De nuevo algo del “salvaje oeste”

Foto Rebeca

Hace tres años asistí con Rebeca a esperar el Nuevo Año en la casa de unas amistades, ubicada en la calle Águila, en el Municipio de Centro Habana. Lo sucedido entonces fue motivo de un post en su blog, relacionando los hechos ocurridos, con lo que debió ser el salvaje oeste. Después de la amarga experiencia, decidimos no repetirla. Este fin de año, como ella está de viaje, y el hombre es el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra, acepté la invitación de nuestras amistades.

A las doce de la noche, al menos en la calle Águila, no se repitió el salvajismo de hace tres años: esta vez solo se lanzó agua. Sin embargo, cuando después de la una de la madrugada, decidí retirarme, encontré algunas calles aledañas -Neptuno, San Miguel, San Rafael y otras-, además de mojadas, con bolsas de desperdicios y otros objetos diseminados a lo largo de las mismas: la vieja y sana costumbre de lanzar agua a las calles para botar el año viejo, ha degenerado, en algunos, en esta barbaridad.

El reconocido escritor Leonardo Padura, no hace mucho tiempo escribió un serio artículo, llamando la atención sobre la ruralización de la ciudad de La Habana, que ha acelerado su deterioro y falta de higiene. Yo iría un poco más allá y hablaría de su marginalización. Abandonada por muchos de sus hijos -los nacidos en ella-, y ocupada progresivamente por emigrantes venidos de otras provincias -con las naturales excepciones, no precisamente en muchos casos sus mejores exponentes- ha sido sometida al saqueo y la destrucción, por quienes carecen tanto de vínculos afectivos como de identidad con la ciudad, habiendo prosperado la chabacanería, las indisciplinas sociales, el desorden, la violencia verbal y física, el maltrato, las faltas de respeto, las groserías y otros muchos fenómenos negativos, antes desconocidos. Lo terrible es que todo esto sucede ante la mirada complaciente de las autoridades a todos los niveles, quienes no hacen nada efectivo para erradicarlo, y también de muchos habaneros, participantes y cómplices en los hechos.

La Habana está dejando de ser la capital de todos los cubanos, como dice la propaganda de un conocido canal televisivo local, para convertirse en la capital de todos los marginales. ¿Lo dudan? Caminen cualquier día por Centro Habana, El Cerro, Diez de Octubre y otros municipios, y hasta por la Habana Vieja, por las calles no turísticas. Como aquí, oficialmente, no se despide el año viejo ni se recibe al nuevo, sino tan solo un nuevo año de revolución -con numerito y todo-, y ella en si misma constituye un fenómeno social vinculado con la violencia, ¿no será esta, para algunos, una forma popular y original de homenajearla?

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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4 respuestas a De nuevo algo del “salvaje oeste”

  1. Desde el mismo inicio de ese aberrante experimento mal llamado “revolucion”, mas bien debería llamarse el plan sádico de los Castros pichones de gallegos mal aspectados y orientales arrepentidos, sin nada de buen gusto, ni refinamiento para poder apreciar los valores de esa ciudad maravillosa que un dia fue y que aun en medio de su decadente ruina ,de alguna manera lo sigue siendo para todos los que amamos entrañablemente a nuestra mágica habana.

  2. Ramón Ojeda dijo:

    Señor Fernando.
    Reciba un respetuoso saludo y mis deseos de prosperidad y salud para los venideros 12 meses.

    Con cierta asiduidad me he acercado a su blog pues encuentro sus comentarios y artículos con suficiente sentido común a pesar del inevitable sesgo subjetivo que a pesar de toda voluntad de objetividad, siempre deja traslucir en alguna medida, lo que reconditamente pensamos en aquello que escribimos.

    Esta entrada con simil en el Salvaje oeste, sin embargo, me parece demasiado corta de miras. Me explico:
    Cuando hace más o menos 52 años -era entonces 1961 y yo un niño aún- llegué a La Habana desde un pequeño batey azucarero de la provincia de Oriente donde nací y crecí, constaté asombrado -no había visto aquello en mi pequeño pueblito- que en ciertos populosos barrios citadinos había hacinamiento, insalubridad, chusmería, promiscuidad y guapería barriotera entre otros vicios sociales chocantes.

    Por ejemplo, mientras en las casas de mi pueblito azucarero dotadas -entre otros servicios básicos- de instalaciones higiénicas y agua corriente no era necesario pelearse por el grifo del agua, el baño o el retrete, esa era la norma en cualquier solar centrohabanero de entonces, mientras además, los cartuchos con excrementos humanos podían verse en cualquiera de las esquinas de aquellos barrios capitalinos. Con esto le muestro que los malos habitos citadinos de hoy no son una importación hecha por la capital desde el este de la isla.

    No discrepo de que el elemento marginal de toda Cuba tiende a emigrar a la Capital, ni de que la mala educación y peores hábitos que lleva consigo debe haber empeorado tanto la sociedad como el entorno de la ciudad. Sume a eso cincuenta y tantos años de desidia oficial respecto a los servicios básicos y la erosión de los valores cívicos y de la urbanidad en el trato interpersonal y tendrá la resultante lógica en eso que usted y Padura han llamado, en mi opinión de modo inexacto, ruralización de la Capital cubana.

    Yo lamento la decadencia de la Capital tanto como el que más ya que siento por ella afinidad sentimental y tanta, que creo que un amigo mío tiene razón cuando dice que la verdadera Patria es el lugar donde hicimos el pre universitario, sin embargo, no puedo ver con satisfacción como una persona de sus años y capacidades cae en prejuicios respecto a los cubanos nacidos en el Oriente de la Patria. Ni en como su opinión encuentra eco en el comentarista que no sólo arremete contra los orientales, sino también contra los descendientes de los hijos de Galicia. Que lástima Fernando, de esa manera se llega a ser verdaderos siervos …de los prejuicios.

    Yo además de oriental desde lo más profundo de mi alma soy también descendiente de gallegos laboriosos, honestos y respetuosos, sin que por eso, ni por vivir hace años en el exilio reniegue de mi condición de cubano.

    Espero no haber sido excesivo. Medite Fernando, la reconstrucción de la Patria necesita de los cubanos de buena voluntad de todos rincones de la isla. Los prejuicios y los estereotipos, siempre usados sin discernimiento, pueden resultar en otra arma a favor del régimen de los Castro, lo que está a favor de los opresores de la Patria va en contra de esta.

    Hasta la próxima y mucha suerte.

    • juafrantines dijo:

      Señor Ojeda, a usted, al señor Damasco y a sus lectores les deseo el gozo de ver sus sueños realizados en este 2013.
      En Hago Valer mi Voto defendemos la liberación del patrocinio estatal, de la codependencia de la “política” profesional y de otros elementos manipuladores que moldean la conducta de las gentes como medio para sus fines.
      Las expresiones ofensivas o corta de miras -como el señor Ojeda las llama- son parte del mismo proceso. Los enfrentamiento que se derivan de esta problematica es caldo de cultivo para la manipulacion.
      Todo está friamente calculado para distraer la atencion evitando que ested y yo no pongamos deacuerdo para algo creativo fuera del alcance de los manipuladores.
      Dios bendiga a Cuba y a sus hijos de buena voluntad.

    • Excelente su respuesta señor Ramón Ojeda. Siempre ha existido una falsa supremacia del habanero versus los orientales y el resto de Cuba. No por esto dejo de reconocer el valor y cultura de este distinguido habanero Fernándo Dámaso Alonso, al igual que a Rebeca Monzo y Ana Luisa Rubio, los cuales soy asiduo a sus Blogs a través de WordPress. Soy de Santiago de Cuba y esta era una ciudad de cultura y progreso y hay que adentrarse en su historia para conocernos. De todas formas el señor Dámaso Alonso tiene sus razones para expresarse de lo que esta viviendo y viendo pero eso mas que producto de regionalismo es la falta de valores cívicos y morales, falta de principios y ética, de una sociedad apartada de DIOS y eso es lo que ha dejado la estela de ese régimen totalitario castro-comunista que ya se hace imposible enmendar.

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