Pobreza del lenguaje

  1. Cuando se escucha la radio, se ve y oye la televisión y se lee la prensa, se llega a la conclusión de que los cubanos, al menos los que tienen algún protagonismo en estos medios de comunicación o son entrevistados, han dejado de pensar y se dedican a repetir viejas consignas y frases comunes, mejor si precisamente han sido dichas por alguien importante. Es el síndrome de la incapacidad de manifestarse por cabeza propia y, al mismo tiempo, de autocensurarse, cuidando de no traspasar los límites establecidos.
  2. Como muletillas, cada vez que se dice o escribe algo, se antepone el consabido como señaló el compañero en su discurso del etcétera. Es como una coraza protectora para no caer en desgracia, diciendo o escribiendo algo que no haya sido autorizado. La responsabilidad original se traslada al compañero en su discurso, y se supone que el que dice o escribe, lo único que hace es reafirmar para los incapaces de entender por si mismos. Aquí se incorporan las consignas que, aunque no aportan nada importante, suenan bien a los oídos receptivos, entrenados durante años de manipulación mediática.
  3. Cuando alguien, por estar cansado de oír y de leer tonterías, o por equivocación, dice o escribe algo interesante que se sale de lo cotidiano, se crea el escándalo y se susurra en voz baja: viste lo que dijo ¡apretó! o ¡Eso mismo pienso yo!. Hay quienes, más dogmáticos y temerosos, agregan: ¡Le van a pasar la cuenta!. Desgraciadamente, estos casos diferentes son los menos, y es muy difícil escuchar o leer algo verdaderamente interesante, a no ser en los satanizados medios alternativos.
  4. Para muchas personas, principalmente dirigentes, funcionarios y comunicadores sociales, les va a resultar muy difícil, en una sociedad democrática, superar años de repetición de ideas ajenas y de consignas, sin ejercitar sus mentes ni elaborar criterios propios. Puede hasta que caigan en estados depresivos, al no encontrar las palabras que dejaron de utilizar, empobreciendo su léxico. Tal vez hasta se dediquen a esperar por el listado de las palabras autorizadas y también -¿por qué no?- por el de las prohibidas. ¡Los hábitos, con el tiempo, se hacen ley!
  5. Confiemos que, en los nuevos tiempos, tanto unos como otros sean diferentes, y utilizarán libremente toda la riqueza de nuestro idioma, sin camisas de fuerza ni orientaciones de arriba. También los oídos receptivos serán diferentes, habrán crecido cívicamente, y no se escandalizarán ante las verdades, sino que exigirán les sean dichas.
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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a Pobreza del lenguaje

  1. Pedro Graveran dijo:

    Comparto con Ud. sus puntos de vista. Son mancos mentales, pero no existen protesis que alivien su mal.

  2. Pingback: Poverty of Language | Marmalade

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