Un hombre de apellido Wotyla

Ayer comenzó el proceso de santificación del Papa Juan Pablo II, quien con su impronta marcó la segunda mitad del Siglo Veinte y los primeros años del Veintiuno, dejando su transitoria vida terrenal para integrarse a la eterna celestial. Sin lugar a dudas fue un Papa diferente. Peregrino global, llevó su apostolado a los más remotos confines del mundo, siendo escuchado y respetado por creyentes y no creyentes. Carismático, comunicador natural, estableció vínculos de amor y de paz con todos los pueblos, influyendo profundamente en niños y jóvenes, adultos y ancianos de uno y otro sexo.

Le tocó vivir tiempos difíciles y gloriosos, marcados por el fascismo, la Segunda Guerra Mundial, el totalitarismo, la Guerra Fría y el desplome del campo socialista, gigante con pies de barro, utopía erigida a contrapelo de la historia, convertida en tragedia cotidiana para los muchos que la sufrieron y los pocos que aún la sufrimos.

Honesto y exigente consigo mismo y con la doctrina de su Iglesia, siempre habló claro, expresando sus sentimientos y lo que consideraba correcto en cada momento, sin amilanarse ante las opiniones adversas ni dejarse seducir por la aprobación. Polémico, incursionó en todas las esferas de la vida terrenal y espiritual, y su voz fue capaz de llegar a los más disímiles oídos. Papa ecuménico, tendió su mano a todas las tendencias dentro del cristianismo y aún a otras religiones, uniendo en las convergencias, buscando el engrandecimiento de los seres humanos en el amor y en la fraternidad y no en el odio y la violencia.

Desde su natal Polonia se proyectó al mundo y no se cansó de recorrerlo, aún y cuando sus fuerzas físicas decrecían. Igual que en muchos otros países, estuvo entre nosotros. En el luminoso enero del noventa y ocho escuchamos un discurso joven y distinto, diferente del viejo, obsoleto, repetitivo y aburrido de todos los días, enseñándonos a no tener miedo y a tomar en nuestras manos nuestro propio destino.

Sin lugar a dudas, a pesar de nuestra demasiado prolongada tragedia nacional, nos tocó en suerte vivir la época de un Papa trascendental, con el cual los cubanos aún estamos en deuda.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Un hombre de apellido Wotyla

  1. Pingback: A Man Named Wotyla | Marmalade

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s