Mis Nochebuenas de siempre

  1. En mi casa de Mantilla, la Nochebuena siempre fue una fiesta de familia y de amigos. Era la fecha más esperada y, desde días antes, comenzaban los preparativos, comprando los turrones, mazapanes, higos, nueces, avellanas, castañas, vinos, sidras y quesos. Se buscaban frijoles negros y yuca que fueran blandos, y un arroz que desgranara bien. El cerdo se sacrificaba el día anterior y se adobaba, y se llevaba al horno de la panadería en horas tempranas del veinticuatro. Ese mismo día se compraban las lechugas, los rábanos y los tomates para la ensalada, asegurando su frescura. Todo el día era de preparativos para la gran cena de la noche.
  2. En el patio de cemento techado de la parte posterior de la casa, se armaba la gran mesa con largos tablones sobre burros de madera. A su alrededor bancos, también de madera. La mesa se cubría con grandes manteles blancos. Mis tíos aseguraban el barril de cerveza, los refrescos, las manzanas, peras y uvas, además de una que otra botella de vino. El postre de buñuelos y el dulce de coco y de guayaba los confeccionaba Joaquina, la vecina negra cocinera, que era parte de la familia.
  3. Los niños pasábamos el día jugando y ayudando en lo que nos mandaban. También visitando las casas de los amigos, que estaban preparando sus cenas. Mi barrio era modesto, pero en la mayoría de las casas se celebraba la Nochebuena, con más o menos holgura. La alegría era contagiosa y todos los comercios estaban adornados, y en las casas habían árboles de luces y nacimientos. Era un día de felicidad. La música nos acompañaba todo el día.
  4. A las nueve de la noche comenzaba la cena. Participaba toda la familia, más los amigos invitados y los que se aparecían por sorpresa. Se preparaba comida suficiente y siempre había espacio y un plato para el que llegaba. El arroz con frijoles negros, la yuca con mojo, el cerdo asado y las ensaladas eran de consumo general. Se acompañaban con vino y cerveza por los adultos, y con refrescos por los menores. A la hora de los postres se bebía sidra. La cena se prolongaba hasta cerca de las once, cuando íbamos a la Misa del Gallo, en la iglesia frente al Paradero de la Ruta 4. Al regresar, continuaba la fiesta hasta tarde en la madrugada.
  5. A pesar de todo lo sucedido en estos años, y hasta con carencias casi totales, siempre he tratado de celebrar la Nochebuena. Dispersas las familias por el éxodo masivo, mal vista la celebración por los personeros oficiales, nos hemos reunido los que quedamos, junto a los amigos y cerca del árbol de luces y del nacimiento, y hemos compartido esta cena única de la mejor de las noches. Ha sido necesario, para no dejarnos arrebatar algo muy importante de nuestra identidad nacional.

    Acerca de Fernando Damaso Fernandez

    Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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    2 respuestas a Mis Nochebuenas de siempre

    1. Pingback: Memories of Christmas Eve | Marmalade

    2. Dearthur dijo:

      Sí, era una fiesta nacional que se cortó de momento ,se dijo que por la zafra de los 10 millones ,pero más nunca volvió a ser como antes. Más tarde todo desembocó en la caldosa de los CDR los 28 de Septiembre. En Santiago de Cuba asignaban una cabeza de cerdo por CDR para la caldosa, luego daban media cabeza y ya por último dos orejas de cerdo hasta que al final sólo daban una oreja y para concluir ultimanente no daban nada. Tenían que salir los vecinos recolectando cuchardas de arróz, un limó, una cebolla , y así casa por casa hasta reunir algo para la caldosa. Preparaban el fuego en las calles,como si de un pueblo bárbaro se tratase. La mayoría de la gente ese día no habían probado bocado porque no había nada de comer y todos estaban esperando hasta la media noche por un poco de caldosa. Ahí se puede ver como ha degenerado el cubano. De una fiesta tan tradicional como la noche buena con abundancia de todo, a una Cosa que no se sabe ni como nombrarla, Los cerdos de la caldosa sólo tenían cabeza , al parecer una nueva especie ya que nunca se supo a donde ivan a parar las pierna, los lomos y las costillas. Y el Pueblo hambriento y sumiso acepta eso, conformarse con comer cabezas y ya al final solo las orejas.

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