El país de mis nietos

Algunas veces me he detenido a imaginar el país que desearía fuera Cuba, en el futuro de mis nietos. En primer lugar, y lo planteo con absoluta franqueza, no debería parecerse al actual, ni al en el que he tenido que vivir los últimos cincuenta años, independientemente de las alegrías y tristezas que me ha dado.

  1. Apostaría por un país con una Constitución coherente, donde a cada ciudadano, sin importar su ideología, credo político o religioso, sexo, preferencias sexuales, raza o situación económica, se le respetaran y pudiera ejercer plenamente todos sus derechos; por un Estado justo, responsable, estricto cumplidor de las leyes y velador de su cumplimiento, que no se inmiscuyera en la vida privada de los ciudadanos, mantenedor de la armonía social y de la paz, y que asegurara la salud y la educación a todos, considerándolas como su obligación y no como una dádiva; por un sistema económico que permitiera el libre ejercicio de la iniciativa individual, creadora de riquezas, y no pusiera obstáculos a la realización de los proyectos de vida, donde cada quien fuera capaz de aportar su talento y trabajo y, honradamente, recibir y disfrutar de sus beneficios; por una sociedad próspera y en continuo desarrollo, donde el bienestar nacional sea la más alta prioridad, y donde los gobernantes se releven en los plazos constitucionales establecidos; por un país con instituciones armadas mínimas, sólo las imprescindibles para la seguridad nacional y el mantenimiento del orden, donde el respeto al prójimo sea un deber.
  2. Tal vez, para algunos, todo esto no sea más que una utopía, pero estoy convencido de que una nación así es posible, si aprendemos de nuestros muchos errores, y nos damos a la tarea de asegurar que nunca más se repitan. Para ello es necesario crear y consolidar instituciones democráticas fuertes y saludables, que sean respetadas por todos, donde no puedan cobijarse ni oportunistas ni enfermos de poder. Una sociedad moralmente sólida, sólo es posible cuando la mayoría de sus ciudadanos posean y ejerzan su conciencia cívica, y sean capaces de evitar, con sus actos, cualquier tipo de desviación.
  3. El trabajo para lograrlo será duro y difícil. Es mucho lo negativo acumulado en lo material y espiritual. En lo primero, tal vez sin desearlo, la cruda realidad ha ido desmontando mitos y barbaridades cometidas durante años. El camino se va limpiando con el paso de los días. Falta lo que es necesario construir, lo nuevo, lo diferente.
  4. Reinventar una nación, después de tantos años malgastados, y de la lejanía de sus ataderos históricos, requerirá de dedicación y sacrificios. Existen generaciones perdidas y otras agotadas o al punto de estarlo, pero también generaciones pujantes, ansiosas de los cambios necesarios, dispuestas a lograrlos, a pesar de todas las dificultades. En ellas, tal y como lo hizo José Martí en su tiempo, debemos confiar.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a El país de mis nietos

  1. Fernando yo estudié en los Escolapios de La Habana, que coincidencia…y acabo de tener el placer de hacer la traducción al inglés de su hermoso e idealista artículo. Parece que hay una tendencia entre los cubanos de la isla a idealizar demasiado la democracia, y no los culpo, después de haber vivido más de 52 años en un régimen totalitarista . En la práctica incluso entre las sociedades más democráticas no sucede con tanta armonía y fraternidad, los partidos políticos son más bien rivales acérrimos que discuten y se vituperan los unos a los otros. El resultado de las leyes aprobadas es tan distorsionado que no se parece casi en nada a la propuesta inicial. De todas formas la democracia trabaja mucho mejor y más eficientemente que la dictadura militar que los Castro nos han impuesto por más de medio siglo, para vergüenza nuestra. Eso sí la democracia acarrea algunos males que tenemos que pagar como precio cuando todos los ciudadanos somos iguales ante la ley y el derecho. Aunque reitero cualquier cosa es mejor que eso que le llaman gobierno en Cuba.

  2. Pingback: Marmalade

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