Legalizar las ilegalidades

Fotos Rebeca

Los dos Decretos-Leyes aprobados sobre la Compra-Venta de Vehículos Automotores y de Viviendas, a pesar de la propaganda organizada a su alrededor, para convencer a la población de que representan importantes pasos en la política de actualización del modelo, constituyen en realidad más ruido que nueces, ya que no van más allá de una simple legalización (con decenas de años de retraso), de las ilegalidades cometidas (con decenas de años de adelanto) por muchos ciudadanos, a contrapelo de las absurdas prohibiciones establecidas por las autoridades, demostrando su inteligencia para sortear las arbitrariedades del Estado. Como siempre, las acciones de los ciudadanos se fueron por delante de las medidas estatales. Analizados someramente, ni siquiera restablecen los derechos sobre ambas cuestiones existentes en la República, y que fueron conculcados a partir del año 1959. Al eliminarse sólo una parte de las prohibiciones y no todas, se mantiene el caldo de cultivo para nuevas ilegalidades. Tiempo al tiempo.

Ahora resulta que se mantiene la prohibición de adquirir vehículos nuevos a la mayoría de los ciudadanos, otorgando esta posibilidad sólo a los deportistas, músicos y médicos de alguna misión internacionalista priorizada. Parece que los restantes médicos y los arquitectos, ingenieros, abogados, físicos, químicos, matemáticos, informáticos y otros profesionales son ignorados por el Estado. Los escogidos (no se explican las razones) constituyen, junto con los dirigentes, la nueva clase privilegiada en la sociedad más justa del mundo. Algo parecido sucede con las viviendas, donde sólo se habla de viviendas existentes. ¿Qué sucede si un ciudadano puede y quiere construir su vivienda? Un amigo me decía: el alacrán, aunque se le quite la ponzoña, sigue siendo alacrán. Parece que a los gobiernos totalitarios y a sus dirigentes, tanto de derecha como de izquierda (al igual que al alacrán), tan acostumbrados al ordeno y mando, les es muy difícil por no decir imposible- cambiar y dejar de hacer lo que siempre han hecho, aunque con desastrosos resultados. Según sus erróneas y fracasadas concepciones, deben regularlo y controlarlo todo, y si no todo, al menos una parte, sin cortar nunca el cordón umbilical.

Cuando se ofrecieron las explicaciones por la televisión sobre el contenido de ambos Decretos-Leyes, se omitieron estos detalles, constituyendo por tanto un engaño por omisión. Parece ser que, para resolver realmente los múltiples problemas que afectan a la nación cubana, la única solución es el cambio del modelo. Todo lo demás es simple palabrería y entretenimiento para ganar un poco de tiempo, aunque sean unos meses, unas semanas o unos días. Aplican lo que decía Lampedusa en El Gatopardo: hacer cambios para que todo siga igual. Al igual que estos Decretos-Leyes, cualquier otro que se apruebe posteriormente, por lo que se ve, vendrá lastrado por las mismas concepciones absurdas y obsoletas. Es un problema genético.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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