La ineficiencia como divisa

Foto Rebeca

Si aceptamos como válidas las cifras que las autoridades cubanas dan, sobre la cantidad de profesionales y técnicos preparados durante más de cincuenta años, así como la cantidad de científicos y centros de investigación existentes, no se comprende cómo, con tan inmenso capital humano calificado, todo funciona tan mal y la ineficiencia campea por sus respetos, en todas las esferas de la vida nacional.

Con miles de ingenieros y técnicos agrícolas, con decenas de centros dedicados a la investigación agrícola, cómo se explica que la agricultura sea un caos, un ejemplo de improductividad y de productos de baja calidad, incapaz de satisfacer durante años las necesidades básicas de la población y, menos aún, de producir rubros exportables. El absurdo es de tal envergadura, que ni caña ni café producimos, por citar sólo dos ejemplos, cuando antes, sin tantos profesionales y técnicos preparados, constituían producciones rentables, de alta productividad y calidad, competitivas, y por tanto, capaces de satisfacer la demanda nacional y de exportarse. Hoy, para satisfacer las necesidades de la población, así como otras de carácter social y para el turismo, tenemos que importar hasta vegetales congelados y otros muchos productos.

A qué se debe qué, con tantos ingenieros, veterinarios, técnicos, etcétera, de ser en la década de los años cincuenta, el cuarto país del mundo en cabezas de ganado vacuno por habitante (6 millones de cabezas contra 6,6 millones de habitantes: 0,9 cabezas por habitante), sólo superado por Brasil, Argentina y Uruguay, con un sacrificio anual de 800,000 reses para el consumo nacional, y constituir la carne de res la preferida y la más consumida por toda la sociedad (1 libra de carne de primera costaba 35 centavos), hoy haya desaparecido de la mesa cubana, y acceder a ella sólo sea posible en CUC (divisa), a precios inalcanzables para la mayoría de los ciudadanos, que además, no cobran sus salarios en este tipo de moneda. Actualmente, con más de once millones de habitantes, la masa ganadera no alcanza los tres millones de cabezas de ganado vacuno.

Con miles de especialistas y técnicos preparados en el país, y anteriormente en el extinto campo socialista, nuestras industrias han desaparecido y prácticamente todo hay que importarlo, desde caramelos y galletas hasta detergentes y decenas de otros productos. Todo antes se producía aquí, constituían fuentes de trabajo y, por su cantidad y calidad, cubrían la demanda nacional y hasta se exportaban. Sólo hay que visitar una tienda que venda en CUC (divisa), para comprobar que el mayor por ciento de productos en oferta es de importación. Igual sucede en las de ropa, calzado, artículos de ferretería, etcétera.

No se puede decir, como se ha venido repitiendo durante muchos años, que antes todo lo importábamos y que aquí no se producía nada: los hechos demuestran todo lo contrario y que esto no es más que una falacia, para tratar de ocultar el fracaso de un modelo, que sólo ha traído miseria a la nación. Lo falso de este planteamiento, además de en la memoria de quienes vivimos y trabajamos en esos años, se encuentra en las instalaciones industriales, agrícolas y ganaderas desactivadas y en ruinas, existentes a lo largo y ancho del país, tanto en pueblos como en ciudades, y en los miles de documentos históricos y publicaciones, que muestran otra realidad bien diferente. Si se quiere conocer sobre ello, sin tener que hurgar en documentos y publicaciones (algo bien complicado en nuestro entorno), pueden consultarse las 551 fichas publicadas en el libro Los propietarios de Cuba 1958, de Guillermo Jiménez, publicado en el año 2006, las cuales demuestran fehacientemente las principales instalaciones agrícolas, ganaderas, industriales y otras, existentes en el país para ese año, que prácticamente cubrían la mayoría de las necesidades nacionales. Es llamativo que, de éstas: 37 pertenecían a extranjeros (de origen) de diferentes países, radicados en Cuba con familias cubanas, 65 a españoles con iguales características y 449 a cubanos. Sería interesante conocer, de éstas propiedades intervenidas ó nacionalizadas, cuántas siguen funcionando hoy, siendo fuentes de empleo (deben ser un mínimo), y cuántas han sido sustituidas por otras más productivas (por todo lo que importamos, imagino que muy pocas). Resumiendo: la mayoría del capital agrícola, ganadero e industrial, creado durante la República y existente en 1958, se ha perdido.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a La ineficiencia como divisa

  1. Aún así, con todas estas evidencias tan palpables, hay miles y miles, sino millones de Europeos, Canadienses, Estadounidenses y Latinoamericanos que siguen insistiendo en que el sistema cubano, es el sistema a seguir.
    ¿Como se explica eso?
    Van ciegos hacia el desastre, como ganado al matadero.

  2. Angel Martinez dijo:

    Gracias por este post que resume la historia de los Castros en Cuba,ya no encuentro palabras para describir el crimen tan grande cometido por estos oportunistas.Que la Historia los condene ya que nosotros no fuimos capaces de hacerlo.

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