Palabras “peso completo”

R. Fabelo

A los autócratas, a lo largo de la historia, siempre les ha gustado emplear, al tratar de expresar sus ideas, palabras grandes, altisonantes, voluminosas, de peso completo. Así han sido comunes: irreversible, inamovible, intocable, siempre, eternamente, inquebrantable, indestructible, sólido, impenetrable, indoblegable, etcétera. No es que las busquen en los diccionarios, sino que les caen como gotas de lluvia: forman parte de su visión de la sociedad. Por ello las utilizan sin el menor sentido de la medida y, a veces, hasta para hacer el ridículo.

En tiempos no tan lejanos, el Tercer Reich de Hitler afirmaba su vigencia por mil años y el socialismo, para no ser menos, se declaraba irreversible e iba en pos de liquidar al capitalismo y establecer el comunismo para siempre. Tanto en un desafuero como en el otro, las palabras señaladas eran el denominador común de las campañas propagandísticas, de las consignas y hasta de las intervenciones medulares de sus líderes y adeptos, cada quien tratando de aportar una más contundente, que no dejara dudas sobre la única realidad posible, avalada por la historia y la inteligencia preclara de sus pensadores.

Como las palabras, sino van acompañadas de hechos que las validen, no hacen obra, por más grandes, voluminosas y pesadas que sean, el andamiaje se vino abajo y se hizo añicos, negando lo que durante años se trató de implantar a cincel en las mentes de los ciudadanos, para desarmarlos ante la esperanza de un cambio.

Hoy la realidad es otra. Pretender utilizarlas nuevamente demuestra, en primer lugar, absoluta falta de originalidad y además, no comprender que el desarrollo tecnológico ha sido tal que ha llegado, por una u otra vía, a la mayoría de los seres humanos, y que la información, resultado directo del mismo, es imposible de encerrar en estancos ideológicos, a pesar de todos los recursos y esfuerzos que se dediquen a ello. Un ciudadano bien informado es muy difícil de manipular y engañar.

Sería saludable que quienes acuden a estas fórmulas obsoletas, para tratar de mantener a su rebaño dócil, pusieran los pies sobre la tierra y captaran sus vibraciones, las cuales hoy se manifiestan prácticamente en todo el mundo. Oírlas y sentirlas es de sabios; hacer oídos sordos no es de inteligentes.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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