Los nombres originales

  1. Nuestras autoridades tienen la absurda costumbre de cambiarles los nombres a calles, parques, comercios, empresas y hasta a determinados lugares públicos, de acuerdo a sus intereses políticos coyunturales. Así, la Avenida de los Presidentes, en El Vedado, construida en tiempos de la República y dónde debían aparecer los monumentos, estatuas o bustos de los distintos Presidentes cubanos, degeneró en una mal llamada Avenida de los Presidentes Latinoamericanos (no de todos, sino de los allegados). Anteriormente el lugar dedicado a los Presidentes Americanos (vista América como un todo), era el hermoso Parque de La Fraternidad, a un costado del Capitolio. En esta conversión, a Estrada Palma (el primer Presidente) sólo le dejaron los zapatos sobre el mármol cerca del Hotel Presidente, muestra descollante de vandalismo cultural, y a José Miguel Gómez lo salvó, en la unión con la Calle 29, el que su monumento fuera muy voluminoso. Los espacios previstos para los restantes, han sido ocupados por estatuas o bustos (algunos bastante mal ejecutados artísticamente) de Bolívar, Alfaro, Torrijos, Allende, etcétera, en una extraña mezcolanza histórica.
  2. A la Avenida de Carlos III, desde hace tiempo se le ha impuesto el nombre de Salvador Allende, aunque sólo una ínfima minoría la denomina así. Igual sucede con Reina (Simón Bolívar), Galiano (Padre Varela), Monte (Máximo Gómez) y otras, que todos denominan por sus nombres originales. Esto se extiende a los espacios deportivos, donde la mayoría de los estadios de béisbol tienen nombres que nada tienen que ver con este deporte, al igual que piscinas, instalaciones para baloncesto, voleibol y otras donde, por lógica elemental, deberían primar los nombres de figuras destacadas en los mismos.
  3. Por estos días llamó mi atención un acto político realizado en el Parque Acapulco, en el Nuevo Vedado, al cual en una de sus esquinas le han adosado un poco imaginativo, totalmente ajeno al diseño del parque, monumento dedicado al líder vietnamita Ho Chi Minh. Ahora resulta que lo han rebautizado como Parque Ho Chi Minh (cuando inauguraron el monumento, le llamaron Parque de la Libertad). En dicho acto, que se repite exactamente igual cada vez que nos visita un vietnamita importante, participan por plantilla sólo los alumnos de una escuela secundaria cercana, de completo uniforme, estudiantes vietnamitas que cursan estudios en Cuba y unos cuantos funcionarios escogidos. Un montaje político que los transeúntes observan extrañados, ya que no tiene nada que ver ni con ellos ni con el barrio. No sé si los vietnamitas se habrán dado cuenta.
  4. Sin lugar a dudas, las autoridades de la ciudad y del país tienen el derecho de ponerle los nombres que consideren a avenidas, calles, parques, etcétera, pero, por favor, constrúyanlos primero, y no se dediquen , por ser la vía más fácil y menos costosa, a cambiar los que ya existen y son, por tanto, históricos. Para mí y para los vecinos que vivimos en el Nuevo Vedado, el Parque Acapulco fue, es y siempre será el Parque Acapulco. Igual, pienso, sucede con los vecinos de otros lugares.
  5. Estos nombres forman parte también de la tan pregonada identidad nacional. Constituyen el patrimonio de barrios, repartos y ciudades. Cambiarlos, por conveniencias políticas coyunturales, demuestra falta de respeto a los ciudadanos (a los cuales no se les consulta), a quienes realmente pertenecen, por residir en su entorno y, además, poca cultura y civismo. La defensa de la identidad nacional se demuestra con hechos y no con discursos. Esperemos que esta nefasta práctica, fracasada dondequiera que se ha intentado imponer (San Petersburgo siempre será San Petersburgo) cese de una vez por siempre, dejando de complicarle la vida a nuestros futuros historiadores con tantos nombres cambiados, a los cuales pocos les hacen caso.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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7 respuestas a Los nombres originales

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