Fuera de toda duda

Que Cuba cada día se parece más a Macondo, el mítico pueblo de la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, no lo duda nadie. Tampoco que el periodismo oficial es fiel reflejo de ello.

Los dos principales diarios gubernamentales se hacen eco, el mismo día y dedicándole cada uno una página completa de las ocho con que cuentan, a la escasez de condones (preservativos) en las farmacias. Lo que no es noticia en ningún país, y aquí, donde el Estado lo controla todo, podría haberse resuelto con una simple nota informativa del Ministerio de Salud Pública, ocupa amplio espacio, con una detallada e innecesaria explicación sobre marcas, tallas, fabricantes, consumo, precios de compra y de venta, etcétera. Tal vez hubiera sido más conveniente, dedicar tanto espacio y explicaciones a cuestiones más importantes que afectan a los cubanos y que, sin embargo, se obvian o se tratan superficialmente.

Pero hay más: por el Día del Trabajador Forestal, Trabajadores, una publicación semanal, presenta un artículo bajo el título Mambisa del carbón, dedicado a una señora de 63 años de edad, que se dedica desde hace 25, hacha y machete en mano, a cortar leña, acarrearla en un vagón y construir hornos de carbón. Se muestra como un ejemplo de igualdad de género y como un logro en la emancipación social de las mujeres. Aunque todo tipo de trabajo merece respeto, no considero que éste sea una opción atractiva para los hombres, y menos aún para las mujeres. Independientemente del amor a la tierra y al monte que, según la periodista, les profesa esta señora, a su edad debería estar descansando o, al menos, realizando una labor menos dura, máxime cuando han transcurrido cincuenta y seis años de Revolución.

Esto me recuerda a Macondo, cuando los gitanos llegaron por primera vez con el hielo y los helados. ¡Señores, estamos en el Siglo XXI!

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¡Apaga y vámonos!

Archivo

En estos días, el tema económico ha sido resaltado en la prensa oficial, debido a declaraciones de algunos importantes funcionarios gubernamentales. Así nos enteramos que la producción de azúcar aumentó, pero se incumplió el plan. Buscando detalles, resulta que la zafra recientemente concluida experimentó un incremento del 4,2% en comparación con la anterior. No se dice cuánto se produjo en la anterior (problemas del secretismo), aunque por cálculos no oficiales se presupone que no superó 1 millón 400 mil toneladas (inferior a la del año 1907 del siglo pasado, que fue de 1 millón 430 mil 991 toneladas, con caña cortada y alzada a manos y transportada en carretas tiradas por bueyes). Si se agrega el referido 4,2%, el resultado sería de cerca de 1 millón 450 mil toneladas, inferior también a la del año 1910 y a todas las siguientes de los años de la República. Esto, sin contar que se extendió casi por siete meses. Tampoco sabemos de cuánto era el plan (continúa el secretismo), ya que sólo se dice que se cumplió al 88%. Las causas del fracaso, como en cada zafra, se repiten: disminución del rendimiento industrial por lluvias y altas temperaturas (parece que antes ni llovía ni habían altas temperaturas), bajo aprovechamiento de la capacidad potencial y dificultades en el corte y tiro. Resumiendo: AZCUBA, la gran empresa socialista perfeccionada que sustituyó al Ministerio del Azúcar, lleva cuatro zafras sin dar pie con bola.

A este panorama azucarero gris con pespuntes negros, se agregan las declaraciones del Jefe de la Comisión para la implantación de los lineamientos, señalando la necesidad de eliminar la dualidad monetaria y cambiaria -una originalidad del presidente anterior-, la matriz de generación eléctrica -basada en combustibles- y el Producto Interno Bruto (PIB) -que se haya por el piso-, lo cual no tiene carácter de corto plazo, sino que tiene carácter estratégico, agregando, para rematar: No nos imaginamos el país fuera del socialismo.

Después de tantos problemas, más esta declaración de carencia de imaginación, como diría mi vecino El Chaca: ¡Apaga y vámonos!

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Andar en trámites

Foto Rebeca

Si en Cuba, usted es de los que tiene la mala suerte de necesitar realizar algún trámite legal, por simple que se lo imagine, prepárese para navegar el Niágara en bicicleta. El funcionario en cuestión, si es un abogado o notario aún más, después de que usted comience a hablar, dándole a conocer el problema, tomará un trozo de papel y, sin mirarle a los ojos, comenzará a detallarle todos los documentos originales que deberá presentarle para poder iniciar el proceso, comenzando por la obligatoria certificación de nacimiento de reciente expedición, ya que si posee alguna de tiempo atrás, no le servirá. Aquí caben algunas preguntas: ¿No es el Carné de Identidad, donde se encuentran todos estos datos, el principal documento oficial de identificación de cada ciudadano? ¿Por qué no utilizarlo para ello? ¿Por qué una certificación expedida recientemente? ¿Es qué con el tiempo cambian los datos del nacimiento de una persona? Son absurdos burocráticos establecidos por nuestro sistema legal.

Sucede algo parecido cuando usted padece de un dolor y tiene que acudir al médico de la familia o del policlínico. Apenas lo plantea, sin auscultarlo siquiera, el doctor comienza a llenar controles, registros, órdenes para análisis y otras pruebas y, al final, si acaso alguna receta. Usted se queda con el dolor y decide localizar un médico amigo que lo atienda de verdad.

Son hechos simples tan repetidos que, a veces, hasta aparecen en las secciones de quejas de los ciudadanos de la prensa oficial, pero que no se resuelven y se dilatan en justificaciones para retrasados mentales.

La burocracia gubernamental socialista se ha enraizado tanto en estos cincuenta y seis años, que es más difícil de erradicar que el marabú. Este es el modo de ser y de hacer de los funcionarios de cualquier jerarquía: así crecieron, así se educaron y así actúan.

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Violación permitida

La Constitución de la República de Cuba establece en su Capítulo II, Artículo 32: Pierden la ciudadanía cubana: a) los que adquieren una ciudadanía extranjera.

Sin embargo, a los cientos de miles de cubanos que han emigrado y obtenido una nacionalidad extranjera, y a los miles que también la han obtenido residiendo en Cuba -principalmente la española-, este artículo no se les ha aplicado.

Pudiera pensarse que constituye un acto humanitario, aunque inconstitucional, de las autoridades para con los nacidos en la isla. La realidad, desgraciadamente, es otra. Al exigir a unos y otros la obligatoriedad del pasaporte cubano, independientemente de que posean otro, para entrar y salir del país, el gobierno cubano se embolsa una respetable suma de dinero, máxime cuando el pasaporte sólo tiene vigencia por seis años, debiendo renovarse cada dos, con la consecuente erogación monetaria. En Cuba, el pasaporte cuesta cien CUC y cada renovación veinte, pero en el extranjero los consulados cobran cifras muy superiores. Este es el aspecto económico, pero también existe uno jurídico. Al entrar al país con el pasaporte cubano, el emigrado está totalmente sometido a las leyes cubanas, y el gobierno del país del cual también es ciudadano no puede protegerlo, porque a Cuba no entró con el pasaporte de ese país sino con el cubano. Como es fácil de comprender, en esta violación constitucional que realiza el Estado cubano existe, en primer lugar, un interés puramente económico para obtener divisas fáciles y, en segundo, el mismo interés enfermizo de siempre por mantener a todos controlados.

En el mundo globalizado actual, pierden cada día más su importancia las fronteras geográficas y, en la mayoría de los países, existe la doble y hasta la múltiple nacionalidad. Para las autoridades cubanas, actualizar el contenido del artículo no representaría ninguna dificultad: ya una vez se eliminó de la Constitución la frase de guataquería a la Unión Soviética, cuando ésta desapareció, y más tarde se le incorporó el absurdo del socialismo irrevocable.

Cuba, como siempre, anclada en el pasado, se niega a renovarse y sumarse al presente, con la pretensión de continuar vendiendo la vieja imagen de isla asediada, la cual, durante más de 56 años le ha reportado buenos dividendos políticos, sin darse cuenta que cada día son más escasos los compradores.

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Nos UNE la “indisciplina”

La Unión Eléctrica (UNE), catalogada como una Gran Empresa Estatal Socialista, ofrece a los ciudadanos algunos servicios muy originales, independientemente de que sean o no solicitados. Entre ellos se encuentran:

Descongelación semanal programada de los equipos de refrigeración, mediante cortes de la energía eléctrica de ocho horas y más, para evitarle preocupaciones a sus clientes y que éstos tengan que perder su preciado tiempo en cuestión tan baladí.

Destrucción de árboles en calles y ciudades, mediante podas indiscriminadas y salvajes, en evitación de que las realicen personas inescrupulosas por cuenta propia.

Aseguramiento al Sistema Nacional de Salud, principalmente a sus servicios ortopédicos, con lesionados con fracturas por caídas en huecos de postes sin rellenar y tropezones con tocones de postes aserrados, sin ser extraídos.

Roturas sistemáticas de equipos eléctricos por sorpresivas subidas del voltaje.

No encendido de la iluminación de calles y avenidas en horario nocturno, propiciando la actuación de ladrones y asaltantes.

Desconozco si en su perfeccionamiento, en correspondencia con lo establecido en los lineamientos, la Unión Eléctrica (UNE) mantendrá estos servicios adicionales o los incrementará.

El título del post corresponde, debidamente corregido, a la frase que la empresa utiliza en su propaganda: Nos UNE la disciplina.

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El justo lugar

Foto Rebeca

La historia de Cuba está necesitada de un estudio objetivo, ajeno a los espurios intereses políticos e ideológicos que han primado hasta el momento, defendidos por un grupo de seudo historiadores, preocupados sólo por lograr protagonismo y que les publiquen sus libros.

Dentro de ella, uno de los períodos más manipulados ha sido el de la República, el cual se extendió desde 1902 hasta 1958, durante cincuenta y seis años. Totalmente descalificada y tratada despectivamente de seudo república, neo colonial o mediatizada, sobre ella, al menos por acá, sólo se han escrito y publicado barbaridades, sin tener en cuenta que hubo errores y aciertos y cosas malas y buenas, como en todo organismo social.

A diferencia de en los países cultos, donde las etapas republicanas se dividen por primera, segunda, tercera, cuarta.república, y se realiza el análisis y el estudio de lo acontecido en cada una, aquí se decidió repudiarla totalmente y borrarla, algo que además de absurdo y criminal resulta imposible.

Los cubanos actuales somos el resultado de todas las épocas que le ha tocado vivir a nuestra isla, unas mejores que otras, pero sin exclusiones de ningún tipo. Es más, el denominado proceso revolucionario se gestó durante la República, y sus protagonistas históricos y otros muchos nacieron, estudiaron, vivieron y se prepararon en ella. De no ser así, su existencia hubiera sido imposible. Durante la República también surgieron y se desarrollaron importantes escritores, arquitectos, ingenieros, médicos, pedagogos, investigadores, biólogos, botánicos, músicos, cantantes, bailarines, economistas, historiadores y otros, que enorgullecen y le han dado prestigio a la Nación.

Confío en que, con los años transcurridos, los muchos errores y fracasos y los golpes recibidos, las mentes de la mayoría hayan evolucionado, dejando atrás los prejuicios, tonterías y radicalismos estériles, comenzando a reaccionar razonada e inteligentemente. En este proceso, sin lugar a dudas, la República ocupará el justo lugar que le corresponde.

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Pérdida de valores

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Desde hace algún tiempo, las autoridades cubanas dedican atención a la construcción de valores para garantizar la continuidad de la Revolución. Al hablar de la importancia de la familia en la regeneración de valores tales como el patriotismo y la honestidad, de la necesidad de la disciplina social, del respeto mutuo, de la educación ciudadana y de las buenas costumbres, se señala que se hace con el objetivo de asegurar el éxito del proyecto político oficial, obviando el de la Nación como tal, mucho más importante y trascendental que el primero.

En definitiva, estos valores se fueron perdiendo ante el paso arrollador, sin miramientos, de la denominada Revolución, la cual dejó de tenerlos en cuenta y, en muchos casos, los discriminó hasta hacerlos desaparecer, sin ofrecer nada mejor para sustituirlos, dejando el vacío en el cual hoy nos encontramos.

Todos estamos de acuerdo en que hay que rescatarlos y reinstalarlos en los espacios que por derecho les pertenecen, pero no precisamente para salvar un proyecto político, económico y social fracasado, sino para salvar a Cuba.

Para lograrlo es necesario abandonar la politiquería barata, el patriotismo de barrio, la absurda manipulación política e ideológica y otros males, y dedicarse responsablemente a tan difícil y compleja tarea que, partiendo de la familia y de la escuela, debe recorrer todo el entramado social, respetando las individualidades y las diferencias de todo tipo entre quienes formamos el pueblo, que es un concepto que va mucho más allá de simples posicionamientos políticos o ideológicos coyunturales. El rescate de valores debe estar en función de los cubanos y de Cuba y no de ningún partido o gobierno.

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