Soñar despierto

Foto Rebeca

En Cuba, a diferencia de otros países, donde un ministro es capaz y está autorizado para exponer la política gubernamental, esto solo compete al presidente. Debido a ello, si se quiere conocer realmente su contenido y proyecciones, hay que acudir a él, a través de sus discursos e intervenciones públicas. Hace algún tiempo, en una entrevista con la prensa extranjera, el Ministro de Relaciones Exteriores planteó que para invertir en Cuba, había que venir con trescientos o quinientos mil millones de dólares y, como los cubanos del exilio no los poseían, quedaban descartados. Parece que el personaje no es muy ducho en economía y su declaración es bastante festinada. Si solamente trató de hacer un chiste, le salió un pujo (chiste pesado). El desacertado planteamiento, por absurdo, no merece ser analizado, pero puede servir de punto de partida para algunos razonamientos.

Actualmente Cuba, descapitalizada, para poder emprender el camino de la solución de sus problemas económicos, debería tratar de atraer capital del exterior entre los cubanos de dentro no existe-, tanto de cubanos como de ciudadanos de otras nacionalidades, priorizando a los primeros, por un sentido elemental de pertenencia. Estos capitales no tienen por que ser chinchaleros ni tan exagerados, como dijo el ministro. Invertir hoy en Cuba no es nada fácil y, además, constituye un riesgo para cualquiera, pues no existen leyes ni regulaciones transparentes, que aporten seguridades mínimas y confiables a los inversores. Debido a ello, hasta que éstas no se promulguen, las inversiones -si las hay-, serán de baja escala pero, ante no tener ningún tipo de inversión, aún éstas podrían representar una inyección de reanimación a una economía en prolongado estado de coma.

Tampoco es posible aspirar a la gran empresa -estatal o privada-, sino al desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, que han demostrado internacionalmente ser las principales generadoras de empleos y riquezas, y también las más preparadas para sortear exitosamente los tiempos de crisis pues, por su envergadura, son más adaptables a los cambios, reaccionan con mayor rapidez y son más eficientes en la introducción de los logros de la ciencia, en sus sistemas productivos y de servicios. No estamos descubriendo el agua tibia, sino planteando realidades fáciles de comprobar.

Si Cuba no quiere convertirse en un país rentista -dependiente de algún producto agrícola, del níquel o del hipotético petróleo-, debe transitar por este camino, el cual se aviene a sus posibilidades reales. Todo lo demás es seguir soñando con pompas de jabón, y pretender continuar viviendo de las subvenciones externas, más de cariz político que económico. Nuestro país posee tierras fértiles improductivas -la mayoría cubiertas de marabú- y otras riquezas naturales, así como fuerza de trabajo calificada -mal pagada- que, ante el incentivo de salarios justos y la posibilidad del desarrollo de su iniciativa creadora, sin regulaciones absurdas que potencien la pobreza, podrían producir el tan necesario despegue económico.

Combinar inteligentemente la propiedad estatal y la privada, en igualdad de condiciones competitivas, sin traspiés económicos por intereses políticos e ideológicos, haría avanzar a nuestro país. Para ello, el Estado debe acabar de despojarse de su falsa actitud paternalista, que solo trata de encubrir su carácter totalitario, y ejercer su papel de regulador de las fuerzas sociales y nada más, dejando de lado imposiciones y el ordeno y mando, que tanto daño han hecho. Solo una Cuba democrática será capaz de superar la actual crisis general e insertarse en la economía mundial, como en aquellos tiempos en que ocupaba el lugar veintinueve entre los países más desarrollados del mundo.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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