Lamentos de un Festival

Foto Rebeca

Cada año, al leer las notas de los cronistas cinematográficos sobre los diferentes materiales, que se exhiben en el denominado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, salta a la vista el eterno lamento sobre la necesidad de conquistar a un público desgraciadamente (esta es la palabra utilizada) condicionado a la estética hollywoodense. Nunca se quejan de la estética francesa, italiana, inglesa, española, sueca, rusa, alemana, etcétera, las cuales existen, a pesar de Hollywood, y han sido capaces de conquistar sus mercados nacionales y el internacional. Parece que el problema no radica tanto en la estética, como en la calidad de lo que se ofrece a los espectadores.

Descalificar una cinematografía reconocida internacionalmente, por primitivos conceptos políticos o ideológicos, sin tener en cuenta que en la misma, como en todas, se producen filmes magníficos (verdaderas obras de arte), buenos, menos buenos, regulares y malos, es pretender tapar el sol con un dedo. Además, el surtido es tan variado que satisface todos los gustos, incluyendo: dramas de todo tipo, comedias, musicales, aventuras, acción, ciencia ficción, animados y otros.

Desgraciadamente (y aquí si viene al caso la palabrita), la mayoría del cine latinoamericano está plagado de buenas intenciones no logradas, abundando los bodrios cinematográficos, que obligan a los espectadores a abandonar masivamente las salas donde se exhiben. A veces los filmes son tan personales que sólo los entienden sus autores. Un buen ejemplo de ello, con algunas honrosas excepciones, es este 34 Festival. En realidad, la mayor parte de los espectadores no acude a ver los filmes latinoamericanos, sino las muestras colaterales de España, Alemania, Francia, Italia, Canadá y otros países. Hemos tenido y tenemos buenos directores (Glauber Rocha, Subiela, Ripstein, Gutiérrez Alea, Solás, Fernando Pérez y Pineda Barnet, por citar sólo algunos) que sintonizan con el público y logran llenar las salas, pero no son los que más abundan. Hasta que nuestros directores no hagan un cine atrayente (lo cual no quiere decir que no sea artístico), capaz de convocar a los espectadores y mantenerlos sentados en sus asientos hasta que aparezca la palabra fin, todas estas declaraciones seudo artísticas y lamentos, no resolverán el problema. La culpa, señores, no es de Hollywood ni de los espectadores, sino de los cineastas.

About these ads

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Lamentos de un Festival

  1. Fernando, en mi opinión allá ustedes no pierden en nada al no tener mucho acceso a películas norteamericanas pues en mi opinión son las más malas del mundo.El cine nortemaricano sigue un mito y ciertos clichés que se repiten una y otra vez. Es falso, da una visión muy tergiversada de la realidad.
    Para mi las mejores cinematografías son la europea que presenta en sus filmes a personajes y stuacioones reales y la latinoamericana. La cinematografía asiática, especialmente China, Japón y Corea produce exquisitas cintas de distintos géneros.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s