El “rescate” de un término manipulado

  1. Según los diccionarios, revolucionario es aquel que favorece o provoca un cambio completo. Está directamente relacionado con lo nuevo, lo de vanguardia, nunca con lo viejo y obsoleto ni con lo retrógrado. En Cuba, en las diferentes épocas, era quien luchaba por las nuevas ideas en oposición a la viejas, quien se proponía cambiar lo que no funcionaba y sustituirlo por algo mejor, diferente. Una posición justa que, al caer en excesos y contradicciones en los últimos años, hipotecó tanto el presente como el futuro.
  2. Las autoridades, desde los primeros momentos de su establecimiento, se apoderaron del término y, haciéndolo propiedad privada, le dieron una única connotación ideológica y política, en función de sus intereses. En primer lugar, se decretó su carácter dogmático: se era o no revolucionario. No existía ninguna posibilidad de cambio ni de transformación con el paso del tiempo. Igual sucedió con otras palabras como patria, nación, soberanía, independencia, etcétera: todas quedaron vinculadas directamente al poder establecido y su utilización era privativa de éste.
  3. Sin embargo, como todo se encuentra en constante proceso de transformación, lo que una vez fue nuevo y de vanguardia envejeció, y se convirtió en un obstáculo para el desarrollo de otras ideas, que venían a suplantar las anteriores, ya caducas y por tanto necesitadas de ser sustituidas. Al tratar de mantener el carácter irreversible del término a toda costa, aunque ya no significara lo mismo que hace cincuenta años, se creó una situación absurda donde sus actuales portadores, en lugar de representar lo nuevo, representan lo viejo, lo que es necesario cambiar.
  4. Lo sucedido forma parte del desarrollo dialéctico: todo cambia y lo que fue en un momento, con el paso del tiempo ya dejó de serlo y es suplantado por algo nuevo que también, con el paso del tiempo, será suplantado y así sucesivamente mientras el mundo exista. Ser revolucionario no es un título nobiliario que se otorga de por vida, ni tampoco que se traspasa a los descendientes. Es, en primer lugar, una posición cambiante ante la vida, también cambiante.
  5. Aunque el término, de tanto utilizarse y hasta adornarse (revolucionario integral, revolucionario firme, revolucionario consagrado, revolucionario cabal, etcétera), no goza de mucho prestigio ni de popularidad entre las generaciones más jóvenes, es conveniente rescatarlo y devolverle su significado real, eliminándole el óxido político e ideológico que le ha quitado su brillo. Ser revolucionario hoy, es estar por el cambio, por lo nuevo, por lo de vanguardia, por lo que representa el desarrollo y la prosperidad, tanto individual como de la nación, y no aferrarse al pasado, a lo obsoleto, a lo que ha fracasado.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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3 respuestas a El “rescate” de un término manipulado

  1. Fernando , que vivan Los Aldeanos !!! portadores del deseo de cambio de la juventud olvidada , traicionada y hambrienta de libertad , yo creo que son los mas limpios del juego , no creen en el sistema y tampoco se dejan manipular , son el nuevo hombre , sin ataduras ni compromisos con nadie , asi es como lo veo , una especie de escepticismo , con todas las mentiras de Pinocho , y los de antes tambien , le quitaron la inocencia y la esperanza a la juventud , !!! ya la vejez queda para el cementerio , Saludos Cordiales , Guillermo Navarro

  2. Pingback: The Rescue of a Manipulated Term | Marmalade

  3. Ángela dijo:

    Gracias Fernando por obsequiarnos con un texto tan lleno de matices, tan didáctico. Un auténtico gozo el descubrirte precisamente disertando sobre este término, palabra para mí cargada de intensidad y pasión, y que lamentablemente la fagocitaron, la engulleron y desposeyeron de su verdadero significado, quedando fosilizada en los discursos de los petrificados combatientes de la patria . Recordemos al filósofo presocrático Heráclito, fundador de la dialéctica-filosofía del cambio- y resucitemos los verdaderos orígenes del término “revolución” para así devolverle -como tan acertadamente apuntas- su significado real. Aprovecho estos mágicos minutos para sacudirle el polvo y el óxido político también a la democracia y apostar por una Democracia Real Ya -Spanish revolution- Reinventemonos, deconstruyamos y practiquemos el ejercicio de “pensar” – verbo éste bastante en desuso- y ale! a revolucionar de verdad.

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