Falta de sintonía

Foto Peter Deel

Al menos una vez a la semana (los viernes) adquiero el diario Granma, para darle seguimiento a su sección Cartas a la Redacción, el único espacio donde se pueden plantear algunos problemas y dar algunas opiniones distintas a las oficiales, las cuales ocupan sus páginas diarias y también las restantes de este día, acumulando monotonía sobre monotonía. Lo que al principio de su aparición creó algunas expectativas, aunque mínimas por cierto, en una abertura en el impenetrable muro de la información y de la opinión controlada en Cuba, con el paso del tiempo se ha convertido en una rotunda decepción.

En ella, en lugar de un espacio para el encuentro civilizado de opiniones diferentes, en busca de las mejores soluciones para los problemas que nos agobian, han sentado plaza, habitualmente, las denuncias intrascendentes sobre nimiedades particulares de la vida ciudadana, y las respuestas, cada vez más justificativas y burocráticas, de los organismos e instituciones implicados. Además, abundan las extensas opiniones de algunos representantes del pensamiento más retrógrado y cavernícola, quienes, por principio, se oponen a cualquier cambio por mínimo que sea.

No estoy planteando que no se publiquen, sino que también aparezcan, en igualdad de condiciones y de espacio, las de quienes opinan diferente, para que los lectores, instruidos, capacitados y cultos, como dice la propaganda oficial, tengan la posibilidad de comparar y hacerse de un criterio propio, en un clima de tolerancia. Puede que alguien, defensor a ultranza del inmovilismo, plantee que este es el órgano del partido y por esto debe ser así. En definitiva, en Cuba, todos los diarios oficiales nacionales y provinciales son órganos del partido, porque existe un único partido que los controla a todos, y en ellos sólo se publica lo que éste decide o aprueba.

Sin embargo, está latente una contradicción. Cuando algunos dirigentes principales, en sus discursos y declaraciones, hablan de cambios necesarios, de cambio de mentalidad, de permitir las opiniones diferentes, etcétera, en la práctica periodística oficialista, sucede todo lo contrario: cada vez se aprieta más la camisa de fuerza. O sea: el discurso y la realidad no están en sintonía. Cartas a la Redacción es una magnífica muestra de ello.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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