Crónica ficticia de un huracán mercenario

Foto Archivo

El huracán Sandy cruzó la región oriental de sur a norte, dejando una estela de destrucción y muerte, principalmente por la precariedad de las viviendas e instalaciones y su falta de mantenimiento y mejoramiento durante décadas. Han sido días tristes, pero por suerte nos hemos librado de los acostumbrados teques políticos, ideológicos y patrioteros alrededor de este tipo de fenómeno atmosférico, habituales en años anteriores. Como la alegría debe primar, aún en la desgracia, propongo para hoy domingo esta crónica ficticia, al estilo de las que aparecían anteriormente.

El enemigo, engendrado, entrenado, armado y dirigido por el imperio, categoría 2, con vientos de 150 kilómetros por hora, en el lluvioso octubre se movió sinuosamente hacia el empobrecido Haití y, enmascarado en las noches sin luna, y protegido por densas cortinas de lluvia, avanzó lentamente hacia las costas del sur de las provincias orientales cubanas, presumiéndolas desguarnecidas.

Nuestros patrióticos y sagaces observadores, previsoramente situados en las alturas de los Picos Cuba, Suecia y Turquino y en las hermosas y paradisíacas playas, sin descanso y sin dormir, firmes en el cumplimiento honroso de sus misiones, automático al hombro y binoculares a los ojos, trataban de detectarlo y frustrar sus oscuras intenciones contra nuestro indoblegable y noble pueblo trabajador, sus ancianos y ancianas, mujeres, niños y niñas. Pero él, monstruo traidor, cobarde, mezquino, antisocial, disidente y anexionista, oculto, como solo lo hacen los que carecen de honor, atacó sorpresivamente, lanzando ráfagas de viento y lluvia y, a pesar de la tenaz resistencia de milicianos y pobladores, apoyados por las invictas y gallardas unidades militares, destruyó casuchas y bohíos, las mal construidas carreteras y terraplenes y los mal atendidos sembradíos, que se habían logrado tras más de cincuenta años de ingentes sacrificios, dolor y lágrimas, en la titánica tarea de construir un país y un mundo mejor.

Después, en un movimiento inesperado, giró a la derecha su ideología era profundamente conservadora- y penetró sin autorización ni visa, de forma ilegal y prepotente en el territorio nacional, hollando con sus sucios vientos y pútridas aguas, el espacio sagrado de la Patria redimida. Avanzó, golpeando a diestra y siniestra, apoyado por la propaganda mentirosa y manipuladora del imperio y de sus secuaces nacionales y extranjeros, a pesar de las mesas redondas, de los editoriales del periódico y de la sabia y genial defensa, organizada por nuestras autoridades, quienes denodadamente trataron de frenar el paso del invasor y de destruirlo, en la más colosal batalla meteorológica que halla conocido la humanidad en toda su historia, pero todo resultó infructuoso.

El fascista engendro de la naturaleza, criminal y genocida, ajeno a los más elementales sentimientos humanos, continuó su depredador avance, tratando de pisotear el honor nacional y hacer trizas la soberanía y la independencia, así como aherrojar la gloriosa bandera nacional y quebrar la indestructible solidaridad latinoamericana. El asesino, sediento de sangre, como el imperio al cual sirve, siguió lacerando nuestras carnes, aunque a un alto costo, al extremo de que, acorralado entre Gibara y Holguín, golpeado por doquier, adolorido y suplicante, se vio forzado a abandonar el territorio nacional sin siquiera obtener medalla de bronce-, después de horas de duro batallar.

Como siempre en situaciones difíciles, nuestro pueblo invencible se creció y, en un solo haz, bajo una única voluntad, supo darle al taimado agresor una lección que seguro no olvidará jamás. Así se trata en esta tierra de libertad al enemigo, venga de donde venga y ármelo quien lo arme.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a Crónica ficticia de un huracán mercenario

  1. Su analogía, paradójica, no esta lejos de la verdad. Ese sería el discurso demágogíco si los Castros fueran los danmificados, pero como fue el pobre pueblo cubano de a pie, a ellos eso no les importa. Triste del que perdió lo poco, lo que no tuvo y lo que nunca tendrá.
    El 1ro de enero 2013 cumplirán 54 años de falsas promesas, mentiras y represiones, disfrazadas de supuesta “igualdad social” y aunque logré salvarme lo único que siento es que pagamos las culpas de otros cuando ridículamente ponían en sus puertas “Fidel esta es tu casa.”

  2. Has caracterizado muy bien ese carácter grandilocuente y triunfalista de la propaganda comunista.

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