¿Solidaridad o propaganda?

Quisiera alegrarme con la rápida respuesta dada por el gobierno cubano a la solicitud de ayuda hecha por la OMS y por el Secretario General de la ONU, para combatir la epidemia de ébola, pero no puedo, cuando tengo presente el estado de deterioro de nuestros hospitales, su falta de higiene, la pobre atención, brindada mayormente por estudiantes a falta de médicos, la pésima alimentación de los pacientes ingresados, la falta de medicamentos y otros muchos problemas. Estoy refiriéndome, claro está, a los centros médicos donde se atienden los cubanos de a pie, que constituyen la mayoría, no a los especiales para dirigentes y visitantes ilustres, o aquéllos en que los servicios se pagan en dólares (su equivalente en CUC).

Esta rápida respuesta debería aplicarse también a la solución de los graves problemas que arrastra, desde hace años, nuestro sistema de salud. Se peca de querer resolver los problemas del mundo, sin ocuparse debidamente de los del país. Parece que es una buena inversión, ya que aporta bastante propaganda gratuita. Ninguno de los que hablan o escriben sobre el magnífico sistema de salud cubano, se tratan sus enfermedades ni las de sus allegados en Cuba. Es más, muchas personalidades cubanas prefieren tratarse en otros países, inclusive en el del enemigo. ¡Por algo será!

En la conferencia de prensa en Ginebra, el Ministro de Salud Pública de Cuba aprovechó para hacer propaganda sobre los logros, así como también para repetir, una vez más, la cantidad de colaboradores que han participado y participan en otros países. También habló de los miles de cooperantes, aunque sin señalar los dólares que Cuba cobra por este servicio, que actualmente constituye una de sus principales entradas de divisas, ni los que deja de pagarles a los médicos, enfermeros y otros especialistas. En un momento de la conferencia dijo que la Revolución no esperó al desarrollo de sus servicios de salud para comenzar a brindar su ayuda a otros pueblos. Olvidó decir, que los servicios de salud ya existían y estaban desarrollados en Cuba antes del año 1959, pues la misma ocupaba en ese entonces muchos de los primeros lugares, no sólo en Latino América sino en Iberoamérica. Sólo hay que buscar las estadísticas oficiales de los organismos internacionales de la época.

Debido a estos cuestionamientos, me preocupa que aquí haya más propaganda que solidaridad.

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Absurdos de la semana

Foto Rebeca

Que Cuba constituye un Macondo exagerado no lo pone en duda nadie que tenga dos dedos de frente. Para comprobarlo sólo hay que perder algunos minutos leyendo la prensa oficialista.

El lunes comenzaron a regir las nuevas regulaciones de la Aduana y, ya el martes, nuestros avezados periodistas escribieron sendos artículos reportando el éxito de las mismas y cómo, viajeros y aduaneros, las aplaudían al unísono. Llama la atención tanta efectividad en tan poco tiempo, si tenemos en cuenta que para rebajar el precio del gas manufacturado y venderlo por la libre, hizo falta experimentarlo en tres provincias durante un año.

La Jornada Internacional por la libertad de los cinco -desde hace rato son sólo tres-, ha ocupado las primeras planas de los dos principales diarios oficialistas. Esta vez se extenderá hasta el 6 de octubre, con vigilias, marchas, exposiciones, ventas de libros, un coloquio internacional y acciones en universidades, comunidades y centros de trabajo. Incluirá además, una actividad bajo el lema Los niños pintan la paz, donde todos los infantes del país, entiéndase bien todos los infantes sin excepción, pintarán en el asfalto y empinarán papalotes al favor del reclamo por los cinco. Parece que todo marcha muy bien y que se puede perder el tiempo a granel, y hacerlo perder a los ciudadanos, además de gastar recursos, en este nuevo entretenimiento nacional. Si le hacemos caso a la prensa oficialista, este problema es preocupación de todos los cubanos y de todos los ciudadanos del mundo. ¡Señores, cuidado con los excesos! La mayoría de las veces resultan contraproducentes.

Como si no bastara, resulta que ahora hay que celebrar también el 69 aniversario del ingreso del máximo líder a la Universidad, el décimo de su discurso histórico en el Aula Magna y el quinto de su mensaje a los estudiantes universitarios, alertando sobre el peligro de desaparición de la especie humana. Recordar es válido, pero no recuerdo que se recuerde el día en que Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte o José Martí, por poner sólo tres ejemplos, comenzaron sus estudios universitarios y, menos aún, muchos de sus realmente históricos discursos. Parece que a una parte de nuestra juventud actual -la que aparece en los medios oficialistas- le sobra el tiempo para rendir homenajes por cualquier hecho. Hace muchos años aquí se criticó severamente el culto a la personalidad que se practicaba en otros países del extinto campo socialista, debido al daño que causaba, y se afirmó que en Cuba nunca sucedería. ¿Se olvidó? Sería bueno recordárselo a nuestros jóvenes dirigentes estudiantiles.

Llama la atención que durante el verano, demasiado caluroso por cierto, no se haya tomado ningún nuevo tipo de medidas para hacer avanzar nuestra economía, si se exceptúan las regulaciones aduaneras. Esperemos que con septiembre lleguen algunos nuevos cambios, aunque tal vez no cubran las expectativas de la mayoría de los cubanos. Sin embargo, algo es mejor que nada, aunque sea a cuentagotas.

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Desprotegidos

En Cuba los animales, por lo general, carecen de protección. No existen leyes ni regulaciones que establezcan cómo deben ser tratados, ni sanciones para quienes los maltraten. Flora y Fauna se encarga, principalmente, de los problemas relacionados con la no extinción de las especies, pero no le interesan los denominados animales domésticos y, menos aún, las mascotas y otros animales afectivos. Estos dependen totalmente de sus dueños, en correspondencia con sus sentimientos hacia ellos y de sus posibilidades económicas. No existe ninguna otra entidad ni organización gubernamental que responda por ellos. Lo que existen son algunas regulaciones prohibitivas sobre su presencia, aún con sus dueños, en determinados lugares públicos, como playas, centros de recreación y otros, imponiéndose hasta multas al efecto. Esta falta de atención estatal, regulada y atendida en la mayoría de los países civilizados del mundo, parece no estar en la agenda de prioridades de nuestras autoridades.

Si en los años de la República existía una magnífica Escuela de Veterinaria, situada en la Avenida de Carlos III, donde se atendía gratuitamente a estos amigos de los seres humanos, hoy el estado de la misma es deplorable, y sólo funciona por la dedicación de su personal, la mayoría de las veces sin los recursos veterinarios necesarios ni las medicinas para los tratamientos, pues se ha llegado hasta el absurdo de prohibir a los veterinarios emitir recetas, sabiendo, como se sabe, que muchos de los fármacos que se utilizan para combatir las enfermedades en las personas, también sirven para los animales. Esto obliga a tener que buscar un médico amigo que la emita.

También existían clínicas particulares, donde hasta se ofrecía alojamiento y atención a las mascotas, cuando sus dueños se encontraban de viaje. Hoy la atención, aparte de algunas campañas de vacunación o de esterilización gubernamentales, recae mayoritariamente en los veterinarios particulares, que realizan visitas a domicilio o a los cuales se les llevan a sus casas las mascotas enfermas. Salud Pública, con su Departamento de Zoonosis, sólo se encarga de su recogida en las calles y de su sacrificio, sin poseer ningún sistema de tratamiento ni de preparación de las mismas para ser entregadas en adopción, sin tener que llegar a medida tan extrema y antihumana. Además, los procedimientos que utiliza para la captura son salvajes y violentos, causando hasta lesiones a los pobres animales, aduciendo, cuando se les critica, que carecen de los medios adecuados para ello.

Existen, principalmente como fuentes recaudadoras de divisas, las tiendas Almiquí y Animalia, pero sus precios en CUC son prohibitivos para la mayoría de los ciudadanos, además de que, por lo regular, los alimentos para las mascotas y otros animales afectivos brillan por su ausencia durante la mayor parte del año.

Prohibir continúa siendo lo mejor que saben hacer las autoridades. Urge la elaboración, aprobación y puesta en vigor de un Código de Protección para estos amigos de los seres humanos, donde se establezcan los deberes y derechos de los mismos y de sus dueños, y donde se sancionen los actos de crueldad y el maltrato. Mientras esto no suceda, por las calles de nuestros pueblos y ciudades continuarán deambulando, desprotegidos, enfermos, famélicos, asustados y en busca de comida y cariño, perros, gatos y otros animales afectivos.

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Tiempos diferentes

Foto Rebeca

En mi lejana infancia, las organizaciones que funcionaban en las escuelas, fueran públicas o privadas, se ocupaban principalmente de realizar excursiones los fines de semana a lugares naturales interesantes o a instalaciones culturales o productivas, con el objetivo de desarrollar nuestro amor por la naturaleza y ampliar nuestros conocimientos generales, facilitar la asistencia a espectáculos que estuvieran en correspondencia con las edades de los educandos, potenciar la práctica de deportes y la asistencia a las playas y a otras recreaciones. También hacíamos acto de presencia en actividades de contenido social, como campañas de salud pública, recogida de aportes para el tratamiento de la ceguera o del cáncer y en el mejoramiento de parques y otras áreas. Nos interesaban a todos, nos motivaban y nos educaban en el civismo y en la responsabilidad social. Nunca fuimos utilizados con fines políticos o ideológicos.

Me llamó la atención que, en estos días, la Organización de Pioneros de Cuba anunciara cambios para el próximo curso. Interesado en conocer si los cambios estarían dirigidos a despolitizar la misma, prohibiendo la participación de los infantes en actos y mítines de repudio al ritmo del reguetón, las manifestaciones contra el eterno enemigo con discursos escritos por los maestros, el apoyo al comandante eterno y otras actividades parecidas, que han sido práctica habitual durante años, me encuentro con que los cambios son para poner a prueba la madurez, iniciativa y el sentido de responsabilidad de los pioneros, y su capacidad para discernir, decidir y actuar. Se precisa, además, por su Presidenta, una funcionaria de la Unión de Jóvenes Comunistas bien alejada de la edad pioneril, designada para el cargo, que a partir del mismo 1 de septiembre -día de comienzo del curso-, los niños y adolescentes condenarán los planes subversivos del Gobierno de los EE.UU. contra Cuba, y realizarán acciones de solidaridad con la causa de los Cinco y con los niños de Palestina y otros pueblos. Sin lugar a dudas, tareas muy propias de la infancia.

¿Por qué no permitir a los niños ser niños, y dejar que vivan sus años de infancia como tales, ajenos a los odios de los adultos? Aquí, desgraciadamente, desde que naces te toca la pañoleta por la libreta, aunque ni tú ni tus padres estén de acuerdo con ella. La mayoría actúa con la doble moral, porque si la rechazas te espera el camino del infierno. Irónicamente, la mayoría de los cubanos que han emigrado y actualmente emigran fueron en su infancia pioneros. Los cambios, en realidad, deberían ser otros, comenzando por la no obligatoriedad de ser pionero. Por ahora, lo que se anuncia, es más de lo mismo.

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La mala semilla

Foto Rebeca

Poner de acuerdo a dos cubanos es más difícil que poner de acuerdo a un israelita y a un palestino. La cosa se complica cuando hay que poner de acuerdo a varios. Ese ha sido, históricamente, uno de nuestros grandes defectos. La Guerra de los Diez Años fracasó en el logro de sus objetivos, no sólo por el empuje de las tropas españolas, sino principalmente por las divisiones dentro del campo insurrecto. A la Guerra de Independencia le pasó lo mismo y, si no llegan a intervenir los norteamericanos, hubiéramos continuado siendo colonia de España durante un buen tiempo. Existían divisiones dentro del Consejo de Gobierno, dentro del Ejército y entre el Consejo de Gobierno y el Ejército. Aunque no nos guste reconocerlo, por nuestro nacionalismo barato, es la verdad.

Durante la República, muchos importantes proyectos políticos fracasaron por las divisiones existentes. Las divisiones dieron al traste con la llamada Revolución de 1933, convirtiéndola en un sainete y, en época más cercana, las divisiones destruyeron al Partido Ortodoxo después de la muerte de Eduardo Chibás, propiciando la realización del Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Más aún, durante la dictadura de Batista, las divisiones liquidaron cualquier posibilidad de una salida pacífica dentro de los cánones democráticos, y condujeron al país a la violencia. También, dentro de quienes llevaban a cabo la lucha insurreccional, las divisiones estuvieron presentes, aunque ahora se trate de no hablar ni escribir sobre ellas. Tal vez por eso, una vez tomado el poder, las nuevas autoridades impusieron un criterio único, al cual todos debían someterse sin discusión de ningún tipo y, además, apoyarlo incondicional y unánimemente. Es el que ha estado presente durante cincuenta y seis años y constituye la falsa unidad de que hace gala el gobierno.

Ahora, en vísperas de la desaparición física de sus principales autores, abocado el país a un cambio necesario e impostergable, regresan las divisiones y comienzan a manifestarse, aún en las nuevas generaciones de actores políticos. ¡Es una lástima!

El único momento en que hemos sido capaces de discutir civilizadamente, en un ambiente democrático y llegar a conclusiones sabias, fue durante la realización de la constituyente para elaborar la Constitución de 1940. El feliz hecho nunca se ha vuelto a repetir.

Parece que los cubanos no podemos hacer dejación de las divisiones. Constituyen nuestra forma de vivir en sociedad. No aprendemos de los errores del pasado. El presente y el futuro inmediatos, con este lastre, se complican y se coloca a la Nación en una situación muy peligrosa, donde cualquier cosa puede suceder, para bien o para mal. Como dice un viejo vecino mío: ¡Dios nos coja confesados!

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Entre la hata y el kipá

Archivo

En estas últimas semanas el tema palestino y, específicamente, lo que sucede en la Franja de Gaza, ha acaparado la atención de los medios. Por acá la imagen que se muestra es la de unos pobres palestinos pacíficos y hacendosos atacados y masacrados brutalmente por los belicosos israelitas.

La violencia no es buena para nadie y debe ser evitada, pues sólo causa dolor, sufrimiento, destrucción y muerte, venga de donde venga. Siempre ha sido más inteligente la solución de las divergencias y contradicciones por medios pacíficos, aunque sea mucho más complejo. Desgraciadamente, en el Oriente Medio esto, históricamente, ha sido muy difícil, por no decir imposible. Esta tierra ha sido pródiga en expulsiones, regresos y nuevas expulsiones. Las culpas se reparten a partes iguales.

Mientras no se acepte que en un mismo territorio pueden vivir pacíficamente dos naciones con costumbres, culturas y religiones diferentes, respetándose mutuamente, no habrá solución, y las víctimas de uno y otro lado continuarán aumentando, porque tan letal es un cohete palestino que hace impacto en Israel, como una bomba israelita que hace impacto en Palestina: los dos matan, y matan por igual a adultos, ancianos y niños, de uno u otro sexo, sin discriminar.

La realidad es que durante muchos años los israelitas se han dedicado a trabajar tenazmente, para vivir civilizadamente sobre el árido territorio bajo sus pies, en tanto los palestinos se han dedicado a guerrear, no sólo en esta región sino también en otras regiones del mundo. Los ejemplos de sus combatientes enrolados en guerras ajenas son bien conocidos, aunque se pretenda ocultarlos.

Hoy la economía palestina no existe porque nunca ha sido creada, y la mayoría de sus recursos proceden de Israel, donde miles de palestinos acuden cada día a trabajar en sus empresas y fábricas o prestando diferentes servicios. Los israelitas necesitan la paz, para continuar desarrollándose y no tener que gastar tantos recursos en armamento, pero más aún la necesitan los palestinos, si quieren sobrevivir como pueblo y como nación. Para lograrla es imprescindible dejar de seguir fanáticamente a tantos líderes fundamentalistas mesiánicos, cuyo único objetivo es mantenerse en el poder sobre un pedestal de mártires. La imagen de niños palestinos enfrentando con piedras a los tanques israelitas, se ha difundido demasiado y se ha utilizado hábilmente como propaganda, mientras se oculta la imagen de los cohetes palestinos cayendo sobre Tel Aviv y otras ciudades, la de los atentados explosivos en centros comerciales, discotecas y vehículos de transporte, así como la de los secuestros y asesinatos. La causa de una desvalida víctima enfrentando al poderoso agresor, a pesar de los años, aún genera simpatías, pero lo terrible es que tiene mucho de falso y confunde.

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Un plato mal aderezado

Cada cierto tiempo las autoridades cubanas montan el espectáculo de la subversión externa contra el régimen. Como si se tratara de un plato especial, éste se adereza con una declaración de prensa de una funcionaria de segunda o tercera categoría, artículos sobre el tema de algunos periodistas oficialistas, una mesa redonda con enérgicos participantes, la anécdota sobre un presunto hecho acontecido en un espacio cultural y las declaraciones sobre su actuación como doble agente, de un personaje adicto a los medios.

Sucede que, a pesar de los actos políticos en que participa, gran parte de la juventud cubana no cree en el proyecto político, económico y social vigente y, por todos los medios, trata de abandonar el país y llevar a cabo su proyecto de vida en otras tierras. Si no fueran suficientes las constantes deserciones de deportistas, artistas y profesionales, así como las salidas ilegales en embarcaciones, balsas y otros medios de cientos de cubanos, bastaría con conversar honestamente con los jóvenes en cualquier barrio de nuestros pueblos y ciudades, para conocer realmente cómo piensan. Aquí la doble moral está bien enraizada, tanto como el marabú, y no hay que darle mucho crédito a lo que se dice en una asamblea o en un acto de masas, o ante un micrófono o una cámara. En esos momentos, la mayoría de los jóvenes y de los no tan jóvenes, expresan lo que saben que las autoridades desean oír, para no buscarse problemas.

La solución no son los platos especiales cada cierto tiempo, sino la adopción de medidas profundas que resuelvan la crítica situación actual y ofrezcan, más que un demasiado dilatado futuro, un presente próspero y digno.

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