y en las potencias imperiales de hoy, olvidando que nuestra historia común también está llena de mesías, caudillos, profetas, tiranos, dictadores, demagogos y una pléyade de personajes incapaces y estrafalarios, grandes responsables de nuestra miseria y subdesarrollo, quienes nos han llevado a luchas fratricidas durante años, haciéndonos perder vidas, recursos y tiempo.

Es bueno que los países denominados del Sur se unan, así como los del Caribe, pero sería aún más saludable e importante que esta unión abarcara toda América, desde Alaska hasta la Patagonia. En definitiva, pésele a quien le pese, somos un solo continente. Establecer, desde ya, nuevas exclusiones de países con quienes comerciamos y nos relacionamos por su cercanía geográfica y, además, por historia y cultura compartidas, no ayuda ni al respeto, ni a la comprensión, ni a las buenas relaciones económicas y políticas. Presupone un enfrentamiento que, según los vaivenes históricos (como ya ha sucedido), unas veces será mayor y otras será menor, pero existirá.

Además, lo que se plantea para mantener la Comunidad respeto de las diferencias, aunar voluntades, defensa de la libertad y soberanía nacionales, solidaridad, etcétera- debería también exigirse a los gobernantes para con sus ciudadanos en el plano interno. La política exterior y la exterior no deben andar por rumbos diferentes, como tan a menudo sucede.

Bienvenida la CELAC, siempre y cuando sus acciones respondan totalmente a los intereses de los ciudadanos de los países que la integran, y no se convierta en un instrumento más de los intereses particulares de gobernantes y camarillas que, en su momento, detenten su presidencia. El tiempo y los hechos dirán la última palabra.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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