Amanda

Amanda era un ruiseñor. Cada mañana , con los primeros rayos del sol, batía sus alas y comenzaba a trinar. De su garganta prodigiosa salían, una tras otra, las más disímiles y originales notas musicales: ora un agudo fortísimo, ora un grave que penetraba el alma. Todos los cantos de las aves se resumían en ella y adquirían un nivel de ejecución magistral. Ella se regodeaba en ellos, ensimismada en su propio canto, sin prestar la más mínima atención a lo que ocurría a su alrededor. Todos cuantos pasaban cerca de la ventana de Amanda se detenían a escucharla. A veces hasta se producía congestionamiento de vehículos , teniendo que intervenir la policía para restablecer el tránsito. El canto de Amanda se fue haciendo famoso en la ciudad y ya había quienes madrugaban para poder escuchar, en la quietud del amanecer, antes que aparecieran los ruidos, sus primeros trinos. Los conocedores comentaban que eran los más bellos, siempre nuevos.

Pasaron los meses y los años y el canto de Amanda se convirtió en parte importante de la ciudad. Todo turista que llegaba exigía se incluyera en el programa de su visita escuchar a Amanda . Igual ocurría con las delegaciones oficiales. Fue comidilla de muchos días el caso del presidente visitante que adelantó su vuelo, rompiendo todo el andamiaje protocolar y oficial montado para su recepción, para escuchar a Amanda al amanecer. Ante la cantidad de personas que cada día se reunía frente a la casa de Amanda, las autoridades decidieron situar micrófonos conectados a la red radial, con el objetivo de que todos en sus casas escucharan el canto de Amanda. Desde entonces formó parte de los desayunos, almuerzos y comidas. Estaba presente en las discusiones y cuando se hacía el amor, en los nacimientos y en las muertes. Y siempre su canto se renovaba. Cantaba sin cesar desde la mañana hasta a noche, mientras brillara el sol. En los días nublados y de lluvia callaba y solo lo hacía cuando aparecía el arcoiris. Entonces cantaba con tanta fuerza como en los amaneceres.

Un día Amanda dejó de cantar y la ciudad, poco a poco, se fue muriendo.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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