Politización al cuadrado

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En la vida de todos los seres humanos, existen una serie de hechos que se repiten sistemáticamente, llegando a convertirse en cotidianos y hasta intrascendente: forman parte de los días, semanas, meses y años de cada persona. Estos hechos, normalmente son ajenos a la política y a la ideología. Entre ellos se encuentran levantarse, desayunar, estudiar, trabajar, almorzar, descansar, cenar, pasear, divertirse, dormir, etcétera. En el caso de Cuba, no es exactamente así: aquí todo transita al través del tamiz político, aún los aspectos más inconcebibles de la vida humana. Existen dos palabras de culto: patria y revolución.

El cubano que viaja al exterior, debidamente autorizado, no sale ni entra al país, sino a la patria. Si recorre el territorio nacional, recorre la patria. Cuando ejerce su derecho al voto, no lo hace por un candidato, aunque sea directa o indirectamente impuesto, sino por la patria. Si es patriota, todos los restantes ciudadanos que no comparten sus ideas son antipatriotas, en el mejor de los casos. Cuando asiste al estudio o al trabajo, va a cumplir con la patria. Si se divierte o se recrea, lo hace en saludo a la patria.

Esta absurda politización alcanza hasta lo hechos más superfluos: al levantarse, enciende el radio o la televisión para conocer que sucede en la patria. El café mezclado que bebe leche no le corresponde por tener más de siete años de edad-, forma parte de la cuota subvencionada por la revolución. El caminar, debido a las dificultades con el transporte, es un sacrificio que realiza por la patria. La tarea que ejecuta, no la hace por el salario sino por ayudar a la patria. Las reuniones, mítines y marchas en que participa voluntariamente, se organizan en defensa de la patria y la revolución. El dinero que entrega del magro salario que recibe, para pagar el sindicato, el partido, el CDR, la UJC, la FMC, etcétera, lo da por la patria. Cuando falta la electricidad, el gas o el agua, sucede por las agresiones que sufre la patria. La atención médica y la instrucción escolar, altamente deficientes, son conquistas de la revolución.

Cuando, después del trabajo, cansado, se sienta delante del televisor para disfrutar de un programa cualquiera, antes, en su contenido o al final, se hace alusión a la revolución y a la patria. El niño que nace, abre los ojos a la patria, gracias a la revolución, y el enfermo que sana, lo debe también a la revolución, que cuida de todos los hijos de la patria. Los novios se casan para engrandecer a la patria. En el deporte se compite por la patria y las medallas que se ganan son en honor de la patria. Las obras de arte se crean, sobre la base de los principios de la revolución y para gloria de la patria. Los niños crecen para servir a la patria y a la revolución. Cuando se muere, se muere en brazos de la patria agradecida, y lo que fue la vida, queda para siempre en el recuerdo de la patria. Termino aquí, porque tengo una cita con la patria para cumplir una tarea de la revolución.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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