Consejos absurdos

Foto Peter Deel

Muchas veces he planteado mi insatisfacción con el periodismo que se hace en Cuba. Debido a su carácter eminentemente oficial, este transita por el trillado camino de ponderar todo lo gubernamental, autocensurándose y aceptando la censura como algo normal, ya que todo lo que se escriba, muestre o diga, debe estar dirigido a la defensa incondicional del modelo impuesto. Aquí la información no se busca para su publicación, sino que se recibe de arriba para ser publicada. Cuando aparece un material crítico sobre algún tema, el mismo no se debe a la iniciativa personal de algún periodista o de algún órgano de prensa, sino que responde a indicaciones del aparato de control político, por considerarlo beneficioso en ese momento específico, por motivaciones externas o internas. Esta es la razón de algunos espacios críticos, aparecidos en los últimos tiempos en diferentes medios de comunicación masiva.

Esta, que es una verdad de Perogrullo aunque no se dice, tal vez sin darse cuenta, ha sido develada por uno de los más connotados gacetilleros oficiales, en una entrevista que le realizaron recientemente. Este periodista, sin el menor pudor, plantea absurdos tales como: Primero que todo, para ser periodista hay que ser revolucionario. Si tú no eres revolucionario no puedes ser periodista. Mi tesis es: todo lo que perjudica a la Revolución, yo no lo hago, no lo publico. Lo que beneficia a la Revolución eso es lo que publico. No creo en que el periodista tiene que ser objetivo e independiente. No existe la palabra censura en mi trabajo, me censuro yo. Considero que, como botón de muestra, es suficiente.

No cuestiono su fidelidad incondicional al modelo y a sus creadores. Tampoco su elevado fanatismo, ni su estrecha concepción del contenido del término revolucionario. Entiendo que cada persona es libre de pensar y actuar como lo estime pertinente, dentro de los cánones sociales: esa es la tolerancia a la que aspiramos y defendemos. Sí cuestiono, que estos conceptos dogmáticos trate de deslizarlos como preceptos a seguir por otros, y que estas barbaridades se publiquen en un órgano de prensa juvenil, donde debiera primar un pensamiento fresco, nuevo, renovador. Si estos son los consejos que este gacetillero tiene para los jóvenes, a pesar de decir que los respeta, Dios nos coja confesados.

Estos planteamientos, repetidos con demasiada regularidad, demuestran la necesidad de mantener otros espacios verdaderamente objetivos e independientes, para analizar nuestra realidad y hacer propuestas coherentes, sin dogmatismos ni ataduras fanáticas de ningún tipo, que aporten a la solución de los problemas que nos afectan a todos.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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