Andar en trámites

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Si en Cuba, usted es de los que tiene la mala suerte de necesitar realizar algún trámite legal, por simple que se lo imagine, prepárese para navegar el Niágara en bicicleta. El funcionario en cuestión, si es un abogado o notario aún más, después de que usted comience a hablar, dándole a conocer el problema, tomará un trozo de papel y, sin mirarle a los ojos, comenzará a detallarle todos los documentos originales que deberá presentarle para poder iniciar el proceso, comenzando por la obligatoria certificación de nacimiento de reciente expedición, ya que si posee alguna de tiempo atrás, no le servirá. Aquí caben algunas preguntas: ¿No es el Carné de Identidad, donde se encuentran todos estos datos, el principal documento oficial de identificación de cada ciudadano? ¿Por qué no utilizarlo para ello? ¿Por qué una certificación expedida recientemente? ¿Es qué con el tiempo cambian los datos del nacimiento de una persona? Son absurdos burocráticos establecidos por nuestro sistema legal.

Sucede algo parecido cuando usted padece de un dolor y tiene que acudir al médico de la familia o del policlínico. Apenas lo plantea, sin auscultarlo siquiera, el doctor comienza a llenar controles, registros, órdenes para análisis y otras pruebas y, al final, si acaso alguna receta. Usted se queda con el dolor y decide localizar un médico amigo que lo atienda de verdad.

Son hechos simples tan repetidos que, a veces, hasta aparecen en las secciones de quejas de los ciudadanos de la prensa oficial, pero que no se resuelven y se dilatan en justificaciones para retrasados mentales.

La burocracia gubernamental socialista se ha enraizado tanto en estos cincuenta y seis años, que es más difícil de erradicar que el marabú. Este es el modo de ser y de hacer de los funcionarios de cualquier jerarquía: así crecieron, así se educaron y así actúan.

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Violación permitida

La Constitución de la República de Cuba establece en su Capítulo II, Artículo 32: Pierden la ciudadanía cubana: a) los que adquieren una ciudadanía extranjera.

Sin embargo, a los cientos de miles de cubanos que han emigrado y obtenido una nacionalidad extranjera, y a los miles que también la han obtenido residiendo en Cuba -principalmente la española-, este artículo no se les ha aplicado.

Pudiera pensarse que constituye un acto humanitario, aunque inconstitucional, de las autoridades para con los nacidos en la isla. La realidad, desgraciadamente, es otra. Al exigir a unos y otros la obligatoriedad del pasaporte cubano, independientemente de que posean otro, para entrar y salir del país, el gobierno cubano se embolsa una respetable suma de dinero, máxime cuando el pasaporte sólo tiene vigencia por seis años, debiendo renovarse cada dos, con la consecuente erogación monetaria. En Cuba, el pasaporte cuesta cien CUC y cada renovación veinte, pero en el extranjero los consulados cobran cifras muy superiores. Este es el aspecto económico, pero también existe uno jurídico. Al entrar al país con el pasaporte cubano, el emigrado está totalmente sometido a las leyes cubanas, y el gobierno del país del cual también es ciudadano no puede protegerlo, porque a Cuba no entró con el pasaporte de ese país sino con el cubano. Como es fácil de comprender, en esta violación constitucional que realiza el Estado cubano existe, en primer lugar, un interés puramente económico para obtener divisas fáciles y, en segundo, el mismo interés enfermizo de siempre por mantener a todos controlados.

En el mundo globalizado actual, pierden cada día más su importancia las fronteras geográficas y, en la mayoría de los países, existe la doble y hasta la múltiple nacionalidad. Para las autoridades cubanas, actualizar el contenido del artículo no representaría ninguna dificultad: ya una vez se eliminó de la Constitución la frase de guataquería a la Unión Soviética, cuando ésta desapareció, y más tarde se le incorporó el absurdo del socialismo irrevocable.

Cuba, como siempre, anclada en el pasado, se niega a renovarse y sumarse al presente, con la pretensión de continuar vendiendo la vieja imagen de isla asediada, la cual, durante más de 56 años le ha reportado buenos dividendos políticos, sin darse cuenta que cada día son más escasos los compradores.

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Nos UNE la “indisciplina”

La Unión Eléctrica (UNE), catalogada como una Gran Empresa Estatal Socialista, ofrece a los ciudadanos algunos servicios muy originales, independientemente de que sean o no solicitados. Entre ellos se encuentran:

Descongelación semanal programada de los equipos de refrigeración, mediante cortes de la energía eléctrica de ocho horas y más, para evitarle preocupaciones a sus clientes y que éstos tengan que perder su preciado tiempo en cuestión tan baladí.

Destrucción de árboles en calles y ciudades, mediante podas indiscriminadas y salvajes, en evitación de que las realicen personas inescrupulosas por cuenta propia.

Aseguramiento al Sistema Nacional de Salud, principalmente a sus servicios ortopédicos, con lesionados con fracturas por caídas en huecos de postes sin rellenar y tropezones con tocones de postes aserrados, sin ser extraídos.

Roturas sistemáticas de equipos eléctricos por sorpresivas subidas del voltaje.

No encendido de la iluminación de calles y avenidas en horario nocturno, propiciando la actuación de ladrones y asaltantes.

Desconozco si en su perfeccionamiento, en correspondencia con lo establecido en los lineamientos, la Unión Eléctrica (UNE) mantendrá estos servicios adicionales o los incrementará.

El título del post corresponde, debidamente corregido, a la frase que la empresa utiliza en su propaganda: Nos UNE la disciplina.

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El justo lugar

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La historia de Cuba está necesitada de un estudio objetivo, ajeno a los espurios intereses políticos e ideológicos que han primado hasta el momento, defendidos por un grupo de seudo historiadores, preocupados sólo por lograr protagonismo y que les publiquen sus libros.

Dentro de ella, uno de los períodos más manipulados ha sido el de la República, el cual se extendió desde 1902 hasta 1958, durante cincuenta y seis años. Totalmente descalificada y tratada despectivamente de seudo república, neo colonial o mediatizada, sobre ella, al menos por acá, sólo se han escrito y publicado barbaridades, sin tener en cuenta que hubo errores y aciertos y cosas malas y buenas, como en todo organismo social.

A diferencia de en los países cultos, donde las etapas republicanas se dividen por primera, segunda, tercera, cuarta.república, y se realiza el análisis y el estudio de lo acontecido en cada una, aquí se decidió repudiarla totalmente y borrarla, algo que además de absurdo y criminal resulta imposible.

Los cubanos actuales somos el resultado de todas las épocas que le ha tocado vivir a nuestra isla, unas mejores que otras, pero sin exclusiones de ningún tipo. Es más, el denominado proceso revolucionario se gestó durante la República, y sus protagonistas históricos y otros muchos nacieron, estudiaron, vivieron y se prepararon en ella. De no ser así, su existencia hubiera sido imposible. Durante la República también surgieron y se desarrollaron importantes escritores, arquitectos, ingenieros, médicos, pedagogos, investigadores, biólogos, botánicos, músicos, cantantes, bailarines, economistas, historiadores y otros, que enorgullecen y le han dado prestigio a la Nación.

Confío en que, con los años transcurridos, los muchos errores y fracasos y los golpes recibidos, las mentes de la mayoría hayan evolucionado, dejando atrás los prejuicios, tonterías y radicalismos estériles, comenzando a reaccionar razonada e inteligentemente. En este proceso, sin lugar a dudas, la República ocupará el justo lugar que le corresponde.

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Pérdida de valores

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Desde hace algún tiempo, las autoridades cubanas dedican atención a la construcción de valores para garantizar la continuidad de la Revolución. Al hablar de la importancia de la familia en la regeneración de valores tales como el patriotismo y la honestidad, de la necesidad de la disciplina social, del respeto mutuo, de la educación ciudadana y de las buenas costumbres, se señala que se hace con el objetivo de asegurar el éxito del proyecto político oficial, obviando el de la Nación como tal, mucho más importante y trascendental que el primero.

En definitiva, estos valores se fueron perdiendo ante el paso arrollador, sin miramientos, de la denominada Revolución, la cual dejó de tenerlos en cuenta y, en muchos casos, los discriminó hasta hacerlos desaparecer, sin ofrecer nada mejor para sustituirlos, dejando el vacío en el cual hoy nos encontramos.

Todos estamos de acuerdo en que hay que rescatarlos y reinstalarlos en los espacios que por derecho les pertenecen, pero no precisamente para salvar un proyecto político, económico y social fracasado, sino para salvar a Cuba.

Para lograrlo es necesario abandonar la politiquería barata, el patriotismo de barrio, la absurda manipulación política e ideológica y otros males, y dedicarse responsablemente a tan difícil y compleja tarea que, partiendo de la familia y de la escuela, debe recorrer todo el entramado social, respetando las individualidades y las diferencias de todo tipo entre quienes formamos el pueblo, que es un concepto que va mucho más allá de simples posicionamientos políticos o ideológicos coyunturales. El rescate de valores debe estar en función de los cubanos y de Cuba y no de ningún partido o gobierno.

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Demasiado ruido

Resulta exagerado, además de ridículo, el aspaviento creado con relación al fraude cometido en el examen de Matemática, para el ingreso a la Educación Superior. Parece que fuera algo nuevo, sin tener en cuenta que sucedió también el año pasado en otro nivel de la enseñanza, además de que ha venido sucediendo, ante el silencio y la complacencia de muchos, durante bastantes años.

¿Acaso ya se olvidó que las masivas promociones del 100%, en la mayoría de las Escuelas y Preuniversitarios en el Campo, siempre fueron un fraude institucionalizado?

¿Quién no sabe que, en muchas escuelas, durante años los maestros han facilitado el contenido de los exámenes a sus alumnos, con el objetivo de que éstos pasaran de grado, lo cual significaba para ellos tener una buena evaluación de su trabajo docente?

¿Olvidamos que muchos títulos de 12 grado han sido comprados, para poder entrar a trabajar en determinados sectores privilegiados económicamente?

Anunciar ahora, en los medios de prensa, que estos hechos no quedarán impunes, desatar una cacería de brujas y buscar chivos expiatorios para descargar todo el peso de la ley, no exime al verdadero responsable: un sistema que no ha sido capaz de preservar ni de desarrollar los valores cívicos y morales, que siempre caracterizaron a la mayoría de los cubanos de cualquier extracción social, además de obligar a los ciudadanos a vivir en la pobreza, luchando día a día por la sobre vivencia con salarios de miseria, lo cual ha generado corrupción, robos, ilegalidades y otros muchos males por todos conocidos.

Esta no es una situación particular, que se manifiesta sólo en el sector educacional. Existe también en muchos otros sectores: la salud, los servicios, la producción, la cultura, el deporte, etcétera.

El mal, aunque se trate de minimizar, corroe a nuestra sociedad y, para extirparlo, no basta con perseguir hechos aislados que salen a la luz de vez en cuando, sino tomar decisiones y medidas serias y profundas que ataquen sus raíces, las cuales, hasta ahora, brillan por su ausencia.

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Cambio de juego

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Acostumbrados a recibir migajas de un gobierno patriarcal que, incapaz de asegurar la producción, durante años se dedicó al falso igualitarismo de repartir la miseria entre los cubanos de a pie, al comenzar la puesta en práctica de las leyes económicas y, con ellas, la de la oferta y la demanda, algunos ciudadanos ponen el grito en el cielo, debido a los elevados precios de los productos de consumo popular, principalmente los relacionados con el sector agropecuario.

Es natural que así suceda: mientras no exista la producción que cubra y supere la demanda los precios no bajarán.

Pretendiendo descubrir el agua tibia, unos proponen fijar precios de venta topes a los productos, sin entender que esta mala práctica aplicada durante años, fue una de las causas de la debacle agropecuaria nacional, pues no estimuló la producción, y otros hablan de fijar un por ciento máximo de ganancia a obtener, sin darse cuenta de su impracticabilidad, pues es precisamente el Estado en sus redes comerciales, quien tiene establecidas ganancias del 100, 200, 300, 400, 500 y más por ciento sobre el costo de los productos que oferta, sean importados o de la escasa producción nacional, y dudo que esté dispuesto a cerrar esta llave de obtención de divisas y hasta de moneda nacional.

Por lo tanto, utilizando un símil beisbolero: hay que dejar de jugar al flojo y aprender a jugar al duro.

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