Un sueño martiano

José Martí, que además de muchas cosas, fue un gran poeta, imaginó una nación ideal con todos y para el bien de todos, bastante difícil de materializar en el mundo real, donde funcionan intereses personales y colectivos, y los seres humanos poseen una amplia gama de sentimientos contradictorios. Esta nación soñada se convirtió en la razón de su existencia y, dedicándole todas sus fuerzas, llegó hasta el martirologio. Echó sus cimientos teóricos, pero no pudo acceder a su realización práctica.

  1. Instalada la República, con sus pros y sus contras, los cubanos más cercanos a la nación imaginada, comenzaron a luchar por ella, pues según pasaban los años su materialización se hacía más compleja. Leales al ideal martiano, la frustración fue haciendo presa de ellos y de quienes compartían sus aspiraciones, y comenzó un proceso de negación de todo lo que se hacía, y no respondía exactamente a lo expresado por el Apóstol. Esta actitud distanció aún más la nación imaginada de la nación real, creando el caldo de cultivo propicio para la demagogia política, la cual se extiende hasta nuestros días.
  2. En lugar de dedicar todos los esfuerzos al mejoramiento y consolidación de la nación real, dotándola con leyes e instituciones que la fortalecieran, acercándola paso a paso, en lo posible, al ideal martiano, la lucha fratricida ensombreció gran parte de nuestro Siglo XX y destruyó lo construido, en un acto de suicidio político nacional.
  3. Tal vez, las metas a alcanzar imaginadas por Martí, estaban fuera del alcance real de los cubanos u, obsesionados por ellas, olvidamos que una nación se construye día a día, sorteando realidades y enfrentando problemas continuos, para la solución de los cuales no existen recetas fijas ni únicas, y que, a veces, se avanza o se retrocede en el camino del desarrollo.
  4. Hoy, refundar la nación es una necesidad insoslayable. No es inteligente seguir perdiendo años y asistir a la frustración de nuevas generaciones de cubanos. La nación soñada mantiene su vigencia como objetivo a alcanzar, pero debemos priorizar la nación real y no caer, como ya nos sucedió, en el error de suplantar la una por la otra. A la nación soñada se llega por el camino de la refundación de la nación real.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Un sueño martiano

  1. carlo casalicchio dijo:

    Cuando yo era joven (ahora tengo 56) creo que el mundo debería ser
    como Cuba. Yo era joven. Romantico. Latino americano y los movimientos comunistas
    todo el mundo utilizan los jóvenes debido a la falta de madurez.
    Un día, un caballero, inteligente, culto, que era amigo de mi padre,
    me pregunto: ¿Dónde en el mundo, el comunismo ha mejorado la vida de la gente? Dónde las dictaduras que sustituye otras dictaduras traído paz y prosperidad a su pueblo?
    Nunca he estado en Cuba, pero tengo respeto por su pueblo. Por su pueblo, no por
    sus opresores. Creo que algún día Cuba será libre y puede decidir su futuro libremente.
    Sé que ese día se acerca. Perdone mi español. Soy brasileño.

  2. Pingback: A José Martí Dream | Marmalade

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s