El buen optimista

el OLE, decían en mi infancia, es una palabra que no tiene explicación. Con el NO, sucede lo mismo. Sale usted a caminar por esas calles de Dios en esta ciudad atea, al menos oficialmente, la sed lo golpea y le calcina la garganta, y solo encuentra, escritos con los más variados materiales y en diversidad de formas, infinidad de letreritos: No hay agua. Entonces usted se pregunta: ¿Es que no ha llovido en todo el año? ¿Acaso se secaron los ríos? ¿Se extinguieron los acueductos y explotaron las tuberías? Nadie le dá una explicación lógica. Solo oye hablar del rescate del honor gastronómico, etc, etc, etc. Usted es optimista. Sigue andando. Y continúa encontrando letreritos: No pase , No se permiten visitas, No entre si no está autorizado, No tocar, No molestar, No hablar y muchos más. Usted, que sigue siendo optimista, se sienta en un banco ( después de revisarlo por todos lados, no vaya a ser que tenga un letrerito de No sentarse) y se pone a pensar con nostalgia en algunos letreritos que hace muchos, muchísimos años, lo alegraron: No al analfabetismo, No al burocratismo, No a los barrios insalubres. Y entonces se pregunta: ¿ qué fue de ellos ? ¿ dónde quedaron? Se levanta y sigue andando (¡ ya lo he dicho: usted es un magnífico optimista!). Llega a su centro de trabajo (¡ porque usted va para el trabajo, solo que lo hace a pie porque no hay suficiente transporte!), saluda a todos los que se encuentra ( unos le responden, la mayoría no), entra en su oficina y se sienta tras un buró. Su secretaria, servicial como siempre, viene y le dice: no hemos recibido la autorización para hacer lo que usted quiere hacer; no hay posibilidad de resolver el Usted, con un ligero dolor de cabeza, le pide , por favor, que lo deje solo un instante y que después continúe su informe. La secretaria, entre extrañada y dolida, se retira, mirándolo con ojos incrédulos. ¡Hoy el jefe está de madre!- piensa. Usted, ¡ claro está!, sigue siendo optimista. Opta por redactar un documento pendiente y pide, a través del intercomunicador, que le consigan unas hojas de papel bond. Recibe la siguiente respuesta: no hay papel bond, solo gaceta y del malo. Acepta. Se sienta a escribir. Termina. Pide un sobre. No hay sobres- le responden. Usted, que sigue siendo optimista, decide poner tiempo de por medio y salir y caminar caminar caminar, para despejar. Visita las pocas tiendas en moneda nacional, que es en la que usted recibe su salario: No hay desodorante, No hay cuchillas de afeitar ( ni de las otras), No hay papel sanitario, No hay jabón, etc, etc, etc . Pasa por el punto de leche: No hay leche. Se llega a la panadería: No hay pan hasta nuevo aviso. Piensa- en definitiva, no solo de pan vive el hombre. Entra en su mercado, allí donde usted debe comprar con su cartilla de desabastecimientos: No llegó el detergente, No entró el pollo ni el pescado por dieta médica ( jurel- el único que habita la mar oceánica o, al menos, el único que se deja capturar). Usted sigue siendo optimista, un gran optimista, el más grande de todos los optimistas. Piensa que todas estas cosas son nimiedades, artículos de la sociedad de consumo, simple pacotilla material. Se eleva a los valores espirituales: No hay mendicidad ( en la prensa), No hay prostitución (también en la prensa), No hay juego ( oficialmente), No hay droga (¿ o sí?). Sigue pensando. Empiezan a molestarlo algunos duendecillos fastidiosos que le dicen al oído, como para que nadie más lo oiga: no es bueno decir estas cosas, no es una actitud de principio hacer , no es conveniente Usted, que es optimista , los espanta de un manotazo . Llega a su casa. Sube los siete pisos por la escalera, ya que elevador no funciona porque está roto desde ayer por la mañana. Al fin introduce la llave en la cerradura y la hace girar. Está empapado en sudor. Ansía un baño fresco y reparador. No hay agua- le dice su vecina desde el pasillo. No se pudo poner el motor porque no hay electricidad. Entonces usted comienza a gritar y a tirarse de cabeza contra las paredes. La vecina llama a otros vecinos. José se volvió loco- dice. Los vecinos acuden y lo agarran. Tratan de contenerlo. Usted sigue gritando y queriendo zafarse de ellos. Lo logra. Corre escaleras abajo. Sale a la calle. Los vecinos van tras de usted. Se le suman otros transeúntes. Hay quien grita, sin saber lo que sucede: ¡ Atajen al ladrón! Un policía se le cruza en su camino y, con un golpe de kárate, lo detiene. Después viene la ambulancia (de esas que tienen el letrero al revés) y se lo llevan. Lo dejan en un hospital. Lo inyectan y, cuando está sedado, viene un médico y habla con usted. Le empieza a hacer preguntas extrañas y usted se da cuenta que es un psiquiatra. Creen que estoy loco-piensa. Contesta unas y otras no. El escribe y escribe y escribe. Al final le dice: Usted no tiene nada. Puede retirarse. Todo no ha sido más que un shock nervioso. ¡Los nervios lo traicionaron, amigo! Usted sale del hospital y busca un taxi. No aparece. Trata de coger un ómnibus. Se demora. Decide andar, en definitiva andar es saludable. No pise el césped-Decreto 80-lee. Pasa junto a un depósito de basura colectivo. Ciérrame. Yo soy tu amigo-lee. No sabe si darle la mano o abrazarlo. Se contiene. Usted acaba de salir de un hospital. Usted no tiene absolutamente nada. Sigue andando. Vuelve a hacer su vida normal. Trata de no leer los letreritos, de olvidarse de los noes. Usted, a pesar de todo, sigue siendo un hombre optimista. Lo logra de día, pero de noche se le aparecen en los sueños. Es como si continuamente leyera un inacabable libro de gramática solo con dos letricas en cada una de sus páginas: nononono Lucha tenazmente. No puede. Y entonces decide venir a este hospital psiquiátrico y pedir que lo ingresen. ¿Cómo? ¿Qué no me pueden ingresar? ¿Qué no vengo por los canales establecidos?

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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