Andar con “andadores” históricos.

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Nunca he oído ni leído que el Congreso y el Senado de Estados Unidos, al discutir y aprobar una ley o medida, ni el Presidente al firmarla, hayan tenido que invocar a Washington, Jefferson o Lincoln, explicando que lo hacen cumpliendo una idea, un planteamiento o un mandato de ellos. Tampoco sucede así en Italia, teniendo que invocar a Garibaldi, en Francia a Voltaire o Napoleón, en España a los Reyes Católicos o en Rusia a Pedro I, por poner otros ejemplos. Cada generación en el poder se responsabiliza con sus actos, sin fundamentar la razón de ellos en supuestos principios de sus antecesores, por muy importantes y geniales que éstos hayan sido. Se puede concluir que en la mayoría de los países sucede así.

Sin embargo, los gobiernos de algunos países situados al Sur tienen por norma que todo lo que hacen, sea para bien o para mal, responde a principios, criterios, opiniones, etcétera de sus próceres militares y civiles. Son eternos cumplidores de una extraña deuda que éstos no pudieron pagar en el tiempo en que les tocó vivir. Para andar y para ser creíbles necesitan de estos andadores históricos, ya que por si mismos se saben incapaces. Este complejo de inferioridad, confunde a sus pueblos y los convierte en simples continuadores de filosofías y políticas, la mayoría de las veces obsoletas, incapaces de generar algo nuevo acorde con los tiempos actuales.

Sería prudente, y además un gesto de respeto, dejar descansar tranquilos a nuestros próceres militares y civiles en sus tumbas y monumentos, y acabar de hacernos totalmente responsables de nuestros actos. De esta forma, por lo menos, podríamos comenzar a ser respetados por las personas inteligentes, e ir dejando atrás la bien ganada fama de salvajes, primitivos, subdesarrollados, etcétera, capaces de cualquier absurdo, que por años nos ha acompañado. Creo que las jóvenes generaciones lo agradecerían y también las más viejas, incluidas las de los próceres militares y civiles.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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