Sentimientos en pugna

Disfrutando de los Juegos Olímpicos a través de la televisión, me está sucediendo algo muy raro: aunque en lo hondo deseo que los atletas cubanos ganen, me produce alegría cuando no clasifican ni ganan medallas. Reconozco que es un sentimiento difícil de comprender: lo normal es que los ciudadanos de un país se alegren de los éxitos de sus atletas. Este sentimiento, muy preocupante, me ha inducido a pensar en sus posibles causas.

Sucede que, durante más de cincuenta años, nuestros atletas han sido oficialmente identificados con el gobierno: son atletas porque él existe, compiten gracias a él y las medallas obtenidas se dedican a él y a sus principales dirigentes. En este gubernamentalismo y patriotismo barato oficialista, las autoridades deportivas, los entrenadores y preparadores y los narradores y cronistas han jugado y continúan jugando un papel importante: nuestros atletas son presentados como superhombres, capaces de todas las hazañas, valientes, de corazones que no les caben en el pecho, forjados en acero, nacidos para vencer y no para ser vencidos y otras tonterías similares, en detrimento de sus oponentes que, como es de esperar, no poseen ninguna de estas cualidades, que son sólo inherentes a los cubanos. Esta palabrería hueca produce un natural rechazo y hace que, como yo, otros ciudadanos sientan de forma similar, y no se sientan representados por sus atletas.

Entiendo que muchos atletas no son responsables de esta situación (aunque los hay que sí lo son), y se ven obligados a seguir el juego establecido, si desean prepararse y competir, tanto en el país como en el exterior. Algunos, asqueados, toman la decisión de buscar nuevos horizontes en otras tierras, y no regresan cuando se les presenta la oportunidad, siendo acusados de traidores y desertores, y hasta borrados del deporte, como si nunca hubieran existido. Ejemplos son los que sobran. Otros, continúan cargando sus cruces hasta que les llega la edad del retiro, pasando al limbo del olvido y de tener que resolver sus necesidades básicas por cuenta propia. Ejemplos también son los que sobran.

Esta politización del deporte, no es más que parte de la absurda politización de toda la sociedad, que pretende establecer, por decretos, un pensamiento y actitud únicos, obviando las naturales diferencias entre los seres humanos.

Tal vez en la próxima Olimpíada, si las cosas cambian como la mayoría esperamos, me alegren las clasificaciones y medallas de nuestros atletas, y desaparezcan estos sentimientos en pugna.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a Sentimientos en pugna

  1. jorge dijo:

    me gustaria que ganaran los atletas cubanos sino fuera por la politizacion del deporte en cuba,las medallas y triunfos dedicados a fidel y la revolucion siempre me provocaron nauseas y al final siempre preferi la derrota de cuba especialmente si era frente a usa, al menos sabia que esto provocaria disgusto al comandante y a sus cortesanos

  2. Alberto dijo:

    Nunca habia leido algo tan estupido, y sin escrupulos de un apatrida

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