La salud vapuleada

Foto Rebeca

El sistema de salud cubano cuenta con numerosos adeptos en diferentes países del mundo, quienes lo ponderan y lo ponen como ejemplo, basados más en su imagen para el exterior una extraña mezcla de humanismo y propaganda y proselitismo políticos, dónde no es muy difícil determinar cuáles pesan más- que en la realidad interior, padecimiento crónico de la mayoría de los ciudadanos. Se da por sentado, por estos defensores, que es una creación original del régimen cubano, y que anteriormente no existía absolutamente nada, y los problemas de la salud no se atendían ni resolvían. ¡Nada más lejos de la realidad!

El sistema de salud cubano, existente en la década de los años cincuenta, incluía casas de socorro, instituciones hospitalarias municipales, provinciales y nacionales e instituciones mutualistas y privadas, además de laboratorios de investigación y escuelas para la formación de médicos, enfermeros y otros profesionales de la salud, equipados con la tecnología correspondiente y atendidos por profesionales reconocidos y capaces. Además, existía una amplia red de laboratorios para la fabricación de medicamentos, y farmacias abastecidas con todos los necesarios. Sobre este sistema, organizado y funcional, se montó el nuevo. El terreno, por lo tanto, estaba bien abonado y con raíces profundas, y el tronco era saludable. Sólo era necesario atenderlo responsablemente y continuar desarrollándolo. El sistema instaurado funcionó durante los primeros años del denominado periodo revolucionario, para después caer en un proceso de deterioro, que llega hasta nuestros días, donde muchos de los centros hospitalarios, a excepción de los que atienden a extranjeros (por intereses políticos o por divisas) y a dirigentes y funcionarios y a sus allegados, se encuentran en estado crítico, tanto desde el punto de vista constructivo como higiénico, con sus equipos en desuso por roturas y faltas de repuestos, y la atención a los pacientes deja mucho que desear, convirtiéndose en una inconformidad latente de la población, la cual, por su envergadura, no ha sido posible soslayar ni en la prensa ni en las instancias gubernamentales y del partido, donde es motivo de preocupación y debates.

A modo de recordatorio, veamos algunos indicadores del sistema de salud en la época de la República: Cuba ocupaba el lugar 22 entre 122 países, con 128,6 médicos y dentistas por cada 100,000 habitantes. Con 6,6 millones de habitantes, poseía el doble de médicos (6401) que todas las otras naciones caribeñas juntas con 19 millones de habitantes. En 1948 tenía 3100 médicos (l por 1650 habitantes) y en 1957, 6401 (l por 1021 habitantes): por crecimiento proporcional, el segundo lugar en América Latina. El promedio de vida en 1958 era de 63 años (tercer lugar en toda Iberoamérica), habiendo aumentado en la primera mitad del siglo de 38 a 59 años, un nivel superior en 12 años al promedio de la región. La mortalidad infantil (de 0 a l año de vida) era de 32/34 por l000, la más baja de América Latina. Uruguay era el más cercano con 53,6 por 1000. Alemania Federal tenía 33,8, Austria 37,5 y España 43,7 por 1000. Se había producido un mejoramiento progresivo, ya que entre 1935-39 la mortalidad alcanzaba 99 por 1000. La mortalidad entre 1 y 4 años de vida era 2,8 por 1000 año 1957-, la mejor de América Latina. Argentina era el más cercano con 4,9 por 1000. La mortalidad materna era en 1955 de 145 por 100,000, y en 1958 de 115,5 por 100,000. La mortalidad de la población en 1933 era de 51,000, con una población de 3,960,000 habitantes, en 1943 de 50,000 con 4,779,000 habitantes y en 1953 de 37,000 con 5,829,000 habitantes. La tasa anual media, en este aspecto, era de 9,6 por 1000 (segunda en América Latina). El número de habitantes por cama sanitaria era, en 1952-53, de 1 cama por 300 habitantes (quinto lugar en América Latina). A finales de la década del cincuenta era de 1 cama por 203 habitantes. En 1958 existían 337 hospitales en pleno funcionamiento. La distribución de médicos por zonas era la siguiente: zona urbana -1 médico por 263 habitantes, zona rural -1 médico por 1750 habitantes. Constituía la mejor proporción existente (l médico por 1001 habitantes) en toda América Latina, con excepción de Argentina (1 médico por 681 habitantes). Debe tenerse en cuenta que el 70% de la población cubana vivía en pueblos y ciudades y sólo un 30% en el campo. Como se puede apreciar, la atención a la salud existía y era exitosa. Es verdad que había lugares a los cuales todavía no había llegado, debido principalmente a la falta de viales y transporte, pero nadie puede negar que se encontraba en constante desarrollo y, de año en año, mejoraban sustancialmente sus indicadores. No existía inmovilismo ni nada parecido, y se dedicaban importantes partidas del presupuesto nacional anual a ella.

Considero saludable exponer estas realidades ante tanta manipulación, aunque para algunos pueda parecer incorrecto que se critique ésta, una de las banderas del socialismo cubano. Tal y como no es oro todo lo que brilla, ni tampoco es oro todo lo que se oferta como oro, así sucede también con el actual sistema de salud cubano. Lo importante no radica en hacer cientos de trasplantes y miles de operaciones en Cuba y en el exterior (la mayoría fuera de Cuba), ni de publicitarlos constantemente en todos los medios de comunicación masiva, sino en saber cuántos fueron realmente efectivos (de lo cual casi nunca se habla). La masividad nunca ha sido sinónimo de calidad. Además, considero que se debe prestar ayuda a otros países, pero no se puede ser candil de la calle y oscuridad en la casa o, lo que es lo mismo, tener cuchillo de palo en casa del herrero.

Hoy por hoy, la atención médica a los cubanos es altamente deficiente, con prolongadas demoras en su aplicación y con gran escasez de medicamentos, lo cual obliga a los enfermos al conocido y generalizado regalito (en español soborno) antes y después, para lograrla, así como a la obtención de los medicamentos en el denominado mercado negro, a altos precios. Así es como realmente resuelven sus problemas de salud la mayoría de los ciudadanos, y no cómo lo declaran y publican nuestros amigos de afuera. Aspiro a un sistema de salud como el que existía en los años cincuenta, incrementado y perfeccionado con los logros tecnológicos y científicos de los últimos cincuenta y tres años.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a La salud vapuleada

  1. Mario dijo:

    Estimado FERNANDO, cada vez que puedo leo su blog, en estos ultimos en los que habla de la educacion y la salud antes del castrismo me ha impresionado los logros de cuba en esa epoca (naci en el ’71) y no dejo de preguntarme entonces ?Por que carajo la generacion de mis padres que supuestamente deberian conocer eso que usted dice, no detuvieron a tiempo el desastre que los castros provocaban?

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