Dogmas

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Si algo se parece a una religión son los partidos de izquierda, principalmente los comunistas. Su estructura organizativa responde a la clásica pirámide del poder, independientemente de sus buroes políticos, secretariados y comités centrales: en la cúspide el primer secretario o secretario general, que puede designarse de una u otra forma y, a partir de él, todo el engranaje de una maquinaria de relojería, con sus diferentes secretarías, hasta llegar a los simples militantes, agrupados en las llamadas organizaciones de base.

Teóricamente, las iniciativas y propuestas deben partir de esta nivel primario, obtenidas mediante su contacto directo con las masas, ser elevadas por los canales establecidos y, una vez debidamente analizadas y valoradas en las instancias superiores, ser bajadas como acuerdos, resoluciones o indicaciones de obligatorio cumplimiento, basado en el principio del centralismo democrático, que presupone que todo se discute democráticamente pero, una vez aprobado por la mayoría, debe ser cumplido sin excusas ni pretextos, aunque no se esté de acuerdo. Visto así, pudiera hasta parecer justo, pero en realidad lo único que se discute democráticamente son las cuestiones irrelevantes, ya que las cuestiones trascendentales, se imponen desde arriba y no se discuten si no es para apoyarlas, en un aceitado mecanismo de ordeno y mando. Nada más parecido a los dogmas de las diferentes religiones. El primer secretario o secretario general, mientras ejerce el poder, es infalible, y todo lo que hace o deshace lo ejecuta en nombre del partido.

Al igual que en las religiones, existen sus deidades. Recuerdo a un viejo comunista de la barriada de Luyanó, amigo de la familia, que tenía en su habitación, detrás de la cabecera de la cama, colgado en la pared, un cuadro con una descolorida imagen de Lenin. En su billetera llevaba además, para mostrar a sus amigos, una foto del padrecito Stalin, como gustaba llamarle. No existía ninguna diferencia con la imagen del Sagrado Corazón, que mi madre reverenciaba en la sala de la casa, ni con las estampitas de la Virgen de la Caridad y de Nuestra Señora de Lourdes, que yo llevaba en mi maleta escolar, a no ser por la trascendencia real de unos y otros.

Este carácter dogmático de los partidos de izquierda, a contrapuesta de su dialectismo teórico, los ha hecho alejarse de la realidad con una absurda liturgia revolucionaria, y tratar de subsistir en un limbo de revoluciones proletarias y campesinas, correspondientes a épocas ya transitadas y superadas por la humanidad. Una adecuación apresurada de los más oportunistas a los nuevos tiempos, los ha llevado a apoyar revueltas y programas nacionalistas, populistas o indigenistas, pretendiendo la toma del poder a toda costa, aunque sea compartido, en primera instancia.

Entre dogmas de acero y hormigón han quedado los tiempos en que, independientemente de las preferencias ideológicas y políticas, los cubanos se saludaban, conversaban, compartían alegrías y tristezas, bebían juntos un trago en la barra de la esquina y hasta eran fanáticos del mismo equipo de béisbol. El dogma los dividió, los separó y los hizo enemigos irreconciliables, olvidando que habitan un mismo espacio y tiempo.

Algunas religiones han evolucionado y hoy, en la mayoría de las cuestiones, se ajustan a la época. Otras, hundidas en el abismo de la intolerancia y el odio, promueven la violencia y la deshumanización. Esperemos que la izquierda cubana, para su propia supervivencia, reaccione inteligentemente, se despoje de sus arcaicos y fracasados dogmas y, hombro con hombro con los demás ciudadanos, trabaje en aras del progreso y de la verdadera felicidad nacional.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Dogmas

  1. alberto padilla dijo:

    Los comunistas lo que merecen es que los botemos a patadas por el culo y no dejarles el poder nunca más y declarar de por vida ilegal al partido cochino comunista de cuba. “ABAJO EL COMUNISMO”

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