EL GORDO EN LA CORNISA

La lluvia no había dejado de caer durante toda la noche. Los torrentes corrían calles abajo, y en los abundantes baches se habían formado enormes lagunatos. Los tragantes tupidos no permitían que el agua se evacuara por el alcantarillado. El sistema eléctrico había dejado de funcionar, y una oscuridad absoluta lo cubría todo. Por eso los pasos que se oían resultaban extraños. ¿A quién se le ocurría andar en una noche así? El gordo se encogió bajo la cornisa de la puerta, y recogió aún más sus piernas, tratando de cubrirse todo el cuerpo con el pedazo de nylon, pero era prácticamente imposible, y el agua seguía empapándolo. Minutos antes había pensado en cambiar de lugar pero, analizándolo mejor, decidió permanecer bajo la cornisa. ¡De todos modos ya estaba totalmente mojado, y unas gotas más o menos no cambiarían nada! Sintió los pasos más cerca, y casi detuvo la respiración, para no ser descubierto, pero éstos continuaron de largo y, poco a poco, fueron haciéndose menos audibles hasta dejarse de escuchar totalmente. El gordo levantó la cabeza y observó, alzando ligeramente el nylon: el agua seguía cayendo. Parecía que toda la noche iba a ser así. Si al menos escampara un momento, podría estirar las piernas.

La luz de unos faros iluminó la calle y recorrió las vetustas paredes. El ronronear de un motor diesel rompió el silencio: el vehículo avanzaba trabajosamente, cayendo y saliendo de los baches. Cuando cruzó junto a él, un aluvión de agua y fango lo cubrió, haciéndole saltar y proferir algunos improperios contra el indolente y descuidado chofer. Miró el trozo de nylon: estaba sucio y mugriento. Lo dejó caer en la acera y echó a andar, hundiendo los pies en el torrente. La lluvia le golpeaba el rostro y le corría por el cuerpo. Primero se despojó del viejo chaleco, después de la camisa y así, metro a metro andado, se fue quedando desnudo. Cuando llegó a la avenida que serpenteaba el río, lanzó a éste los zapatos. Siguió andando toda la noche y, cuando el policía lo detuvo, le miró sonriente, mientras recordaba la primera vez que se había bañado bajo la lluvia.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a EL GORDO EN LA CORNISA

  1. Pingback: La Cuba de Raúl Castro en la red « Cuba Nuestra: Ùltimas noticias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s