Re-lectura de un importante libro

FotoPeter Deel

Releyendo, ochenta y cuatro años después de su publicación, el importante trabajo del Dr. Ramiro Guerra Azúcar y población en las Antillas, en estos tiempos en que la industria azucarera ha sido desmantelada, me vienen a la mente algunas consideraciones. En primer lugar, el libro utilizo la reedición del año 1935 con un prefacio y epílogo, agregados por el autor- demuestra fehacientemente como el latifundio azucarero, expandiéndose geométricamente, prácticamente acabó con los pequeños y medianos productores, acaparó el mayor por ciento de las tierras cultivables del país, y retrasó el establecimiento de una fuerte red ferroviaria nacional, sustituyéndola por las redes de vía estrecha de los centrales, que les permitían reforzar su dominio sobre inmensas extensiones. Además, trató de convertir al país en una plantación, en interés de los mercados compradores, como ya había sucedido con las restantes islas de las Antillas, principalmente las bajo el dominio británico y holandés.

El mediano y pequeño productor, desplazados por el latifundio, emigraron a los pueblos y ciudades convirtiéndose, los primeros, en comerciantes (dueños de pequeñas empresas de servicios) y los segundos, en obreros fabriles. Esto determinó que en nuestro país la población fuera mayoritariamente urbana. Su éxodo de las labores agrícolas fue suplido por los haitianos y jamaiquinos importados, con más bajos salarios que los que devengaban los nacionales (pero más altos que los que devengaban en sus respectivos países). Como la mayoría eran analfabetos, esta inmigración elevaba el por ciento de analfabetismo en las zonas rurales hasta un 46%, cuando en los pueblos y ciudades era sólo de un 15-18%. Este aspecto no se encuentra tratado en el material analizado, supongo que por ser entonces (1927) un fenómeno incipiente. En segundo lugar, el autor establece una serie de medidas posibles a tomar, con el objetivo de, progresivamente, revertir la situación.

Analizando el primer aspecto, el latifundio en su conjunto, se llega a la conclusión de que el proceso, después del primero de enero de 1959, en lugar de detenerse, se expandió con la expropiación de todos los latifundios y la creación de un gran latifundio estatal, eliminando a todos los productores (grandes, medianos y pequeños) y convirtiéndolos en simples obreros agrícolas asalariados. Unos quedaron enmarcados dentro de las denominadas granjas estatales y cooperativas, y un por ciento mínimo como campesinos privados, sujetos a la presión y arbitrariedades de los funcionarios de la agricultura. De depender de diferentes dueños y compañías, se pasó a depender del Estado, quien se hizo el único dueño y señor de todas las tierras y de sus habitantes.

Con relación al segundo aspecto, quiero sólo detenerme en dos cuestiones: la referente al incremento de los productores pequeños y medianos, y la referente a la importación de mano de obra extranjera (haitianos y jamaiquinos). En la primera cuestión, la solución planteada por el Dr. Ramiro Guerra, al igual que por José Martí en su tiempo, preconizaba el aumento de los pequeños y medianos productores, directamente vinculados a la explotación de la tierra en propiedad, como medida para incrementar la producción y elevar el nivel de vida de la población, única forma comprobada de lograr el desarrollo sostenido y la verdadera independencia. Sin la independencia económica de cada ciudadano no existe independencia económica nacional. Esta verdad fue obviada por el modelo y se eliminó mayoritariamente la propiedad individual de la tierra. He aquí donde hay que buscar la causa de los descalabros económicos de estos años, signados por la improductividad, la miseria y la desolación del campo cubano. Esta política generalizada no sólo se ensañó en las áreas rurales, sino que afectó también las urbanas, liquidando la propiedad de los grandes, medianos y pequeños empresarios establecidos en ellas, convirtiéndolos los que no se fueron del país- en asalariados del Estado.

Algunos datos aparecidos en los últimos días en la prensa oficial, señalan que se les revocó el otorgamiento a 9,000 tenedores de tierra en usufructo, por baja atención a sus áreas y parcelas. También que no se ha distribuido el 30% de la tierra ociosa, y que sólo el 77,1% del total de tierra ociosa distribuida está en labor. Esto coloca entre interrogantes la eficacia del Decreto-Ley 259 para solucionar el problema agrícola. Señores, usufructo es precariedad y no propiedad de la tierra. Sobre la cabeza del usufructuario siempre estará la Espada de Damocles del propietario, sea un particular o el Estado. Así no hay quien produzca. Ha sucedido, multiplicado, lo previsto por el Dr. Ramiro Guerra hace 84 años, y sus propuestas para resolverlo, aún hoy válidas, han sido obviadas.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s