El cuento de los “originarios”

  1. En los últimos años el indigenismo ha sentado plaza en Latinoamérica. Líderes indígenas, reales y virtuales, plantean exigencias sobre derechos ancestrales. Se consideran , por antigüedad, dueños de las tierras y las aguas y de las riquezas que éstas encierran. Además, se erigen en defensores de la fauna y de la flora y, en sintonía con los tiempos, hasta cruzados ecológicos. Todo estaría muy bien y hasta merecería calurosos aplausos, si no fuera por la carga de inmovilismo que ello representa, y el olvido que hacen de los diferentes sujetos y de su papel en el desarrollo de las naciones en las que habitan.
  2. Dando por sentado que hayan sido realmente los pueblos originarios de diferentes regiones ( lo cual es bastante cuestionable, pues habría que preguntarse ¿ a partir de cuándo?, ya que antes que ellos existieron otros y otros y otros, hasta llegar a los dinosaurios y al hombre primitivo, en realidad los únicos verdaderamente originarios), las naciones actuales no se conformaron solo como resultado de sus modos de vida y cosmovisiones únicos y puros, sino de la mezcla de distintas etnias y pueblos, que en el tiempo aportaron sus virtudes y defectos, y también grados diferentes de desarrollo social y tecnológico.
  3. Aceptar que los indígenas merecen ejercer el poder de las naciones, por considerarse los habitantes originarios, excluyendo al resto de los ciudadanos que las conforman, es tan discriminatorio y racista como la injusticia histórica que se pretende subsanar. Constituye un trasnochado remake de la vieja teoría del buen salvaje, por cierto, bastante desprestigiada. Por ese camino erróneo solo tendremos sociedades fraccionadas por derechos absurdos, lejanas de la unidad nacional, dentro de la diversidad individual que tanto necesitamos.
  4. Debiera quedar bien establecido que la riqueza nacional no es solo patrimonio de ningún pueblo o grupo originario, sino de todos los componentes de cada nación, y los que se decida sobre ella y su explotación, compete a los representantes de toda la sociedad (indígenas y no indígenas). Tratar, desde posiciones extremas y violentas, de obtener algún resultado, es una actitud que no debe ser apoyada por nadie en su sano juicio ni aceptada ni permitida por ningún gobierno responsable.
  5. El inmovilismo y el quietismo que propugnan algunos grupos indígenas, con relación a los recursos naturales existentes en sus denominados asentamientos originarios, ata las manos de la nación a los intereses de una minoría que, dicho sea de paso, a lo largo de la historia, por unas u otras razones, no ha demostrado con hechos su capacidad de desarrollo, manteniendo su primitivismo y cargándole la culpa de su situación a los demás.
  6. Es correcto apoyar a los indígenas, pero no a establecerse como entes independientes, sino a integrarse al conjunto de ciudadanos de sus naciones con todos sus derechos, pero también con todos sus deberes. Sólo así es posible alcanzar el desarrollo y el bienestar.

 

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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