¿Resucitará Galiano?

Foto Peter Deel

En Galiano, la otrora principal calle comercial de La Habana, se están instalando farolas de luces, que reproducen exactamente las originales, deterioradas o destruidas por el paso del tiempo y la desidia, así como pintando las fachadas de las edificaciones que aún subsisten, aunque con colores llamativos combinados con el blanco, bastante ajenos al entorno. De todas formas, algo es algo, siempre que no constituya una simple escenografía para fotos de turistas apresurados.

Si de verdad se pretende resucitar Galiano, además de lo que se hace actualmente, es necesario: desterrar las puertas metálicas deslizables que cubren las vidrieras y entradas de las tiendas en activo, convertidas en verdaderas cajas fuertes sin valores reales que proteger; recuperar los establecimientos y comercios clausurados o venidos a menos, con vidrieras, y llenarlos de artículos; eliminar los expendios de viandas y carnes sin refrigeración en locales antihigiénicos y portales; regular los timbiriches establecidos en puertas y ventanas de viviendas improvisadas, que antes fueron locales comerciales; prohibir los denominados colores corporativos, con que algunas empresas identifican sus locales, sin respetar los estilos arquitectónicos ni los materiales constructivos utilizados (el azul y blanco de ETECSA, el rojo y blanco de SYLVAIN, el ketchup y mostaza de los RAPIDITOS y otros); desaparecer el lúgubre mausoleo, verdadero monumento al mal gusto, de TRASVAL en lo que fuera el iluminado y agradable TEN CENT de Galiano y San Rafael; reparar la calle y las aceras y barrerlas y fregarlas diariamente, exigiendo lo mismo a comercios y establecimientos con sus portales y locales; situar los anuncios lumínicos identificadores, que dan vida a las calles comerciales, tanto de día como de noche.

Este cúmulo de tareas, como es de suponer, es imposible de cumplir por el Estado, máximo responsable de la desaparición y destrucción de la red comercial existente anteriormente y del deterioro acumulado durante años, al apropiarse absurdamente de todo en los años de la década de los sesenta para, a pesar de su Regla de Oro y sello MS (Mejor Servicio), dejarlo languidecer, y se hacen imprescindibles la iniciativa y la inversión privada, particular o cooperativa, única garantía de identidad, diversidad, eficiencia, calidad y rentabilidad, erradicando el término de usuario y restableciendo el de cliente. Para ello, claro está, es necesario eliminar las obsoletas y antinaturales restricciones aún vigentes, y permitir el trabajo y el comercio libres, sin límites de espacio ni de personal. Administrar comercios no es tarea del Estado, máxime cuando ha demostrado, fehacientemente, su incapacidad para hacerlo. Al gobierno de la ciudad correspondería entonces, lo cual si forma parte de sus deberes, asegurar la infraestructura necesaria (acueducto, alcantarillado, electricidad, gas, comunicaciones, etcétera).

De hacerse así, otras importantes calles comerciales en estado desastroso, como Neptuno, San Miguel, la misma San Rafael, Reina, Monte y Belascoaín, por citar solo algunas, también pudieran comenzar a resucitar. La Habana merece esto y mucho más, como tardío resarcimiento por el daño que se le ha infligido y que aún se le continúa infligiendo.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a ¿Resucitará Galiano?

  1. Muy de acuerdo con sus planteamientos y crear con los arquitectos -de talentos y vocación y no solamente por grado académico ni político- que establezcan unos requerimientos de diseños para que esas calles comerciales no se conviertan en un carnaval de colores como una calle habanera que vi en “Cuba Foto” recientemente donde utilizan el color azul tropical -de interiores- indiscriminadamente que ya con el color de nuestro cielo tropical es suficiente. No todo se puede estar pintando.

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