¿Actualización o cambio?

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El debate sobre las posibles vías a transitar por la economía cubana para salir de su prolongada crisis, atrae la atención de diferentes especialistas, tanto dentro como fuera del país. Esto es bueno, pues representa un cambio cualitativo, con relación a los tiempos en que prevalecía una sola opinión. El que existan diferentes puntos de vista y, al menos, en el plano informal y semi-formal, se debatan con argumentos serios, dejando de lado el maniqueísmo político e ideológico, permite tener algún grado de optimismo.

Hay quienes consideran posible actualizar el modelo, realizando algunos cambios más o menos profundos, pero sin alterar su esencia socialista, alegando sus logros en salud, educación, asistencia social, etcétera. Difieren únicamente en la velocidad mayor o menor a que deben ser ejecutados. Otros consideran que es imposible actualizar el modelo y que éste debe ser cambiado, alegando su rotundo fracaso económico y su incapacidad manifiesta para crear riquezas. Entre estas dos posiciones se debaten otras intermedias, tomando aspectos de unas y de otras, más algunos ajenos a ambas.

Encontrar las vías a transitar no es tarea nada fácil: hay de por medio más de cincuenta años de experimentos, incomprensiones, agresiones mutuas, descalificaciones, ofensas, extremismos, dogmatismos, imposiciones y falta de ejercicio del diálogo respetuoso entre las partes en conflicto, que pesan sobre los sujetos actuales. Despojarse de esta pesada carga negativa es fundamental, si queremos encontrar las mejores vías o, al menos, las más practicables en este momento histórico. Existe otra realidad que conspira contra ello, y es que el tema de los necesarios cambios políticos y sociales, que permitan, faciliten y consoliden los cambios económicos, parece ser un tema tabú para las autoridades establecidas. Sin ellos, todo lo que se haga carecerá de fijador, pues pueden dejarse sin efecto en cualquier momento ante una coyuntura política, algo que ya ha sucedido en otras ocasiones.

Para que los cambios concebidos dentro de la denominada actualización del modelo, tengan efectos duraderos y propicien la creación de riquezas única fuente de prosperidad ciudadana y de mantenimiento y perfeccionamiento de los programas de salud, educación, asistencia social y otros que se incorporen-, es imprescindible una estructura política y social diferente de la actual, capaz de consolidarlos y desarrollarlos. Para nadie es un secreto que la vigente, de carácter eminentemente totalitario, no es la mejor. Su incapacidad para mantener los logros alcanzados durante la República, y para crear otros nuevos, ha quedado demostrada durante más de cincuenta años de ineficiencia en el ejercicio del poder absoluto. Esto obliga a pensar en formas más democráticas, acordes con nuestras características nacionales, que aseguren la participación real de los ciudadanos en el gobierno de la Nación.

Aunque no rechazo de plano la actualización como una solución primaria, por lo que representa de alguna mejoría mínima para algunos sectores poblacionales, prefiero el cambio del modelo, pues no considero que sea posible actualizarlo: ha sido erróneamente construido desde sus cimientos y, al final, tendrá que ser demolido. Solo que, mientras más tiempo esto tarde en suceder, las privaciones y dificultades se prolongarán innecesariamente, para desgracia de nuestros ciudadanos y del país.

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El debate sobre las posibles vías a transitar por la economía cubana para salir de su prolongada crisis, atrae la atención de diferentes especialistas, tanto dentro como fuera del país. Esto es bueno, pues representa un cambio cualitativo, con relación a los tiempos en que prevalecía una sola opinión. El que existan diferentes puntos de vista y, al menos, en el plano informal y semi-formal, se debatan con argumentos serios, dejando de lado el maniqueísmo político e ideológico, permite tener algún grado de optimismo.

Hay quienes consideran posible actualizar el modelo, realizando algunos cambios más o menos profundos, pero sin alterar su esencia socialista, alegando sus logros en salud, educación, asistencia social, etcétera. Difieren únicamente en la velocidad mayor o menor a que deben ser ejecutados. Otros consideran que es imposible actualizar el modelo y que éste debe ser cambiado, alegando su rotundo fracaso económico y su incapacidad manifiesta para crear riquezas. Entre estas dos posiciones se debaten otras intermedias, tomando aspectos de unas y de otras, más algunos ajenos a ambas.

Encontrar las vías a transitar no es tarea nada fácil: hay de por medio más de cincuenta años de experimentos, incomprensiones, agresiones mutuas, descalificaciones, ofensas, extremismos, dogmatismos, imposiciones y falta de ejercicio del diálogo respetuoso entre las partes en conflicto, que pesan sobre los sujetos actuales. Despojarse de esta pesada carga negativa es fundamental, si queremos encontrar las mejores vías o, al menos, las más practicables en este momento histórico. Existe otra realidad que conspira contra ello, y es que el tema de los necesarios cambios políticos y sociales, que permitan, faciliten y consoliden los cambios económicos, parece ser un tema tabú para las autoridades establecidas. Sin ellos, todo lo que se haga carecerá de fijador, pues pueden dejarse sin efecto en cualquier momento ante una coyuntura política, algo que ya ha sucedido en otras ocasiones.

Para que los cambios concebidos dentro de la denominada actualización del modelo, tengan efectos duraderos y propicien la creación de riquezas única fuente de prosperidad ciudadana y de mantenimiento y perfeccionamiento de los programas de salud, educación, asistencia social y otros que se incorporen-, es imprescindible una estructura política y social diferente de la actual, capaz de consolidarlos y desarrollarlos. Para nadie es un secreto que la vigente, de carácter eminentemente totalitario, no es la mejor. Su incapacidad para mantener los logros alcanzados durante la República, y para crear otros nuevos, ha quedado demostrada durante más de cincuenta años de ineficiencia en el ejercicio del poder absoluto. Esto obliga a pensar en formas más democráticas, acordes con nuestras características nacionales, que aseguren la participación real de los ciudadanos en el gobierno de la Nación.

Aunque no rechazo de plano la actualización como una solución primaria, por lo que representa de alguna mejoría mínima para algunos sectores poblacionales, prefiero el cambio del modelo, pues no considero que sea posible actualizarlo: ha sido erróneamente construido desde sus cimientos y, al final, tendrá que ser demolido. Solo que, mientras más tiempo esto tarde en suceder, las privaciones y dificultades se prolongarán innecesariamente, para desgracia de nuestros ciudadanos y del país.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a ¿Actualización o cambio?

  1. 123guillermo dijo:

    Constitucion de 1940 ….. !!! pero eso seria inaceptable al Partido y el Poder absoluto ,,,, no hay remedio Fernando … !!!!

  2. Un cambio, el más mínimo, significaría a corto plazo el final del poder de los tiranos que no están dispuestos a ello y mucho menos a responder por sus crímenes ante la nación cubana.

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