Una decisión desacertada

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Los hechos relacionados con la península de Crimea, que han motivado sanciones económicas y políticas contra dirigentes y funcionarios rusos y ucranianos, por parte de los Estados Unidos y la Unión Europea, no parecen haber sido analizados pragmáticamente por Occidente.

Sin ir demasiado atrás en la historia, debemos recordar que el territorio de Crimea, incluyendo la península del mismo nombre, que formaba parte del Imperio Turco, fue anexado al Imperio Ruso durante la expansión llevada a cabo por Catalina II en el Siglo XVIII, que también incluyó territorios de Polonia y de Lituania, los cuales, con el territorio ruso donde habitaban los ucranianos, constituyeron muchos años después la actual Ucrania. Durante la II Guerra Mundial, los alemanes ocuparon la península, hasta que ésta fue liberada por el Ejército Soviético. En 1954, siendo Jruschev Primer Secretario del PCUS, el gobierno soviético decidió que la misma pasara a formar parte de la República de Ucrania. Eran los tiempos en que esta república, junto con catorce más, constituía la URSS. En la península, desde hacía algunos años, se había basificado la Flota Soviética del Mar Negro, con sus instalaciones navales y aéreas, y un gran asentamiento de ciudadanos de origen ruso en la misma, hasta constituir la mayoría de su población, con los ucranianos en segundo lugar y los tártaros en tercero. En los años noventa el parlamento ruso trató de reincorporar la península de Crimea a Rusia, pero la propuesta no prosperó.

Los últimos sucesos en Ucrania, con su separación del tutelaje ruso y su casi segura incorporación a la Unión Europea y, posteriormente, a la OTAN, dispararon la alarma en Moscú. Perder a Ucrania como aliado era terrible, según el esquema defensivo ruso, pues dejaría desguarnecida su frontera sur occidental, donde quedaría demasiado cercano el posicionamiento de Occidente, pero perder también la península de Crimea no era admisible, ya que estaba en juego la basificación de la Flota Rusa del Mar Negro, con su salida al Mar Mediterráneo y al Océano Atlántico. El presidente ruso, que se presenta como el restaurador del orgullo de la Gran Rusia, no podía actuar de otra manera, so pena de buscarse demasiadas complicaciones internas. Hizo lo que tenía que hacer, para beneplácito de los rusos.

Occidente, aguijoneado por el rápido desarrollo de los acontecimientos y molesto por la acción, trató de presionar políticamente y con amenazas, en lugar de haber manejado una solución pacífica y razonable, que podía haber incluido la no interferencia de Rusia en la Ucrania actual y la aceptación de su gobierno, a costa de la independencia de la península y su posterior reincorporación a Rusia, si sus ciudadanos así lo decidían. Cuando un gobierno pone a otro contra la espada y la pared, cerrando cualquier salida decorosa, debe estar dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias que, en este caso, hubiera sido ir a la guerra, lo cual estaba claro para todos que Occidente no haría, ni por la península de Crimea ni por Ucrania.

La situación creada, de tensiones y medidas por ambas partes, enrarece la atmósfera política mundial y despierta el fantasma de la guerra fría, que ya parecía pertenecer a la historia. Si se hubiera negociado, tal vez la independencia de la península de Crimea, pudiera haber sido utilizada posteriormente como presión internacional contra Rusia, exigiéndole también la aceptación de la independencia de Chechenia y Osetia, repúblicas autónomas situadas en su territorio, que llevan años exigiéndola y luchando por ella.

Lo mismo que le sucedió a la URSS a principios de los años noventa, cuando dejó de existir y, aprovechando su debilidad política, las repúblicas que la formaron decidieron independizarse, le sucede ahora a Ucrania. Ya Crimea forma parte de Rusia y es un hecho consumado. Lo importante ahora es consolidar la independencia y asegurar la estabilidad política, económica y social de Ucrania.

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¡Cosas de la vida!

Foto Rebeca

El pasado 14 de marzo se celebró el Día de la Prensa Cubana, instituido así en recordación de la salida del primer ejemplar del periódico Patria, dirigido por José Martí, en el año 1892. Sin embargo, la celebración es excluyente: como es de suponer, en ella sólo participa la prensa oficialista, la que desde su último congreso ha cambiado muy poco, pues continúa siendo complaciente con las autoridades que le pagan, además de triunfalista. Algunos espacios inventados para mejorar su deteriorada imagen, considerados como críticos, se cuidan de poner una de cal y tres de arena en sus artículos y comentarios, para evitarse llamadas de atención y otros problemas. Entre ellos están Cartas a la Dirección del periódico Granma, Acuse de Recibo de Juventud Rebelde y Cuba Dice del Noticiero de la TV. A pesar de todo, no pueden ocultar sus costuras gubernamentales.

Los premios a los periodistas más destacados, en su mayoría fueron otorgados a los más reconocidos defensores a ultranza de la línea oficialista, tanto en la prensa escrita, como en la radial, televisiva y digital. Sus escritos y comentarios, por lo regular, parecen responder más al periodismo por encargo que investigativo, el cual aún se encuentra ausente.

Por ahora, parece que los problemas e insatisfacciones del cubano de a pie, sólo encuentran eco en los periodistas independientes y en los blogueros, los cuales, como es lógico, no son tenidos en cuenta durante esta celebración, así como en algunas publicaciones alternativas, lo cual resulta bastante discriminatorio.

Por ironía del destino, en este día aparecen loas a la prensa clandestina existente durante los años de la dictadura batistiana, la cual, como la de ahora, se oponía al régimen, desenmascaraba sus mentiras y ofrecía la verdad, no formando parte tampoco de la prensa reconocida. ¡Cosas de la vida!

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Los hoyos del cinturón

Foto Rebeca

En las últimas semanas han tenido lugar dos fenómenos preocupantes: algunos productos han desaparecido de los estantes de los establecimientos, tanto en moneda nacional como en divisas, y se ha producido un aumento generalizado de los precios. No existen o escasean los productos de limpieza en moneda nacional, ni los de higiene personal en divisas y, en los mercados agrícolas, una libra de cebolla, de limón o una col pequeña cuestan quince pesos y más.

Tal parece que el anuncio de la próxima unificación de la moneda y los nuevos mecanismos de comercialización establecidos, sumados a la baja producción, han sido sus principales detonantes.

En nuestro comercio, la oferta y la demanda son asignaturas pendientes: parecen estar trabadas, debido a sus muchos años de ausencia. Un producto mantiene el mismo precio desde que sale al mercado hasta que se echa a perder y las rebajas no existen, mientras el ciudadano de a pie comprueba que cada día su salario o jubilación se reduce, ya que le alcanza para menos, sin perspectivas reales de incremento. Se encuentra, como se dice popularmente, entre la espada y la pared, esperando que algún familiar del más allá lo ayude con el envío de alguna remesa o que ocurra un milagro, en una época en que los mismos se muestran bastante ariscos.

El malestar que esto genera se palpa en la calle, y son pocos los que no lo exteriorizan: sólo hay que escuchar lo que se habla en las paradas y en los ómnibus, en los comercios y en cualquier lugar donde se reúnan más de dos personas. En estas conversaciones las autoridades no salen muy bien paradas. Por ahora es sólo esto, pero nadie puede asegurar que siempre será así y que mañana, quienes ahora sólo hablan no comiencen a actuar. Todo es posible: sólo depende de los hoyos que aún le queden al cinturón para continuar apretándolo.

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Manchas en el Calixto

Hace unas semanas, conducido por un médico amigo que, como Elegguá, me abrió las diferentes puertas, tuve que asistir al Hospital Docente Clínico-Quirúrgico General Calixto García, con el fin de recibir tratamiento médico. De la atención profesional no puedo quejarme, pues los médicos, a pesar de las dificultades y carencias con las que deben trabajar, se esfuerzan por prestar un buen servicio, siendo amables y preocupados por sus pacientes. Esta coyuntura me permitió conocer, de primera mano, el estado real del referido centro hospitalario, sometido desde hace algunos años a una prolongada e interminable reparación, después de décadas de abandono. El reguero constructivo, tan común al medio, se observa por doquier: pabellones ruinosos, demoliciones a medias, materiales almacenados en las calles y espacios interiores, equipos mecánicos en movimiento, constructores desandando a todas horas de un lugar a otro sin hacer nada, gritería, etcétera. Los pocos objetos de obra dados por terminados, muestran en sus paredes mal repelladas y losas de pisos mal colocadas, así como en otros detalles, el chapucero trabajo realizado, garantía de un pronto deterioro.

Desconozco a quien se le ocurrió la genial idea, de ubicar los locales de consulta externa de las diferentes especialidades médicas en los sótanos de los correspondientes pabellones, tanto en ruinas como reparados, donde el acceso se realiza por aceras rotas, senderos y estrechas e inclinadas escaleras exteriores, sin rampas para su utilización por los limitados e impedidos físicos, lo que obliga a los familiares de éstos y a pacientes presentes, a tener que cargarlos para bajarlos o subirlos, en un espectáculo peligroso y bochornoso, ya que no pueden hacerlo en sus sillas de ruedas. Los locales nuevos, en el salón de espera, carecen de climatización y de buena ventilación, siendo verdaderas saunas, donde el calor resulta insoportable a los pacientes antes de ser atendidos. De los viejos es mejor no hablar, pues tienen filtraciones en los techos, los pisos están encharcados, las paredes descascaradas, las puertas rotas, la suciedad y el deterioro abundan y parecen todo, menos instalaciones de un servicio de salud. Es inconcebible cómo se continúan prestando servicios en estos pésimos y antihigiénicos locales. Además, los médicos carecen en sus consultas de los medios elementales para su trabajo: un panel de luz para observar las placas, una computadora para leer los resultados de las diferentes pruebas, etcétera. Todo se resume a una mesa, dos sillas y, cuando más, una camilla, todos en estado de deterioro.

En relación con la atención a los pacientes, se nota carencia de especialistas, lo cual provoca grandes aglomeraciones y pérdida de tiempo entre el personal médico y de enfermería en las consultas, quienes mantienen prolongadas conversaciones sobre sus problemas personales, muchas veces con el empleo de palabras inadecuadas, mientras los pacientes aguardan para ser atendidos: los que alcanzaron espacio dentro de los salones de espera, aburridos de leer en las paredes la profusa propaganda, recordándoles la falacia de que la atención a lasalud en Cuba es gratuita pero cuesta al Estado (en realidad a quien cuesta es a los ciudadanos), como conminándolos a que acepten todo con resignación, y los que quedaron fuera, sentados en las aceras de las calles aledañas, muros y hasta en el césped, aguardando sus turnos. Si hay alguna operación de por medio, entonces el proceso se alarga interminablemente, primero por las diferentes pruebas y análisis a realizar, la obtención de cuyos resultados se prolonga en el tiempo, y después por la espera de la cama para ingresar, que puede demorar hasta meses, con la amarga posibilidad de tener que repetir los exámenes y análisis, al perder éstos su vigencia. Los salones de operaciones muestran un elevado estado de deterioro y en los pabellones recién reparados, donde se ubican los recién operados, se nota la falta de una administración responsable, pues los servicios sanitarios carecen de herrajes, de tres lavamanos sólo funciona uno y a las duchas les faltan sus accesorios. Igual sucede con la limpieza, que se realiza por personas no calificadas, que lo que hacen es regar la suciedad, pues con un cubo de agua pretenden limpiar todo un pabellón, además de que todo lo realizan a regañadientes, bajo protestas constantes. A esto debe agregarse que, quienes reparten los alimentos, por lo regular bastante mal elaborados, lo hacen con su ropa de calle, sin utilizar batas, tapabocas, gorros ni guantes, y que durante el día proliferan dentro de los pabellones vendedores de emparedados, maní, café, chocolates, galletas, etcétera, lo cual contraviene las regulaciones que deben existir en una instalación de salud.

Parece que, además del lento ajetreo constructivo y de los recursos invertidos, algunas manchas persisten en el Calixto, pues al final, a pesar de la buena atención de los médicos, los servicios hospitalarios dejan un mal recuerdo en los pacientes, que se ven obligados a sufrirlos por no tener acceso a los centros para extranjeros y pacientes especiales, que son los que se muestran en los reportajes y a los visitantes, que aún se creen el cuento de la potencia médica cubana.

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Por derecho propio

Patio escolar

En la campaña gubernamental por el rescate de los valores éticos, cívicos y morales perdidos, se hace hincapié en el importante papel a jugar por los educadores y la familia. Es bueno que se le restituya a esta ultima la responsabilidad que nunca debió habérsele quitado, cuando el Estado quiso monopolizarlo todo, incluidas las conciencias, y se dio a la absurda tarea de crear un hombre nuevo, que respondiera a su ideología y política, tarea en la que, como en muchas otras, fracasó.

El tema de los educadores tiene mucha tela por donde cortar. En primer lugar ¿de qué educadores estamos hablando? La mayoría de nuestros educadores fueron formados en el mismo sistema educacional, que fue incapaz de preservar lo valores existentes, por lo tanto, salvo excepciones, ellos no los poseen. Practican la doble moral, han sido partícipes de las promociones forzadas, de la venta de exámenes y de notas y, además, en las aulas han aplicado el dogmatismo oficial, ayudando a la formación de seres humanos manipulables, sin criterios propios, obligados a pensar y actuar de acuerdo a la mayoría, para no buscarse problemas ni buscárselos a sus padres. A esto se agrega la politización de las clases y, en las escuelas, permitir inclusive que sus alumnos sean utilizados en actos deleznables contra ciudadanos que no comparten la política gubernamental, los vergonzosos mítines de repudio. Sobran las imágenes que lo demuestran.

El sector de la educación no se encuentra entre los materialmente privilegiados, lo que hace que muchos educadores deserten del mismo, en busca de mejores condiciones de trabajo y de vida en otros, como el turismo, las empresas mixtas o el trabajo por cuenta propia. Además, son pocos los estudiantes que optan por las carreras relacionadas con la pedagogía y, cuando lo hacen, es porque no han podido obtener otra. El que un policía reciba un salario mensual muy superior al de un educador, habla por sí solo de los absurdos existentes en nuestra sociedad.

Es verdad que es imprescindible restablecer los valores perdidos pero, en una situación de miseria y de dificultades generalizadas, sin la existencia de un camino claro a transitar, se vuelve una tarea muy difícil y de tiempo. La familia y la escuela deben ocupar el espacio que siempre les perteneció por derecho propio, pero para poder cumplir con sus responsabilidades, deben superar el calamitoso estado en que ahora se encuentran.

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Cinco menos tres es dos

Foto Peter Deel

El día 27, después de cumplir su condena, otro de los espías fue puesto en libertad y posteriormente deportado a Cuba. Ya la prensa oficial y las autoridades, desde hace días, montaron el circo informativo, el cual a partir de hoy se incrementará. Por lo tanto, sólo quedan tres cumpliendo sus condenas en cárceles norteamericanas. Sin embargo, estoy seguro, la campaña mediática manipuladora continuará hablando de cinco. Es mucho lo invertido, y sería como cambiarle el nombre a un producto ya conocido. Ésta, en definitiva, no es más que una campaña publicitaria como otra cualquiera. Además, a las autoridades cubanas siempre les ha costado tiempo y trabajo reaccionar ante la realidad. Si una vez, hace muchos años, se consideraban revolucionarias, desde hace décadas son profundamente reaccionarias. Parece que el tiempo no pasa en vano, y a los ancianos de hoy les cuesta mucho cambiar algo, temiendo perderlo todo. Es comprensible: ya la edad no les permite volver a comenzar.

Lo de los espías, más que un acto de humanismo, constituye una forma de mantener entretenida a una parte de la población, para que se olvide de sus problemas más cotidianos, y darle algún sentido a las absurdas protestas y exigencias de los amigos del gobierno en el exterior, lo que además les asegura turismo pagado por el pueblo cubano, y sentirse protagonistas de algo, cuanto más a la izquierda mejor, para ser diferentes a la mayoría.

Hay alguien más que, estoy seguro, en contradicción con sus sentimientos naturales, preferirían que se prolongase la situación, para no perder sus pedacitos de domingo, de los que llevan disfrutando desde hace años: sus familiares. De desconocidos ciudadanos de a pie, por obra y gracia de las autoridades, se han convertido en personajes públicos, que viajan, visten bien, dan conferencias, participan en eventos, reciben condecoraciones y tienen resueltos sus problemas de vivienda, transporte, comida y vestuario, todo a costa de nuestro bolsillo, pues los méritos brillan por su ausencia, a no ser que en la nueva escala de valores, se considere un mérito ser familiar de un espía confeso.

Estos son algunos de los absurdos que persisten en Cuba y han trastocado a nuestra sociedad, haciendo que los jóvenes y no tan jóvenes prefieran emigrar, y que los viejos, condenados a su desgracia, sueñen con días mejores en los años que les queden por vivir.

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¿Independencia económica?

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En la propaganda oficial, dirigida a validar las medidas de carácter económico aplicadas por el experimento en sus primeros años en el poder, se repite hasta el aburrimiento, que las nacionalizaciones e intervenciones se hicieron para devolver al pueblo las riquezas que, mayoritariamente, se encontraban en manos extranjeras, principalmente norteamericanas.

Sin embargo, los datos existentes demuestran que no era exactamente así, y que los más afectados fueron los cubanos, quienes eran los poseedores de entre el 82 y el 85 por ciento de la riqueza nacional, así como la emprendedora y exitosa clase media, generadora principal de riqueza y empleos, la cual fue liquidada en su mayor parte durante estos primeros años y, la poca que quedaba, durante la absurda ofensiva revolucionaria de finales de los años sesenta.

Según el libro Los propietarios de Cuba 1958, de Guillermo Jiménez, seleccionados los 551 más influyentes y poderosos, resulta que sólo 102 eran extranjeros y los 449 restantes cubanos. Es más, la mayoría de los extranjeros estaban radicados en Cuba y tenían familias cubanas, destacándose entre ellos los 65 españoles. Los norteamericanos eran 24, algunos también casados con cubanas y residentes en Cuba. En los años de las nacionalizaciones e intervenciones, la economía estaba mayoritariamente en manos cubanas, incluyendo el capital bancario (el 61,1% de los depósitos estaba en bancos cubanos) y la industria azucarera (los 121 centrales cubanos tenían el 62,6% de la capacidad diaria de molida y los 40 norteamericanos, el 38,4%).

Traigo esto a colación, porque ahora se habla y se escribe demasiado sobre la importancia de atraer inversionistas extranjeros, para sacar del coma la agonizante economía cubana. Después de expulsar a los inversionistas cubanos (la mayoría) y a los extranjeros (la minoría), el mismo gobierno responsable de ello, clama ahora por el regreso de estos últimos. ¿Y qué pasa con los cubanos? La inversión debería estar priorizada, en primer lugar, para los cubanos que residen en Cuba, en segundo, para los cubanos dispersos por el mundo, y sólo en tercer lugar, para los extranjeros. ¿O es qué a las autoridades ya no les interesa la tan cacareada independencia económica?

Es verdad que en el actual mundo globalizado nadie se puede desarrollar por si solo, y que es necesario el capital, venga de donde venga, pero debe existir un mínimo de respeto para con los nacionales. Al menos, eso es lo que se espera de los gobiernos inteligentes y que defienden, de verdad, los intereses de sus ciudadanos.

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