Un plato mal aderezado

Cada cierto tiempo las autoridades cubanas montan el espectáculo de la subversión externa contra el régimen. Como si se tratara de un plato especial, éste se adereza con una declaración de prensa de una funcionaria de segunda o tercera categoría, artículos sobre el tema de algunos periodistas oficialistas, una mesa redonda con enérgicos participantes, la anécdota sobre un presunto hecho acontecido en un espacio cultural y las declaraciones sobre su actuación como doble agente, de un personaje adicto a los medios.

Sucede que, a pesar de los actos políticos en que participa, gran parte de la juventud cubana no cree en el proyecto político, económico y social vigente y, por todos los medios, trata de abandonar el país y llevar a cabo su proyecto de vida en otras tierras. Si no fueran suficientes las constantes deserciones de deportistas, artistas y profesionales, así como las salidas ilegales en embarcaciones, balsas y otros medios de cientos de cubanos, bastaría con conversar honestamente con los jóvenes en cualquier barrio de nuestros pueblos y ciudades, para conocer realmente cómo piensan. Aquí la doble moral está bien enraizada, tanto como el marabú, y no hay que darle mucho crédito a lo que se dice en una asamblea o en un acto de masas, o ante un micrófono o una cámara. En esos momentos, la mayoría de los jóvenes y de los no tan jóvenes, expresan lo que saben que las autoridades desean oír, para no buscarse problemas.

La solución no son los platos especiales cada cierto tiempo, sino la adopción de medidas profundas que resuelvan la crítica situación actual y ofrezcan, más que un demasiado dilatado futuro, un presente próspero y digno.

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La desmesura

Foto Rebeca

Los cubanos, por lo regular, nos quedamos cortos en las cuestiones económicas y nos pasamos en las de política. Por lo menos, así ha sucedido en los últimos cincuenta y seis años. Nos hemos movido entre los defectos y los excesos, sin encontrar el justo medio, que tanto bien hace a los pueblos y a las naciones. En estos días, parece haberse desatado la desmesura.

Primero fue la celebración del 61 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Por las actividades programadas, las horas de radio y televisión dedicadas al hecho y las toneladas de papel y tinta gastados, parece que ese acto cambió totalmente la historia de la humanidad, sólo que, hasta hoy, ella no se ha dado cuenta.

Resulta que los conciertos del cantautor Silvio Rodríguez por los barrios, que le obligaron hasta a decir que, antes de darlos, desconocía lo mal (utilizó otra palabra más fuerte) que estaban los cubanos, constituyen una epopeya, según una conocida y culta conductora de televisión. El paseo turístico del verano que realizan una veintena de jóvenes desde Sabaneta en Guantánamo hasta Miraflores en Ciego de Ávila, simple coincidencia de nombres con los de dos lugares de Venezuela, rememorando la última campaña electoral del difunto presidente bolivariano, forma parte de una campaña admirable. Las victorias del equipo de béisbol cubano, reforzado con profesionales, que enfrentó al equipo de universitarios norteamericanos, constituyen una hazaña y un regalo a los aficionados, que borra la barrida sufrida el año anterior por el equipo cubano a manos del norteamericano. Las medallas de plata y de bronce que nuestros atletas obtienen, valen tanto como las de oro y hasta brillan más que ellas, porque se logran con el corazón. Parece que los atletas de los otros países se quitan el corazón para competir. Existen hasta muertos que siguen cumpliendo años después de muertos, porque son eternos, cuando lo lógico es que, simplemente, se recuerde la fecha del nacimiento, porque años no cumplen ni uno más. Las producciones de una fábrica o de una granja, que en cualquier país normal no son noticias, aquí constituyen proezas laborales. Pudiera también agregarse que nuestros niños son los más felices del mundo, nuestras mujeres las más emancipadas y nuestros ciudadanos los que disfrutan de los mejores sistemas de salud y de educación, así como de la más justa seguridad social. La lista pudiera hacerse interminable.

Adjetivar en demasía se ha hecho un mal hábito cotidiano. Lo hacen los conductores de programas de radio y televisión, los periodistas, los artistas, los políticos y hasta los dirigentes. La triste realidad hay que enmascararla con palabras altisonantes. El problema es que de la desmesura al ridículo no hay más que un paso.

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Un gacetillero repetitivo

Foto Rebeca

Sobre el gacetillero cubano radicado en Miami había decidido no escribir más, pero parece que se pasó de tragos (en un escrito declaró su afición a ellos) y en uno de sus últimos escritos se ha aparecido echándole a la democracia representativa.

Se queja de que en Estados Unidos no se puede poner un negocio donde a uno le plazca, sino que tiene que ser en una zona comercial; de que están sujetos a un grupo de inspecciones y obligados a cumplir regulaciones y ordenanzas; de los impuestos que hay que pagar; de que no se puede pintar la casa del color que a uno le de la gana ni ponerle cercas sin autorización; de que para protestar o realizar una manifestación hay que solicitar un permiso y de que los periodistas sólo pueden publicar lo que los dueños de los diarios aprueban. El gacetillero parece querer practicar el anarquismo en una sociedad organizada. Desde su prepotencia afirma: Los cubanos, que no entienden nada de eso, no tienen la menor idea de lo implacableetcétera.

Parece que este señor, cuando viaja a Cuba para rendir cuentas de su trabajo y divertirse un poco, no se ha fijado que aquí, desde hace algún tiempo, superada la etapa anárquica de años atrás, existen también todas estas regulaciones que critica y muchas más, y se están aplicando con fuertes multas, demoliciones y hasta incautaciones sin ser una democracia y, menos aún, representativa. Sobre el tema de las protestas y manifestaciones se es más radical: están prohibidas y, si se realizan, son fuertemente reprimidas por las autoridades. El caso de la prensa es sencillo: los medios son estatales y en ellos sólo pueden aparecer artículos aprobados por las autoridades. Creo que eso lo conoce bien el gacetillero, pues escribe para uno.

Yo no sé cuánto le pagarán por sus diatribas semanales sobre el mismo tema: lo malo que es vivir en Miami. Tampoco sé si será en dólares o en CUC, pero sería conveniente que tratara de ser un poco más serio, y dejara de pensar que los cubanos del lado de acá somos tan tontos como para creernos lo que escribe.

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Una conclusión hilarante

Trabajo de Rebeca

Una joven periodista cubana acaba de publicar un artículo, en el denominado diario de la juventud, bajo el llamativo título de Los niños más felices del mundo. En él recuerda su infancia con muñecas viejas medio calvas, utilizadas anteriormente por sus hermanas mayores, los juguetes de afuera regalados por un vecino, cuando dejó de ser niño, los muñequitos soviéticos, los apagones diarios y las noches oscuras y otras muchas carencias. Al final llega a la conclusión de que nací en este país, un lugar donde los niños lo tienen todo para ser los más felices del mundo.

No sé si el artículo es una ironía solapada, o la periodista practica el masoquismo desde su más tierna infancia. La conclusión a la que llega carece de evidencias. Puede que, para ella, éste sea su concepto de la felicidad, pero generalizarlo a los demás, repite una mala costumbre de los cubanos demasiado utilizada: el mejor béisbol, el mejor boxeo, la mejor educación, la mejor salud, los más valientes, etcétera, algo bastante ajeno a la realidad.

Con este criterio, debemos aceptar también que somos el pueblo más feliz del mundo, aunque más del ochenta por ciento de nuestras viviendas estén en mal estado y muchas familias vivan en albergues inadecuados e insalubres, las calles y aceras sean intransitables, las aguas albañales proliferen en los barrios, el agua potable escasee, la higiene pública brille por su ausencia, los sistemas de salud y de educación sean deficientes, prolifere la indisciplina social y la violencia callejera, se cobren salarios y jubilaciones de miseria, se paguen precios exorbitantes por los artículos de consumo, el transporte público sea caótico, la producción no crezca y el país, cada día, retroceda más, además de vivir sin acceso a Internet y con las libertades ciudadanas conculcadas.

Hay que ser cuidadosos con lo que se escribe y se publica y, además, un poco más responsables. Aceptar las miserias y las carencias como una forma normal de vida sin luchar contra ellas, no ayuda a eliminarlas. Una cosa es repetir consignas y otra peor olvidarse de la objetividad para rellenar cuartillas. ¡Bueno es lo bueno, pero no lo demasiado!

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Sobre el avión derribado

El caso del avión de Malasia derribado sobre Ucrania es lamentable y condenable, porque involucra a personas inocentes, las actualmente denominadas víctimas colaterales, ajenas al conflicto. De seguro se realizarán las investigaciones pertinentes para descubrir a los responsables de tal acto de barbarie. Sin embargo, llama la atención cómo, desde el primer momento de la tragedia, ya hayan salido a la palestra algunos personajes, que parecen disponer de una bolita mágica, repartiendo acusaciones sin evidencias, siendo su blanco preferido las autoridades de Ucrania, eximiendo de responsabilidades a los rusos y a los separatistas pro-rusos.

Los problemas de los ucranianos con los rusos, exacerbados ahora al separarse Kiev de Moscú, son de vieja data y ya existían en la época soviética, sólo que entonces fueron reprimidos con saña, para mantener a toda costa la extinta Unión Soviética y presentarla como un conjunto de unidos pueblos hermanos. Eso es algo bien conocido donde sobran evidencias. Las aspiraciones del presidente ruso para restablecer su perdido imperio también son bien conocidas. La anexión de Crimea, en realidad de origen tártaro, es un buen ejemplo. O sea, entre Rusia y Ucrania existe una confrontación de carácter geopolítico: los ucranianos tratando de mantener la integridad de su país, y los rusos tratando de desmembrarlo, aprovechando la población de origen ruso que colonizó territorios de ese país, método utilizado también con otras repúblicas durante la era soviética. Ejemplos: Estonia, Lituania y Letonia.

La pregunta a hacerse es la siguiente: ¿A quién beneficia el derribo del avión? A las autoridades ucranianas no las beneficia, pues las colocaría, de comprobarse su responsabilidad, en la picota pública. ¿Sirve a los rusos y separatistas pro-rusos en sus campañas contra el gobierno de Kiev? La respuesta está en el aire.

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Farol de la calle.

Foto Rebeca

Llama la atención la exagerada preocupación que muestran las autoridades cubanas por la protección del medio ambiente en el mundo. Declaraciones y denuncias llenan los espacios informativos oficialistas, y se asegura la participación en todos los eventos que las Naciones Unidas organizan sobre el tema.

Es una lástima que igual preocupación no dediquen a solucionar los graves problemas ambientales existentes en el país. La ciudad de La Habana es un muestrario de ruinas acumuladas, calles y aceras destruidas, edificaciones en estado de coma listas para venirse abajo, suciedad por doquier, aguas albañales de alcantarillas desbordadas, salideros en las redes del acueducto, animales abandonados enfermos y desnutridos, ratas y ratones a montones e insalubridad generalizada. En otras ciudades y pueblos del país se repite el muestrario.

Se puede, como es habitual, continuar echándole la culpa al embargo y a la falta de recursos, pero ya va siendo hora, después de cincuenta y seis años de repetir lo mismo, de aceptar la incapacidad manifiesta para resolver los problemas creados, los cuales no existían anteriormente. Ni La Habana, ni nuestras ciudades y pueblos eran sucios, insalubres, ruinosos, con calles y aceras destruidas y alcantarillados colapsados. Al contrario, constituíamos un ejemplo para muchos países del mundo.

Cuando los alcaldes y los concejales, que por lo general eran originarios del lugar, regían los destinos de los municipios y disponían de una parte importante de los recursos que éstos generaban, se resolvían los problemas, porque si no lo hacían, no eran reeligidos para los cargos. Todos los inventos posteriores, desde los comisionados hasta los presidentes de las administraciones municipales y provinciales del Poder Popular, han fracasado, simplemente porque ninguno de quienes dirigen son líderes naturales comunitarios, sino simples funcionarios designados, sin ningún tipo de raíces con sus pobladores. El caso de Manuel Fernández Supervielle, aquel alcalde de la ciudad de La Habana, que por no poder cumplir su promesa de resolver el problema del abasto de agua a la ciudad se suicidó, es impensable en estos tiempos.

Promesas van y promesas vienen, funcionarios también van y vienen sin que nadie los recuerde, pero los problemas se mantienen sin solucionar y, con el tiempo, aumentan. La responsabilidad se demuestra, no trabajando en la conmemoración de una determinada fecha histórica sino del día a día de cada ciudadano. Cuando esto se logre, comenzaremos realmente a movernos hacia delante, abandonando esta marcha atrás histórica, que parece haberse posicionado en nuestro país.

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Algunas dudas

Foto Rebeca

En el recién concluido período de sesiones de la Asamblea Nacional, donde, según la prensa oficialista, se pasó revista al estado general del país, llaman la atención algunos tópicos.

Pasar revista a todos los problemas del país en sólo cinco días (dos en el trabajo por comisiones, uno escuchando los informes de algunos jefes de organismos y dos en discusión plenaria) resulta una tarea bastante difícil, por lo complicados y prolongados en el tiempo de cada uno de los problemas que se analizan. Si a cincuenta y seis años del mismo gobierno, con algunas caras secundarias diferentes, y de los mismos problemas nunca resueltos, aún estos no se conocen y, menos aún, no se sabe cómo darles solución, es para comenzar a preocuparse.

¿Para qué tantos experimentos y, además, por qué extenderlos? Ahora resulta que el experimento en Artemisa y Mayabeque sobre los órganos de gobierno y su funcionamiento, se extenderá hasta diciembre del 2016. ¿No es demasiado tiempo? ¿Y mientras, qué? Un país no es un laboratorio. Cuando se asume el poder, es para gobernar no para experimentar. Llevamos cincuenta y seis años haciendo experimentos, la mayoría fracasados. Debería, al menos, servirnos de experiencia.

¿Por qué tantos planes con fechas de cumplimiento en el 2020, 2030 y hasta 2050? ¿Alguien cree realmente que tiene tanto tiempo a su favor?

Todo esto me trae a la mente los años de los célebres planes quinquenales, cuando copiábamos a los hermanos mayores soviéticos al pie de la letra, quienes hasta nos inventaron una Estrategia Año 2000. Se trabajó en su elaboración, dedicándole tiempo y recursos, y al final explotó como una pompa de jabón. Nunca más se habló de ella, y eso que íbamos a fabricar locomotoras, aviones y barcos, autoabastecernos de productos agrícolas, exportar y hasta cubrir nuestras necesidades con la industria ligera. ¿Vamos nuevamente a repetir el mismo error, ahora con algunos jugadores nuevos? ¿Por qué no dedicar los pocos recursos y tiempo existentes, al menos, a aliviar el día a día de los cubanos?

Nuestras autoridades son adictas a repetir que el socialismo en Cuba es irreversible, haciendo un uso equivocado de la palabrita: en realidad, lo único irreversible es el cambio. Mientras no entiendan y acepten esta verdad, continuarán dando palos de ciego a costa de los cubanos.

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