La soledad de un cosmonauta

Foto Peter Deel

En estos días, en correspondencia con la nueva Ley Migratoria aprobada, se hace mucho hincapié en la protección del cerebro y talento nacionales, en aras del desarrollo del país. La historia que relato a continuación resulta interesante.

En los años de la guerra fría, la conquista del cosmos constituyó un importante escenario de enfrentamientos entre la unión Soviética y los Estados Unidos. Con objetivos más de propaganda política que verdaderamente científicos, la primera planificó viajes tripulados al espacio con un cosmonauta de cada país socialista o amigo, acompañado siempre de un soviético, quien comandaba la nave y era el principal. Para ello también se designaron dos cubanos: uno principal y el otro el doble o sustituto, cuyas identidades constituyeron secretos de Estado durante su preparación en la Ciudad de los Cosmonautas, en las cercanías de Moscú. Ambos, pilotos de la Fuerza Aérea, estudiaron, se prepararon y entrenaron durante más de tres años, hasta que les llegó el turno correspondiente. El principal, de origen humilde y negro, era el preferido oficial. El doble, más capacitado pero blanco, tenía las de perder, a no ser que ocurriera un contratiempo de última hora.

Para asegurar la propaganda al realizarse el vuelo, se prepararon afiches separados con la imagen de cada uno, por si acaso, y se distribuyeron en paquetes debidamente sellados a los órganos correspondientes, con la indicación de colocar los del que tripulara la nave, cuando se diera la noticia oficial. Los del otro debían ser destruidos. Para asegurar que el primer cosmonauta cubano y latinoamericano fuera además humilde y negro, viajó al cosmódromo de Baikanur, desde donde partiría la nave, una delegación gubernamental cubana de alto nivel: no se confiaba plenamente en que los soviéticos lo aseguraran, tal vez más preocupados por el éxito del viaje que por la simple propaganda política.

Cumplida la misión, en octubre de 1980, se desató una intensa campaña de propaganda, alabando al socialismo como el único sistema donde un humilde ciudadano latinoamericano negro podía volar al cosmos. Hubo abundantes recepciones, actos públicos y recorridos por pueblos y ciudades. Pasados unos meses de gloria, el cosmonauta que voló y el que no voló, en lugar de pasar a integrar el destacamento de cosmonautas, para lo cual se habían preparado y entrenado, además de gastarse valiosos recursos materiales y financieros, fueron designados para diferentes tareas: el primero, como presidente de la SEPMI (Sociedad de Educación Patriótico-Militar), creada para preparar y entrenar a los niños y adolescentes en deportes con perfiles de posible utilización militar (tiro, paracaidismo, etcétera). El segundo, pasó a trabajar en la Academia de Ciencias, en la esfera de los estudios del cosmos. Ambos, en realidad, habían perdido el tiempo y el esfuerzo que dedicaron a preparase como cosmonautas, pensando que ésta sería su profesión, ya que sus misiones eran simplemente de propaganda política por una sola vez.

Ni la Unión Soviética ni Cuba habían pensado seriamente en ellos como cosmonautas, como ha sucedido en otros países (y hasta en la misma Unión Soviética), donde se ha convertido en una profesión con múltiples viajes al espacio, teniendo en cuenta el alto costo humano y material de la preparación, además de la experiencia acumulada con cada viaje. No sé lo que pensará actualmente el cosmonauta que voló (el que no voló creo que falleció), pero supongo que en su yo interior debe sentirse frustrado y utilizado, recordando como desperdició su talento y tiempo. Fue un cosmonauta de un solo viaje, dedicado después a contar y recontar, en cada nuevo aniversario, lo que sucedió ese día. Hoy el viaje no interesa a nadie y, como hecho histórico, se ha disuelto en el tiempo, como sucedió con la misma Unión Soviética.

Ahora los viajes se realizan por tripulaciones de diferentes países, en naves de unos y de otros. En ellos no participa ningún cosmonauta cubano. Han dejado de ser tareas políticas para convertirse en tareas científicas. ¡Enhorabuena!

About these ads

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a La soledad de un cosmonauta

  1. Miguel Angel dijo:

    Interesante reflexión, parte de la vida misma y de la realidad cubana que aún pervive.
    Saludos de otro compatriota desde Madrid. Miguel Angel

  2. Excelente artículo en donde expones las bajas sutilezas de una mentira.

  3. Sin mordaza dijo:

    Un dato curioso para mi amigo Mermelada. En el museo de la revolución ya retiraron hace mucho tiempo el traje que llevó Tamayo al Cosmos. !Hasta ellos lo han olvidado!

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s